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Catalunya Estalla la tensión entre los bomberos y la Generalitat tras una década de precariedad y recortes

La Administración catalana ofrece la contratación de 1.000 nuevos bomberos en cuatro años, pero los sindicatos dicen que es "un brindis al sol» que no creen que se llegue a aplicar y interponen una denuncia contra el presidente Torra y el vicepresidente Aragonés. Además, retoman la huelga de horas extra.

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Un grupo de bomberos encienden bengalas en su protesta frente al Parlament, en Barcelona, a finales de noviembre. REUTERS/Albert Gea

Los bomberos catalanes han decidido intensificar sus movilizaciones laborales: este jueves se manifiestan por la mañana en Barcelona, al tiempo que retoman la huelga de horas extra que ya habían ensayado la semana pasada en algunos parques.

De hecho, los cerca de 2.500 bomberos profesionales de la Generalitat están llamados a no cumplir con las horas extra desde mañana hasta el próximo 10 de enero. También anuncian la interposición de una querella criminal contra el president Quim Torra y el vicepresident Pere Aragonés por un presunto delito "contra la seguridad de los trabajadores".

"Están poniendo en riesgo tanto a los bomberos como a la población, ya que hay una inmensa de parques cerrados todo el territorio y la dotación diaria de efectivos está bajo mínimos", explicaron representantes de los sindicatos UGT, CCOO, CATAF, CSIF y COS este miércoles. Con todo, CCOO se suma a las movilizaciones pero no a la querella.

La falta de personal es, de hecho, la principal denuncia. Así como las consiguientes horas extra que deben asumir. "Ya hacemos un mínimo 102 horas extra al año y es del todo excesivo", apunta Jaume Martí, bombero y sindicalista de CCOO. "Lo que queremos es que en vez de obligarnos a hacer horas extra y que nos las paguen contraten directamente a más plantilla", añade. Los bomberos profesionales hacen en conjunto unas 500.000 horas extra, según datos de los sindicatos, las cuales se podrían intercambiar con una contratación directa de más bomberos. Y es que según Martí, el leitmotiv de la huelga no es tanto el salario individual de los propios bomberos, sino las condiciones materiales en las que trabajan.

Sin embargo, la propia Generalitat reconoce las carencias de personal. El director general del cuerpo de Bombers, Manel Pardo, insiste en que "unas carencias de hace 10 años no son resolubles de la noche a la mañana", por lo que reclama a los sindicatos "un tiempo".

Unos y otros han mantenido reuniones negociadoras para firmar un nuevo acuerdo laboral (han hecho hasta siete encuentros, desde septiembre) pero los sindicatos han rechazado la oferta de la Administración.

¿Y en qué consiste? La propuesta es la contratación de 1.000 bomberos en cuatro años, lo que aliviaría el estrés actual de la plantilla y haría disminuir las horas extra. Según Pardo, con independencia del resultado de las negociaciones, ya están terminando el decreto de Oferta Pública por los 250 nuevos bomberos que corresponderían al 2019, que se presentará en enero. Lo cierto es que desde el 2009 que no se ha ampliado la plantilla. Pero no sólo no ha crecido, sino que ha disminuido debido a las bajas y jubilaciones producidas en estos nueve años.

"El camión más nuevo tiene 12 años de antigüedad"

Igualmente, la Administración autonómica también ofrece la compra de 92 nuevos camiones, a estrenar en dos años (un largo plazo que se debe, según la Consejería, al tiempo legal que necesita una licitación, así como a que algunos camiones no están en el mercado y se han de producir ad hoc). Finalmente, ofrecen licitar los contrato de nuevo material (desde vestuario a herramientas).

"Son un brindis al sol", contraataca Jaume Martí. "Hace un año ya nos ofrecieron algo similar y seguimos igual", añade. Según el sindicalista, los datos que ofrece la Conselleria no se ajustan a la realidad. En cuanto a los 250 nuevos bomberos para 2019, lo ven matemáticamente imposible: "La Escuela de Bomberos puede asumir 150 formaciones, o 200 como mucho". En cuanto a los camiones, Martí apunta que el vehículo más nuevo tiene una antigüedad de 12 años. Y que los más antiguos (a pesar de tener un uso diario) tienen entre 25 y 30 años. "O sea, es evidente que hace falta una renovación urgente".

