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Fuera velos que someten

Ebaba Hameida (periodista), Násara Sahara (estudiante de Derecho) y Farah Zidán (licenciada en Sociología) hablan del significado de una prenda que esclaviza a la mujer y que está siendo puesto en tela de juicio gracias al feminismo

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Mujer con el velo islámico. Reuters

Ir libremente por la calle sin hijab es una quimera para las musulmanas. La abogada feminista iraní Nasrin Sotoudeh lo sabe bien. Su lucha para que, en su país, las mujeres y niñas salgan de casa sin tener que cubrirse el cabello con un pañuelo y los brazos y las piernas con ropa suelta, la ha pagado con 38 años de cárcel y 148 latigazos. Una condena brutal que el estado iraní pretende sea ejemplarizante por atentar contra la seguridad nacional y por ser un insulto al "Líder Supremo".

Pero su ejemplo no es el único. Otras compatriotas (Mojgan Keshavarz, Monireh Arabshahi y Yasaman Aryani) han sido condenadas a un total de 55 años de cárcel por grabarse sin velo un vídeo el pasado 8 de marzo en el metro mientras regalaban flores e invitaban a otras mujeres a dejar de cubrirse. Además, el movimiento de los miércoles blancos o #whitewednesdays anima a colocarse pañuelos claros, en lugar de oscuros, para mostrar desacuerdo con la ley de 1979 que obliga al uso de esta prenda a partir de los 9 años.

En Público hemos querido contar con tres voces feministas que saben muy bien lo que significa vivir no solo bajo un régimen en el que la mujer es un cero a la izquierda sino también cubiertas con un velo que cada día se lo recuerda físicamente. Son la periodista Ebaba Hameida, la licenciada en Sociología Farah Zidán. (nombre ficticio por amenazas a su familia), ambas viven en Madrid y la estudiante de Derecho Násara Sahara que reside en Cádiz.

"Nadie elige la sumisión. Estoy convencida de que ninguna mujer elige ser sumisa, pero en los países de mayoría musulmana ellos han elegido por ellas. Han interpretado la religión, han establecido las normas y han creado un tribunal social y moral. Todas las normas se han constituido para controlar a las mujeres y parten de una base religiosa que contempla una clara desigualdad, la superioridad del hombre con respecto a la mujer. Es una forma para que más de la mitad de la población no haga ruido ni reivindique sus derechos. La mayoría de mujeres en las sociedades musulmanas se cubren porque no han tenido la opción de elegir, cómo niñas llegan al mundo con unos roles predeterminados. Taparse también viene establecido", cuenta Hameida.

Por su parte Farah Zidán, la feminista criada en el seno de una familia musulmana conservadora cree que "la mujer musulmana lleva el hijab por obligación sea cual sea el caso, por lo tanto, estamos hablando de una prenda impuesta que no deja ni un resquicio de libertad ni de libre elección. Toda mujer musulmana velada se ve en la obligación de tener que cubrirse y es, como bien nos explica la activista argelina Wassila Tamzaly, el consentimiento a estar sometida".

Ebbaba Hameida

En resumen: cubrirse es un acto denigrante. "Yo no suelo cubrirme en mi día a día excepto cuando viajo a mi lugar de origen. Es algo que yo no he elegido. Cada vez detesto más llevar el velo, lo único que siento es cobardía, siento que me convierto en nada y no hay argumento que me convenza. Cuando viajo a casa quiero estar con mi familia, todas se tapan, por lo tanto, yo también. Es realmente denigrante ver que no tienes otra opción, que lo haces por los tuyos, por el qué dirán. La sociedad así te lo exige. Luego cuando estoy en España donde no lo llevo, me siento una auténtica privilegiada de vestir como quiero", comenta la periodista Ebbaba Hameida.

En el caso de Zidán la situación es diferente ya que nunca he llevado hiyab. "Siempre me opuse en casa a esa obligación y aun así han recaído sobre mí, ciertas normas religiosas y de la comunidad musulmana a lo que llamo velo mental del que cuesta también deshacerse a nivel psicológico. Sin portar un velo, un elemento representativo de la religión, recaen muchas normas patriarcales… pues imaginaos el ir con la bandera religiosa", agrega.

