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Fiestas Cuando las fiestas están hechas a imagen y semejanza del patriarcado

Veto a la participación de las mujeres en la cultura festiva, infrarepresentación en los organismos de poder de la fiesta y machismo encubierto de tradición. Analizamos el tejido festivo valenciano, las resistencias al cambio y las luchas que reclaman la igualdad.

La internacionalmente conocida celebración de Moros i Cristians de Alcoi. Archivo

Hèctor Serra

La dimisión, hace unos días, del mestre de Els Tornejants, Juanfran Felici, vuelve a testimoniar las dificultades con que se encuentran los movimientos por la inclusión social y la igualdad de género en el marco de la cultura festiva valenciana. Felici deja el cargo tras alegar obstáculos por parte de algunos de los miembros de esta danza ancestral ante la posibilidad de involucrar por primera vez a mujeres en las procesiones de este próximo septiembre. Y, todo ello, a pesar de que el Patronat de las populares fiestas celebradas en Algemesí no se opone a la incorporación de las mujeres en todos los bailes de la Festa. Sin embargo, el orden de veteranía parece imponerse en el acceso al desfile, lo que desemboca en una falta de regeneración y en la imposibilidad de que las pocas mujeres que ensayan en este grupo puedan romper con su ausencia en las procesiones.

El debate en Algemesí hace meses que ha irrumpido pero, con la dimisión de Felici, algunos sectores esperan un punto de inflexión para revertir esta discriminación. La polémica suscitada en el seno de la danza guerrera, no obstante, no suena a nuevo en esta localidad de La Ribera Alta, que desde 2011 tiene sus fiestas declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial por la Unesco. Cabe recordar que las mujeres ya se incorporaron hace años, no sin un árduo encontronazo con los valores más patriarcales, a otras danzas tradicionales en las que los únicos participantes habían sido siempre hombres. Sin ir más lejos, La Nova Muixeranga nació en 1997 en forma de escisión de la Muixeranga d’Algemesí precisamente para superar el veto a la actuación de las mujeres en el levantamiento de estas torres humanas.

Un recorrido por el amplio tejido festivo en el País Valenciano rubrica la pugna entre la reproducción de las tradiciones y sus supuestas esencias

Un recorrido por el amplio tejido festivo en el País Valenciano rubrica la pugna entre la reproducción de las tradiciones y sus supuestas esencias, por una parte, y el impulso de cambios a favor de la modernización, por la otra. Verònica Gisbert, profesora del Departamento de Sociología y Antropología Social de la Universitat de València, es una de las investigadoras más activas en este campo. La cuestión, para Gisbert, va mucho más allá de una simple confrontación entre tradicionalistas y antitradicionalistas. La profesora pone el foco en la instrumentalización de la cultura festiva por parte de los sectores dominantes en pro de la conservación de la hegemonía social. El propósito: reproducir los patrones de sociabilidad tradicionales como la discriminación por razón de género o la baja inclusión de la diversidad. "Y, cuando cuestionas una fiesta por elitista o racista o sexista, al final lo que estás cuestionando es la identidad colectiva", expresa la profesora.

Espadas en alto: a la conquista de la igualdad

Uno de los ejemplos más ilustrativos del poder patriarcal en las fiestas subyace en la internacionalmente conocida celebración de Moros i Cristians de Alcoi en honor del patrón de la ciudad, Sant Jordi. Como alcoyana, Gisbert conoce bien el veto histórico a las mujeres, quienes durante muchos años fueron relegadas a un rol secundario y dependiente a los hombres de su familia, así como excluidas de toda toma de decisiones. Fue desde la base de la estructura festiva, en 1997, que se prendió la mecha para desafiar la codificación simbólica de la fiesta asumida por la sociedad alcoyana. Nuria Martínez pasó a la historia como la primera mujer que entraba en una filà, en un acto que comportó la polarización de posiciones en la capital de L’Alcoià, además de un cambio de estatutos reaccionario por parte de la Associació de Sant Jordi, que aún puso más cuesta arriba el derecho de las mujeres a participar. Sin embargo, los pasos de aquellas pioneras se revelaron cruciales en una lucha que tomó forma asociativa a partir de 2003 con la creación de Fonèvol, tras la privación de desfilar en escuadra que sufrió Hermínia Blanquer pocos días antes de las fiestas de 2002.

