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30 años de la caída del Muro de Berlín Aquella frontera, estos miedos: ¿Era el mundo más seguro con el Muro de Berlín?

Se cumplen treinta años de la caída del Muro de Berlín y la amenaza de guerra es constante. ¿Se duerme más tranquilo ahora o se echa de menos un país que contenga a Estados Unidos?

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Imagen del 9 de noviembre de 1989, cuando el Muro de Berlín levantó las fronteras, lo que supuso la caída de la RDA y el principio del final de la Guerra Fría.

El 9 de noviembre de 1989 el Muro de Berlín se derrumbó y los comunistas dejaron de ser los antagonistas de las películas de Hollywood. El final de la República Democrática Alemana (RDA) precipitó el remate de la Guerra Fría, nacida sobre las cenizas de la II Guerra Mundial. Un mundo de espías y energía nuclear, de arrozales vietnamitas y de pugna por la hegemonía pasó a la Historia. A treinta años vista, la gran pregunta es si el mundo es más seguro ahora, con EEUU como única superpotencia del planeta, o se podía dormir más tranquilo cuando la hoz y el martillo lideraban un sistema alternativo al capitalismo.

“El mundo no es más seguro ahora. La Guerra Fría establecía mecanismos de seguridad a partir de la destrucción mutua, lo que llevaba a la contención. Tras la caída de la URSS, el mundo solo puede ser destruido y controlado por un elemento: Estados Unidos. China, pese a su crecimiento, aún está lejos de poder rivalizar”, asegura Álvaro Soto Carmona, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Madrid.

Alvaro Soto: "La Guerra Fría establecía mecanismos de seguridad a partir de la destrucción mutua"

Al desenladrillarse el Muro de Berlín, la RDA se vio inmersa en un proceso similar al resto de Estados de la órbita soviética. Desde agosto de 1989 hasta final de año los sistemas socialistas fueron derrocados en Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumanía, Bulgaria y la Alemania Oriental. El comunismo perdió la legitimidad dentro de sus propias fronteras. En palabras de Eric Hobsbawm en Historia del siglo XX, “pocas personas de menos de sesenta años podían haber compartido la experiencia que había unido el comunismo y el patriotismo. Para la mayoría, era poco más que retórica oficial o anécdotas de ancianos”.

“En el 89, Erich Honecker –presidente de la RDA– pronunció un discurso en el que se preguntaba por qué la gente joven quería abandonar el país. Era un hombre honesto, pero ya mayor se le vinieron encima cambios que no supo procesar. Queremos viajar, decían los jóvenes, y él respondía, pero si tenéis universidad, libros, techo, trabajo... Las nuevas generaciones parten de los logros de la anterior y no se contentan con lo que tuvieron sus padres y abuelos”, asegura Juan Carlos Monedero, docente de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) que realizó su tesis doctoral sobre el colapso de la Alemania del Este. 

El Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI) tiene registradas actualmente más de 14.000 cabezas nucleares, de las cuales 13.000 están repartidas entre Rusia y Estados Unidos. “Han mejorado muchas cosas, salvo el deterioro medioambiental, pero actualmente la sensación de la gente es de miedo, porque se intuye que es muy fácil perder lo que se había ganado. Tras la II Guerra Mundial hay treinta años gloriosos de desarrollo del Estado social con un pequeño repunte de miedo con las cuestiones nucleares; ahora hay miedo generado por la incertidumbre”, arguye Monedero.

Monedero: "Ahora hay miedo generado por la incertidumbre"

Ángeles Diez, doctora en Ciencias Políticas y Sociología de la UCM, tampoco percibe un mundo más seguro que el que se quedó atrás: “Para las élites económicas no lo es, por eso aumentan las inversiones en armamento contra poblaciones, como equipos antidisturbios. Ya no fabrican armas para la confrontación contra otros Estados, sino contra el ciudadano. Si se sintieran seguras no harían leyes cada vez más represivas”, asegura la profesora. “En general, las clases populares han desarrollado algo que ya ha pasado en EEUU y que está imponiéndose en las sociedades europeas: el miedo al otro, a la invasión”, apuntala. 

