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Día Internacional del Migrante Nada que celebrar en el día del migrante: la vergüenza del mundo en otro año hostil para el que huye

La ONU calcula que hay 272 millones de personas migrantes en el mundo, un 80% más que hace 20 años, pero tan sólo representan el 3,5% de la población mundial. El derecho humano a migrar se choca de bruces con las políticas de control migratorio, que generan muerte y sufrimiento a millones de personas obligadas a huir de sus países.

Un refugiado recibe tratamiento después de inhalar gases lacrimógenos durante el ataque de grupos de ultraderecha contra una protesta de refugiados en Lesbos. REUTERS

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“Yo soy migrante, pero nadie espera que me juegue la vida en una barca agujereada o cruzando un desierto en un camión para encontrar trabajo fuera de mi país”. La frase la pronunció el secretario general de ONU, el portugués Antonio Guterres, en 2017. Lo hizo en Nueva York, en la sede de la Naciones Unidas, y añadió que “la migración segura no puede limitarse a la élite global” del mundo.

Este miércoles se celebra el Día Internacional del Migrante. Lo que significa que es a día de hoy hay 272 millones de personas que no residen en su país natal. Pueden parecer muchos, pero sólo son un 3,5% de la población mundial, según el Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2020 de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), agencia de las Naciones Unidas. La primera vez que la OIM realizó este informe, en el año 2000, se estimaba que había 150 millones de migrantes internacionales, un 2,8% de la gente que habita el mundo. El incremento es de más del 80%, pero sigue representando un porcentaje muy pequeño del conjunto de la población mundial.

Lo que ha aumentado drásticamente es el dinero que los migrantes envían a sus países, las conocidas como remesas internacionales, que en el 2000 ascendieron a 126.000 millones de dólares y, según el último informe de la OIM, en 2018 llegaron a los 689.000 millones. “Esto indica claramente la importancia de la migración internacional como motor del desarrollo”, señala el informe. Pero en la práctica, como denunciaba Guterres, el derecho humano a migrar de una forma segura y legal queda en entredicho ante unas políticas globales de control migratorio que generan enormes beneficios para unas pocas empresas y muerte y sufrimiento para miles de personas. No todas abandonan sus países para mejorar su economía. Millones de ellas simplemente huyen de conflictos, violencia o los efectos del cambio climático. Tampoco ellos lo tienen fácil, aunque no tengan más alternativa. Según la OIM, en 2019 han muerto o desaparecido 3.160 personas migrantes en todo el mundo.

Europa fortaleza y la fosa común del Mediterráneo

El Mediterráneo sigue siendo la ruta migratoria que más cadáveres se traga. 1.246 en lo que va de año, según el proyecto Missing Migrants de la OIM. Pese a todo, es la cifra más baja de los últimos seis años, en los que esta frontera natural entre Europa y África se ha cobrado las vidas de más de 18.700 personas.

La reacción europea al éxodo fue delegar en terceros países como Libia, Turquía, Marruecos o Níger para bloquear la salida de embarcaciones desde sus costas, a pesar de las conocidas vulneraciones de Derechos Humanos sufridas por los migrantes en estos territorios. Aunque el número de llegadas a las costas europeas ha descendido, la peligrosidad de nuevas rutas ha hecho que repunte la proporción de personas que mueren en cada intento, según han denunciado numerosas organizaciones.

Al mismo tiempo y en pleno auge de la ultraderecha y las políticas xenófobas en Europa, países como Italia decidieron cerrar sus puertos a los barcos de rescate de migrantes, provocando que centenares de recién rescatados de una muerte segura pasaran días encerrados en los buques humanitarios en alta mar. Algunos tardaron semanas en ser acogidos por otros países europeos, generando episodios de tensión como los del pasado verano a bordo del Open Arms.

España: menos llegadas, nuevas rutas

El 2018 batió sus récords de llegadas de migrantes en patera a las costas españolas y se convirtió en el primer puerto de entrada europeo. Más de 56.000 migrantes llegaron al país. Sin embargo, en 2019, las cifras se han reducido a la mitad, con menos de 25.000 llegadas por vía marítima, según el Ministerio del Interior.