Nuria Martínez pasó a la historia como la primera mujer que entraba en una filà en un acto que comportó la polarización de posiciones

El incansable trabajo de esta asociación ha tenido mucho que ver en los tímidos avances conseguidos hasta la fecha. Ahora bien, la batalla por la conquista de la igualdad se ha saldado con una represión constante que desde Fonèvol siempre han denunciado. Obstáculos que van desde el impedimento a las mujeres de apuntarse a las filaes hasta la prohibición de las formaciones mixtas, pasando por la invención de vestidos diferentes a los tradicionales para restringir aún más económicamente, estéticamente y físicamente la integración, así como la escasa colaboración de los gobiernos municipales, el acoso dentro de las filaes y en la calle, las descalificaciones en los medios de comunicación y la diferencia de educación a hijos e hijas. "Ciertamente, las fiestas de Alcoi son todo un sistema asociativo, institucional y social montado para seguir funcionando como hasta ahora y abrir una grieta es una faena laboriosa", admiten desde Fonèvol para este artículo.

Con todo, Fonèvol reconoce un cambio de mentalidad percibido en los últimos años. De hecho, en algunas filaes ya se ha conseguido un número suficiente de mujeres para poder desfilar en formaciones femeninas de diana y escuadra. En la retina de muchas personas aún se mantiene el histórico episodio protagonizado por la filà Marrakesch en 2015. Era la primera vez que una escuadra femenina tomaba parte en uno de los principales desfiles de las fiestas y, desde ese momento, la cantidad de mujeres apuntadas a una filà ha aumentado exponencialmente. Además, por primera vez, ha habido mujeres en la junta directiva de la Associació de Sant Jordi aunque, por desgracia, no tienen derecho a voto.

Desde Fonèvol recuerdan que, a pesar de algunas transformaciones, el número de mujeres de pleno derecho que ha participado este año en la fiesta todavía se sitúa muy lejos de la paridad. De las 28 filaes que participan aún hay seis sin ninguna mujer y diez en las cuales las mujeres no pueden hacer escuadras o dianas porque no son suficientes para completar una formación femenina. Desde la asociación lamentan que Nuria Martínez, la primera mujer que salió en fiestas, aún no ha podido llevar a cabo ningún acto destacado en su filà.

Androcentrismo en cartón piedra

La presencia mayoritaria de los hombres en los cargos de poder de los órganos de decisión se repite en la fiesta grande de la ciudad de València, las Fallas. Precisamente, Gisbert es coautora de la primera auditoría de género de estas fiestas, trabajo encargado por el Ayuntamiento de la capital del Turia y dado a conocer este mismo año. Los datos son reveladores: el 88% de las casi 400 comisiones falleras censadas están presididas por hombres frente a un 12% que son mujeres. Una masculinización organizativa que también se reproduce en estructuras reguladoras de la fiesta (Junta Central Fallera e Interagrupació) y que se revela como el primer impedimento para fomentar avances.

"Para presidir una falla necesitas un desembolso vital de tiempo enorme que las mujeres no tienen, puesto que los problemas de conciliación de la vida laboral y familiar (crianzas, dependencias ascendentes y descendentes…) no lo permite", razona la profesora. A pesar de ello, Gisbert recuerda que, aunque la normativa obliga a inscribir como representante de las comisiones a una sola persona (que mayoritariamente acaba siendo hombre), muchas fallas están gestionándose de manera colectiva y cooperativa, con una presencia de mujeres muy mayoritaria en muchas parcelas. Por eso, aboga por una modificación del reglamento fallero que permita visibilizar la realidad actual de las comisiones, donde existe una lucha diaria desde las bases para transformar el statu quo.