El material también tiene la misma edad, ya que se compra en fases paralelas. "Por ejemplo, cuando acudimos a accidentes de tráfico, tenemos herramientas que no cortan, porque la hoja ya está oxidada, porque la chapa y los materiales de los coches cada vez son más buenos y duros ...", explica gráficamente Martí. Y se queja de que el próximo pedido de vestuario llegará ya caducado. "Claro, tienen la licitación preparada hace tiempo, pero no la sacan, así que la ropa consignada ya estará desfasada", concluye.

En este pulso entre la Administración catalana y sindicatos, el director general replica: «Es verdad que se han acumulado algunos problemas y errores, pero se debe tanto a la falta de dinero como a la propia gestión interna que hace la plantilla". Manel Pardo apunta que, en todo caso, él tiene las manos atadas: "La negociación no sólo es con la Conselleria de Interior, sino con la de Economía y Función Pública". Y la consigna por el 2019 es, precisamente, "contención en el presupuesto".

Elevado reconocimiento social del cuerpo

Una contención económica que contrasta con la valoración social de la que goza el cuerpo de Bomberos. No sólo por la tradicional consideración que tiene la sociedad como un oficio noble, sino especialmente por la simpatía despertada en el último año debido al proceso independentista.

Y es que los cordones de seguridad durante la jornada de votación del referéndum del 1 de octubre, defendiendo a los manifestantes de las cargas de la Policía Nacional en varios colegios de Barcelona, han quedado en la retina de una parte de la sociedad. Y no sólo el día 1: también los días previos se significaron favorablemente al referéndum (al menos aquellos agentes integrados en Bombers per la República), así como durante la huelga general (y "parada de país") del 3 de octubre. "Els bombers seran sempre nostres" (“los bomberos serán siempre nuestros"), se podía oír a las manifestaciones.

Enfrentamiento entre bomberos catalanes y agentes de los Mossos d'Esquadra a las puertas del Parlament, en las protestas de finales de noviembre. REUTERS/Albert Gea

Los bomberos también se han hecho visible en lo que fugazmente se llamó "otoño caliente": la última semana de noviembre en Catalunya, en la que se acumularon las huelgas sanitarias, de educación y de funcionariado administrativo.

La fotografía de los bomberos vestidos con cascos y ropa antifuego protestando a las mismas puertas del Parlament, enfrentándose a los Mossos (pertenecientes laboralmente a la misma Conselleria de Interior), con golpes de porra y un detenido... Sin duda les ha hecho aumentar la aureola de lucha. "Sí que es posible que los bomberos hayamos ganado un aprecio popular que no parece estar correspondida con las condiciones laborales y materiales", explica Marc Ferrer, miembro de Bombers per la república (una sectorial de la ANC).

Los bomberos voluntarios son casi el 50% en Catalunya

Los bomberos, de hecho, no se entienden sin mirar atrás. Nacidos hace unos 150 años, se mueven entre varios modelos de gestión. En Catalunya, por ejemplo, se dividen entre los profesionales y voluntarios prácticamente a partes iguales: 2.500 a 2.500. Además, están los 800 bomberos propios de la ciudad de Barcelona, así como unos pocos agentes específicamente dirigidos a los aeropuertos, así como los bomberos de empresa privada (especialmente en las industrias petroquímicas de Tarragona o grandes empresas como SEAT, donde precisamente los bomberos también han tenido recientes conflictos laborales).

En Francia, los voluntarios son aproximadamente un 70%, mientras que en Alemania llegan a un 90%. Otro tipo de gestión es la de la privatización encubierta del servicio, como en Galícia. El ejecutivo autonómico del PP subcontrata a una empresa el servicio de Bomberos, tal como otras CCAA hacen con el servicio de ambulancias. Un modelo que precariza las condiciones laborales de los trabajadores, ya que la Administración paga el mismo dinero, pero la subcontrata debe sacar su beneficio económico (el cual extrae de empeorar el convenio).

Las carencias de los bomberos voluntarios (que se distribuyen en unos parques propios) son prácticamente las mismas que la de los profesionales: "El material está viejo y caducado y los parques de bomberos caen a trozos", describe Marc Ferrer, quien añade: "En caso de accidente, tenemos un seguro precario que no nos cubre adecuadamente y que tampoco podemos reclamar a nuestros otras trabajos porque no era en horario laboral". Ferrer, voluntario en el parque de bomberos de Matadepera (Barcelona), cree que los bomberos "son el hermano pobre de Interior, en comparación con los Mossos".

El hermano pobre, sin embargo, ha dado un golpe en la mesa: quiere un papel más importante en la familia.

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