El Gobierno de Pedro Sánchez presionó en Bruselas para que los fondos europeos destinados al control migratorio llegaran a Marruecos, que ha aumentado su presencia policial en su costa norte. Esto ha reducido las salidas, aunque ha desviado una parte hacia la peligrosa ruta canaria, que casi ha duplicado sus llegadas. Estos fondos también han servido para que el Gobierno pueda anunciar la retirada de las concertinas en las vallas de Ceuta y Melilla, aunque Marruecos ha colocado sus propias vallas con cuchillas en su territorio también pagadas con dinero de Europa.

La ONG Caminando Fronteras denunció recientemente que casi 700 personas han muerto o desaparecido intentando alcanzar las costas españolas en 2019, un significativo aumento de la mortalidad en la ruta si se tiene en cuenta el descenso de llegadas.

Imagen de interior del Open Arms. REUTERS/Juan Medina

Imagen de interior del Open Arms. REUTERS/Juan Medina

El muro de Trump contra la caravana

Estados Unidos es el primer país de destino de los “migrantes internacionales”, según el último informe de la OIM, con 50,7 millones. Son uno de los motores de su economía, pero no todos los ciudadanos del mundo tienen las mismas facilidades para trabajar o estudiar en EEUU. Las migraciones, sobre todo las del sur de América, se han convertido en uno de los principales caballos de batalla de Gobierno Trump, no sólo por su insistencia en la construcción de un muro en la frontera con México, también por el endurecimiento de sus leyes migratorias y las presiones económicas para que países como México hagan de tapón al éxodo centroamericano hacia el norte, que huye de la violencia y de la pobreza.

En 2019 han muerto o desaparecido más de 350 migrantes en la frontera de EEUU con México, según la OIM. Una peligrosa ruta que, en 2018, atravesó una mediática caravana de migrantes centroamericanos que partió de Honduras con rumbo norte hasta chocar con el muro mexicano. La separación de familias en la frontera, miles de deportaciones o la detención de menores migrantes en pésimas condiciones en centros que parecían jaulas levantaron duras críticas contra la administración Trump.

Más refugiados que nunca

Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para las los Refugiados (ACNUR), hay 70,8 millones de personas que se han visto obligadas a huir de sus hogares. La mayoría son desplazados en otras zonas de su país, pero 25,9 millones son refugiados fueras de sus fronteras. Hace 20 años eran 14 millones, y la ONU ya ha advertido de que “presenciamos los niveles de desplazamiento más altos jamás registrados”.

De países en conflicto como Siria, Afganistán o Sudán del Sur han huido más de 11 millones de personas, la mayoría a países cercanos, mientras la desarrollada Europa no ha sido capaz de cumplir sus propios compromisos de acogida ni sus autoridades han sabido o querido prever los nuevos desplazamientos.
Mientras en Grecia se preparan para internar en centros de detención a los refugiados que malviven en sus islas, en Madrid, los propios vecinos se organizan cada día para dar alojamiento a los solicitantes de asilo que no tienen ni un albergue en el que pasar la noche de invierno por la falta de respuesta gubernamental, entre otros duros ejemplos.

Menores migrantes

La OIM estima que hay alrededor de 31 millones de niños que migran en el mundo. La gran mayoría lo hacen “en el marco de procesos de migración seguros y como parte de una unidad familiar". Hay alrededor de 13 millones de menores de refugiados, 936.000 menores solicitantes de asilo y 17 millones de niños que han tenido que desplazarse dentro de sus países.

No obstante, son muchos los que emprenden solos su viaje, totalmente expuestos a violaciones de los derechos humanos en todas las etapas de su proyecto migratorio. Son los más vulnerables, y los que consiguen llegar no son siempre bienvenidos. En España, bajo el estigma del acrónico MENA (menor extranjero no acompañado), hay alrededor de 12.000 niños que han migrado solos, y el clima de criminalización y odio desatado contra ellos por la extrema derecha les ha puesto en una peligrosa diana de la que ya han alertado organizaciones y abogados.

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