Estados Unidos contra Venezuela. Estados Unidos contra el ISIS. Estados Unidos contra Corea del Norte. Estados Unidos contra la OTAN. El siglo XXI trajo la omnipresencia norteamericana en todas las regiones, algo que no genera confianza. Rosa María Artal, periodista zaragozana que se encontraba en Berlín la histórica noche del 9 de noviembre: "Tenían todas las necesidades básicas cubiertas, solo que de una manera austera. La explosión social era inaguantable", rememora. Sin embargo, encuentra fisuras a las actuales relaciones internacionales: "La seguridad absoluta no existe, aunque el hecho de que solamente quede una superpotencia no ofrece garantías. EEUU se vio autorizado para hacer lo que quiso, pero también hemos visto cómo los países árabes, con autocracias tremendas, han aplastado los movimientos sociales". Sobre el crecimiento de China, Artal sí muestra síntomas de inquietud: "Es una gravísima señal de alerta, porque conjugan el capitalismo de Milton Friedman con el autoritarismo dictatorial. Es un grave peligro", declara.

El final de la historia

Bajo los adoquines de la frontera berlinesa, Francis Fukuyama vaticinó, con el optimismo del que vence, el fin de la Historia. Según el pensador de Chicago, las democracias liberales se abrirían paso como el agua en días de lluvia. El desenlace del cuento traería garantías jurídicas y el fin de las guerras. El paso del tiempo no sólo no le ha dado la razón, sino que la constante amenaza de contiendas cuestiona de cabo a rabo su reflexión. “La teoría de Fukuyama no fue cierta en ningún momento. El capitalismo se quedó sin contrapeso y eso ha causado todo lo que ha venido después. Hubo una oportunidad cuando la socialdemocracia que ya existía en los países nórdicos pudo ser una alternativa. Era un ideal muy plausible, pero lejos de afianzar e incrementar el Estado de bienestar social, se plegó al capitalismo. La socialdemocracia como tal ya no existe”, refuta Rosa María Artal.

Rosa María Artal: "La socialdemocracia como tal ya no existe"

Ángeles Diez también se muestra contraria: “Esa lectura viene a sintetizar el liberalismo como ideología. A la vista está que el siglo XXI arranca con procesos de transformación social donde las clases populares rechazan el liberalismo y emprenden reformas constitucionales”, dice en relación a la izquierda latinoamericana. En 1994, el Ejército Zapatista surgió en Chiapas para luchar contra el poder en México y prendió una llama anticapitalista por todo el subcontinente. Desde aquellos pasamontañas hasta el reciente triunfo de Alberto Fernández en Argentina se han aupado gobiernos que escriben capítulos en la historia que Fukuyama dio por clausurada. 

“Siempre existen alternativas a las democracias electorales, aunque se produzcan por elementos autoritarios. Por ejemplo, en Irán existe una teocracia desde 1979 con la llegada de los ayatolás que se ha expandido por Oriente Medio. Ya no hay amenaza comunista, pero tras la crisis económica vivimos el auge de los autoritarismos. La tesis de que vamos hacia una mayor democratización es falsa. Estamos ante una creciente degradación", añade Soto Carmona.

La izquierda europea tardó en reubicarse tras la caída del Muro de Berlín. El comunismo pasó un proceso de defenestración que culminó el pasado septiembre con una resolución del Parlamento Europeo donde se le equiparaba al nazismo. “Fukuyama publicó su análisis cuando toda la izquierda estaba acomplejada por la caída del Muro. Su tesis era correcta e incorrecta al mismo tiempo, porque no era una tesis, era un producto ideológico. Colaboró a agotar el sueño utópico de la izquierda”, termina Monedero.

Fukuyama procuró que el 9 de noviembre fuera el día más importante de la historia contemporánea porque quiso organizar el entierro del comunismo. Ángeles Diez no da, ni mucho menos, la historia por finiquitada: "Si se derrotó al comunismo no se entiende por qué cada dos por tres lo tienen que volver a matar y enterrar. La caída del Muro se ha construido en el imaginario europeo de forma excesiva porque es la culminación de un proceso anterior. Antes de que acabara la Segunda Guerra Mundial ya había una orientación de Occidente contra el comunismo. Hay fechas más importantes que el 9 de noviembre de 1989, como cuando la OTAN bombardeó Yugoslavia, que significó la consolidación hegemónica de EEUU. Ese fue el inicio del siglo XXI". 

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