Por su parte Násara Sahara, la activista saharaui y estudiante de Derecho explica que son muchos los factores que impiden que las mujeres puedan luchar de manera tajante "contra el patriarcado de coacción". Según esta joven "cuando eres culpabilizada, desde el momento en el que naces, se hace muy difícil recuperar la autoestima y si encima, terminas normalizando y aceptando tus cadenas, pues surge lo que estamos viendo, un fenómeno determinante y liberador como el del feminismo islámico".

Un fenómeno que parte de saber que las mujeres llevan velo por educación y que cada caso es distinto. "Están las que viven una vida infeliz bajo esa tela de cárcel y, sumergidas en la desgracia del patriarcado de coacción, pero no se manifiestan por miedo. En cambio, hay otras que están en esa misma situación, pero no son capaces de sentir sus cadenas, normalizan y justifican los preceptos misóginos que se les impone de manera explícita o implícita cubrirse. También están las que caen en la manipulación y el chantaje del Tribunal Social Islámico, que es: "Las mujeres con velos, tienen un aura que las hace maravillosas", "te ves más bella con el velo", crecemos escuchado esas frases, nos intentan hacer sentir especiales si decidimos taparnos. Nos hacen sentir culpables si decidimos no taparnos. Y por último están las que se resignan y terminan amando esa cadena, hasta tal punto, de hacerse a ella", comenta Sahara.

Siempre propiedad del hombre

Así las cosas, en lo que estas tres feministas coinciden es en que los conceptos pañuelo y libertad son oxímoron. "Cubrirse ataca gravemente los derechos y libertades de las mujeres musulmanas. Además de denigrar, el llevar un hiyab determina la vida de muchas niñas y mujeres en su día a día. Hay que saber todo lo que conlleva el cubrirse, ir más allá de solo ver mujeres con una prenda como el hijab. hay que conocer todas las normas a cumplir una vez que te cubres. El hiyab es un símbolo que lanza el mensaje al resto de la sociedad de que sobre tus hombros cae todo el peso de salvaguardar el honor de la familia estés donde estés, solo por haber nacido mujer. El hijab te marca como mujer pura, virgen, válida para el matrimonio y en caso de estar casada propiedad del marido, una mujer obligatoriamente heterosexual porque ni hablar de la homosexualidad en la comunidad musulmana. Mi pregunta es… ¿Cuántas lesbianas habrá atrapadas bajo un hiyab que las obliga a casarse con hombres? ¿por qué no preguntar por ellas? ¿qué opinan las hiyabis al respecto?", diferencia socióloga.

Nasara Sahara

Sahara suma a estas afirmaciones algo tan trascendente como el significado de lo que es algo más que un trozo de tela. El símbolo con el que no pervertir al hombre y de anular el deseo sexual femenino. "Nos convierte en propiedad de un solo hombre y en objeto de deseo. Un deseo que nosotras se supone no tenemos. Nos coarta nuestros instintos y deseos. El velo, es el que disimula nuestra vergüenza, porque nos convierte en objeto potencial del delito, y por ello, debemos escondernos detrás de esa tela. El velo, anula nuestra capacidad de relacionarnos en el espacio y tiempo con el sexo masculino. Nos aísla y limita nuestro espacio".

Juzgar desde fuera

De ahí que quitarse el velo sea el primer paso para liberarse de la opresión. Mientras que para la reconocida periodista en muchas ocasiones se dice que el velo es lo de menos a ella le resulta llamativo "cuando lo dicen mujeres que nunca lo han llevado. El velo marca, define, se impone y por supuesto que conseguir no llevarlo es un gran paso. Detrás del velo hay personas ¿Por qué querer ocultarlas? Todos los fundamentos y argumentos son patriarcales y machistas". Por su parte la socióloga cree que el primer paso es rechazar "mediante argumentos sólidos, coherentes y razonados que un símbolo religioso, misógino y patriarcal se considere y se venda a miles de niñas y mujeres como símbolo identitario, liberador y empoderante cuando realmente está causando la persecución, encarcelamiento y muerte de muchas mujeres iraníes y del resto de países musulmanes. Habrá costumbres culturales que afecten a la mujer, pero partiendo de una base cultural, la evolución es posible. Pero cuando tenemos a una religión de base, de raíz del problema, nos encontramos ante un gran muro de hormigón porque parte de un libro sagrado inamovible con contenidos drásticamente machistas y misóginos y ya conocemos el peso que tienen esos escritos sobre la vida de las mujeres".

