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Emergencia climática El impacto de la aviación en la crisis climática es tres veces superior a lo que decían los datos oficiales de Europa

La Comisión Europea reconoce que solo se medía el impacto asociado al CO2, dejando de lado los impactos generados por otros gases como óxidos de nitrógeno (NOx), vapor de agua, hollín y carbono negro, también liberados por los aviones comerciales.

Un avión vuela debajo de la estela de vapor de otro avión sobre la ciudad italiana de Padua.
Un avión vuela debajo de la estela de vapor de otro avión sobre la ciudad italiana de Padua. David Gray / REUTERS

alejandro tena

La Comisión Europea lo ha reconocido: las emisiones de gases de efecto invernadero son hasta tres veces superiores a los valores que se les atribuye. Así lo evidencia un informe encargado por Bruselas a la Agencia de Seguridad de la Aviación de la Unión Europea (EASA por sus siglas en inglés) en el que se detalla cómo las políticas ambientales no han conseguido abordar los impactos que tienen otros gases distintos al CO2 en el sector aéreo.

De esta forma, las emisiones de carbono serían sólo la punta del iceberg a las que habría que sumar otros gases que aceleran el calentamiento del planeta como óxidos de nitrógeno (NOx), vapor de agua, hollín y carbono negro, entre otros. Tanto, que los datos publicados por la Comisión Europea demuestran que estos gases, que no se tenían en cuenta en la medición de la huella ecológica del sector, son responsables de dos tercios del impacto real que tiene la aviación en la crisis climática.

El informe de la EASA llega unos meses después de que una investigación científica publicada por la revista Science alcanzara unas conclusiones similares a las publicadas por Europa esta semana. Así, los expertos señalaban en el mes de septiembre que "la aviación está calentando actualmente el clima a aproximadamente tres veces la tasa asociada solamente con las emisiones de CO2 de la aviación". 

Según los datos oficiales de la Comisión Europea, previos al informe de la EASA, la aviación era responsable del 2% del total de las emisiones de CO2, lo que equivalía a que cada pasajero de un vuelo de Londres a Nueva York dejara la misma huella de carbono que un ciudadano medio para mantener su casa caliente durante un año. Si el dato era ya de por sí alarmante, con la reciente investigación ese porcentaje de impacto ambiental se elevaría y llegaría a alcanzar el 5,8%, una cifra que ya estimaban los colectivos ecologistas.

"Es algo que ya estaba científicamente demostrado y que ahora la Unión Europea termina por reconocer, poniendo negro sobre blanco. Se trata de un tema que se debería haber estudiado con rigor mucho antes", denuncia Pablo Muñoz Nieto, coordinador de la campaña de Aviación de Ecologistas en Acción, una de las más de cien organizaciones sociales que se cobijan bajo el paraguas de Stay Graunded.

Jo Dardenne, responsable de Aviación en la organización europea Transport&Environment (T&E), también se posicione en esa línea y reclama medidas inmediatas a Bruselas: "Es necesario abordar urgentemente las estelas de vapor y otros efectos de la aviación distintos del CO2 para evitar la crisis climática. La UE debería garantizar que el tráfico aéreo no se recupere a los niveles anteriores a la covid-19, al mismo tiempo que hace que los aviones vuelen rutas más inteligentes y utilicen combustibles de fuentes renovables".

Pese al reconocimiento de Europa, las medidas para atajar el problema no llegarán pronto. Tanto es así, que el comunicado difundido y el informe de la EASA hablan de un periodo de entre dos y ocho años para poder implementar medidas que frenen la escalada de emisiones que experimenta el sector, el cual ha incrementado su aporte de CO2 un 26% en los últimos cinco años, principalmente por la proliferación de vuelos low cost, según denunciaba un informe de T&E de 2019.  "Precisamente, lo que reclamamos ahora es que no tardemos otros cinco u ocho años en poner en macha medidas que, a nuestro entender, se pueden implementar mucho más rápido", advierte Muñoz Nieto.

Tampoco satisfacen a los colectivos ecologistas las medidas que propone la EASA en su publicación, ya que dejan de lado la idea de "reducir el número de vuelos", lo que consideran primordial para garantizar que la contribución del sector a la crisis climática disminuya. Desde Europa se habla de empezar a aplicar una fiscalidad al sector y a los billetes comerciales, algo que es bien recibido por los colectivos sociales, pero considerado insuficiente. Según un documento interno de la UE –adelantado por Público en 2019– la aplicación de un gravamen ambiental a los carburantes utilizados por el sector podría poner fin a los vuelos baratos y reducir la contaminación anual hasta un 11%. Esta medida equivaldría a suprimir de las carreteras a cerca de ocho millones de automóviles privados.

La otra de las propuestas que llegan desde la EASA es la actuación sobre los carburantes y la adopción del "uso obligatorio de combustibles de aviación sostenibles". Esta medida es vista con cierto escepticismo desde Europa ya podría dar pie al fomento de biocombustibles de palma y soja, algo que emite menos CO2 en su quema, pero requiere de deforestación de masas boscosas para conseguir estos recursos naturales, tal y como ya ha ocurrido con los biodiésel utilizados por los coches.

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