Un desfile de Els Tornejants. HÈCTOR SERRA

A la infrarepresentación de las mujeres en las posiciones de poder, en las Fallas se debe sumar el rol simbólico que desde 1930 se ha otorgado a la figura de la Fallera Mayor y su Corte de Honor. Protagonista indiscutible del espacio público fallero, su relevancia en la toma de decisiones, sin embargo, ha sido muy limitada históricamente. Hay una percepción ritual más o menos sedimentada de unas falleras mayores florero, visibles pero pasivas, que reinan pero no gobiernan. Durante la legislatura pasada, no en vano, se alzó una nueva polémica en torno al reglamento de vestimenta fallera, una vez desclasificadas las normas de protocolo que la Junta Central Fallera impone y obliga a firmar a las representantes de la fiesta. Unas consignas cuando menos chocantes que tutorizaban sobre cómo vestir de valenciana pero también de particular y que obtuvieron críticas por parte de diversos sectores, de dentro y de fuera de las Fallas. "No llevar prendas excesivamente cortas o llamativas", "evitar transparencias y escotes excesivos", "si la indumentaria se considera indecorosa, el acompañante tendrá la facultad de obligarla a cambiarse" son algunos de los mandamientos que rezaba el manual que salió a la luz.

"Son las propias falleras las que están levantando la voz desde dentro para enterrar definitivamente el papel ornamental y erigirse en parte activa", destaca Gisbert

Ahora bien, tal y como relata Gisbert, son las propias falleras las que están levantando la voz desde dentro para enterrar definitivamente el papel ornamental y erigirse en parte activa como representantes de la ciudad. Más aún teniendo en cuenta que aproximadamente el 60% del censo fallero lo constituyen mujeres. En este sentido, Gisbert sitúa el reinado de Rocío Gil, en 2018, como el inicio del cambio. De hecho, los discursos contra el machismo y por la igualdad en la fiesta han protagonizado algunas intervenciones de las últimas falleras mayores y, con ello, se ha conseguido una incipiente concienciación entre el colectivo fallero. Unas bases falleras que nada tienen que ver con las elites inmovilistas que funcionan como lobby y que están alineadas a los círculos más poderosos de la economía y el empresariado de la ciudad.

Consideración aparte merecen los otros protagonistas de la fiesta, los ninots. Gisbert también estudió esta esfera y descubrió, en relación a los monumentos plantados en 2018, que en el 71% de los cadafales prevalecían ninots protagonizados por figuras masculinas frente a un 9% de figuras femeninas, un 14% de figuras paritarias y un 6% en que no aparecía ninguna representación femenina. El dato aún se agrava más cuando se pone el foco en cómo se representa a las mujeres. El análisis detallaba que el 63% de las figuras femeninas aparecían hipersexualizadas y en un 87% de cadafales no se utilizaba el lenguaje inclusivo. Algo que no se hace extraño, teniendo en cuenta que las mujeres solo representan el 1% del censo total del gremio de artistas falleros.

La polémica saltaba cuando se estableció, desde la Federación de Fallas de Especial, un jurado formado solamente por hombres

Para acabar de cerrar el círculo vicioso, están los jurados. Justo en la edición de este año, la polémica saltaba cuando se estableció, desde la Federación de Fallas de Especial, un jurado formado solamente por hombres. La asamblea de presidentes decidió descartar la paridad en los jurados. Gisbert resume así la situación: "Nos encontramos, primero, con una representación de las mujeres por parte de una mayoría de hombres artistas en base a sus ideales o sus fantasías. Y, seguidamente, nos encontramos con otros hombres calificando cuál de esas fallas es mejor".

Como rechazo a aquel jurado exclusivamente masculino, Les Beatrius, la red de mujeres feministas periodistas y fotoperiodistas valencianas, impulsó un jurado alternativo formado por mujeres y, a través de las gafas violeta, se puso manos a la obra reivindicando el derecho de participar en igualdad en todos los espacios de decisión de la fiesta. El jurado feminista reconoció con el primer premio el monumento de la Falla Almirant Cadarso-Comte d’Altea, una obra artística dedicada al sufragismo que destacaba por ser la más igualitaria, la única que respetaba el lenguaje inclusivo en la máxima categoría, además de no utilizar imágenes estereotipadas ni roles sexistas. Adivinad en qué posición quedó esta misma falla en la deliberación del jurado oficial masculino. Eso es: la última.