Así las cosas, estas feministas reclaman mucha precaución a la hora de hablar desde fuera de prendas como el pañuelo o el burkini, que oprimen siempre a la mujer, ya que además se hace un flaco favor a las miles de mujeres que están luchando y arriesgando su vida por no llevarlo. "Se hace mucho daño a la lucha contra la opresión cuando desde un sillón banalizamos el uso de esta prenda. Luchar contra la opresión ha costado la vida a muchas mujeres. Hoy en día muchas están en las cárceles de Irán o Arabia Saudí, por reivindicar por su libertad. En Europa se ha caído en la trampa de la diversidad, de la lucha decolonial o la libertad de elección. Cuando hay mujeres que ponen en riesgo su integridad física por quitarse el velo. No se puede ser altavoz del patriarcado islámico", recalca Ebbaba.

"Discutir desde el feminismo europeo y blanco si una mujer obligada a llevar burkini, puede llevarlo con total libertad, es abrumador. Afirmar lo anterior sin tener idea de cómo se bañaban las mujeres musulmanas antes de inventarse el burkini ni de cómo está causando una involución en la libertad de las mujeres musulmanas echa abajo la lucha de miles de mujeres que ponen en juego sus vidas y las de su familia por oponerse a las normas patriarcales religiosas y eso es vergonzoso. Cuando se habla así de ello se echa tierra sobre las que estamos dando la cara para mejorar la situación de las mujeres de origen musulmán tanto en países europeos como en países musulmanes (Marruecos, Argelia, Sáhara…) para salir del oscurantismo donde nos hemos visto sumergidas desde que hemos nacido, para que las nuevas generaciones de niñas no se encuentren con las mismas dificultades con las que nos hemos tropezado nosotras. Daña la lucha feminista en su totalidad desde el egoísmo, la falta de empatía y desde una posición muy cómoda como mujer liberada", dice Zidán.

"Deberíamos de dejar de hablar de la existencia de un feminismo islámico"

Para Ebbaba lo que se ha de hacer es apoyar a voces como la suya sin tener miedo a que se las tache de racistas o islamófobas. "Que no caigan en la necesidad de poner versiones encontradas a favor y en contra para hablar del hiyab. Necesitan que se defiendan sus derechos los más elementales de la misma forma que vosotras habéis conquistado (aún queda mucho) en Occidente. Allí se camina, pero en lo referente a derechos y libertades de las mujeres estamos a años luz. No oigo hablar de un feminismo cristiano pues deberíamos de dejar de hablar de la existencia de un feminismo islámico. Creo que hay que apartar los poderes dogmáticos y la intransigencia religiosa a la hora de hablar de los derechos y libertades de las mujeres".

Y es que como ya comentó Zidán anteriormente, conocer el contexto, es el modo de hablar del velo desde la sororidad. "Se trata saber de nuestros entornos, de nuestras luchas, sentir que luchamos contra un patriarcado y contra cualquier elemento misógino que utilice para seguir ejerciendo control sobre nuestros cuerpos y vidas. Saber que luchamos por un feminismo sin apellidos, dejando fuera todos los marcos religiosos. Sentir que queremos liberar nuestros cuerpos, sentir que hay muchas mujeres y niñas oprimidas que nos necesitan y saber que la lucha feminista es solo una y universal. Y sobre todo saber que no tenemos miedo a enfrentarnos a ningún patriarcado", añade.

Sahara además aconseja a las feministas europeas que piensen en que "no es fácil concienciarse sobre la situación que nos rodea, menos lo es verbalizarla, y mucho menos lo es, arriesgarse a luchar públicamente contra estas opresiones. Toda la sociedad se nos echa encima para amordazarnos y volvernos locas: "Son cosas tuyas mujer", nos dicen continuamente. Si encima, europeas que han ganado la batalla a la religión y la han echado de sus leyes, nos dicen que somos islamófobas, que no debemos centrar nuestra lucha contra el velo o, desde su cómoda postura defienden un elemento tan misógino y denigrante como es el burkini, pues nunca podremos ser capaces de deshacernos de esta maldita prenda que tanto daño nos causa y tantas opresiones mantiene. No es justo que, sin saber lo que es ser objeto de coacción familiar y social, además de serlo de insultos, vejaciones y censuras, por el mero hecho de no taparte los pelos de la cabeza. Suena absurdo, ¿verdad? pues más lo es, cuando ya no tienes el problema de no ser dueña de tu cuerpo para vestir lo que te dé la gana. Eso es una cruel insolidaridad", apostilla.

El espejo del cambio

Sea como fuere, lo que dichas voces sienten cuando se les pregunta por lo que profesan por sus compañeras en Irán, todas coinciden en la palabra frustración. "Sentimos rabia e indignación que en pleno siglo XXI haya mujeres pasando por esas situaciones tan injustas. Sentimos que podríamos ser nosotras, sentimos que no se están visibilizando tanto sus luchas como deberían, los medios de comunicación y los movimientos feministas. Sentimos impotencia por no poder romper sus cadenas. Sentimos que hace mucha falta seguir luchando sin perder esperanzas en que la situación mejore", dice Farah Zidán.

"Hay mujeres valientes dispuestas a dejarse la piel por la igualdad"

En el caso de la periodista la rabia se da la mano con un anhelo de cambio y libertad. "Siendo egoísta me llena de esperanza. De que se puede y de que es posible, de que hay quienes luchan en nuestras sociedades, que hay mujeres valientes dispuestas a dejarse la piel por la igualdad. Entiendo que gritar desde lejos es más fácil (como en mi caso) pero en el terreno hay heroínas simplemente necesitan visibilidad. Eso sí, ante su invisibilidad, siento mucha rabia".

Y es que el precio que las mujeres musulmanas pagan por sumarse a movimientos como el de los miércoles blancos y enfrentarse a su propia cultura es para tener como mínimo respeto. "No hay nada más íntimo que la sexualidad y todas las restricciones giran en torno a esta. Se educa para que ellas lleguen vírgenes al matrimonio y se las tapa para que no provoquen a los hombres... Todo se justifica con la identidad. Una identidad impuesta que las mujeres ni han elegido ni definido. Todo está escrito e interpretado, ellas solo tienen que obedecer. Cuando todo esto te viene dado, cuando otros te dicen quién eres, cómo ser buena mujer y cómo debes actuar dejas de decidir sobre ti misma, dejas de ser y pasas a un segundo plano. La identidad no se relega a un velo y la cultura no puede ser opresora. El velo muchas veces se utiliza para justificar la idiosincrasia islámica o una identidad colectiva, pero esto es inaceptable. No hay cultura, ni identidad que pueda construirse a costa de las mujeres", comenta Ebbaba.

"Muchas son feministas a escondidas"

Por otro lado, Zidán habla del precio que estas referentes están pagando por luchar por todas ellas. "Desde el repudio, que significa rechazo total por parte de la familia y la comunidad en un sistema donde no se recibe ningún tipo de apoyo para poder rehacer tu vida a nivel emocional, profesional y económico: el precio del maltrato psicológico creando sentido de culpa, ansiedad y depresión. También está el precio del maltrato físico por vestir prendas cortas, embarazo fuera del matrimonio, por tener pareja no-musulmana. El precio de verte en la obligación de casarte por no soportar tanta presión de la familia y pensar que el matrimonio, te va a liberar". Tan alto precio es que, tal y como explica Sahara, muchas hagan la revolución feminista de forma oculta. "No tenemos libertad de pensamiento, eso para empezar, por eso muchas llevan a cabo la lucha desde el anonimato. Muchas son feministas a escondidas. No podemos desahogarnos con nuestros familiares. No podemos hablar sobre estos temas, muchos, no se imaginan ni que su hija es feminista, intentan mantener en secreto su lucha".

Por eso estas tres entrevistadas coinciden en que Nasrin Sotoudeh, Mojgan Keshavarz, Monireh Arabshahi y Yasaman Aryani son la mejor iluminación para lo que ha de venir. "Todas sentimos una enorme impotencia y rabia, pero, sobre todo, sentimos admiración por ver cómo a pesar de pagar un precio tan alto, habiéndose criado en un ambiente que las educa en la dependencia emocional y en la minoría de edad, siguen luchando y restituyendo todo lo que se nos niega. Están siendo nuestra inspiración", concluye Sahara.

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