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Los Jevis de Gran Vía: "Queremos homenajear a los caídos de la generación perdida, pues la droga fue una tragedia para muchas familias"

Emilio y José Alcázar se han quedado sin valla tras el ensanche de las aceras de la calle madrileña. Una campaña pide que se la devuelvan. Quieren que sea un recuerdo para las víctimas anónimas. Mientras, esperan sentados en un taburete plegable.

Los Jevis de la Gran Vía, José y Emilio Alcázar, sin valla. / HENRIQUE MARIÑO


Impertérritos, los Jevis de la Gran Vía no se mueven del número 25 de la arteria madrileña, donde antaño se alzaba Madrid Rock, ni aunque les quiten la valla en la que apoyaban sus posaderas desde 2005. Entonces, una cadena de ropa compró el local de la tienda que había surtido de discos a los melómanos de la capital y ellos, como medida de protesta y en solidaridad con sus trabajadores, se apostaron allí, donde siguen.


Sin embargo, el ensanche de las aceras de la Gran Vía se llevó por delante su valla. Ahora, los hermanos Alcázar —Emilio, el de la bandana; José, el calvo— se turnan para sentarse en un taburete plegable, a la espera de que prospere la campaña con la que una agencia publicitaria ha llamado a la puerta del Ayuntamiento. El objetivo, instalar una valla jevorra —calaveras incluidas— a la altura de estos impenitentes gemelos nacidos en el barrio de Chamberí en 1966.

"Debemos organizar una revolución para que el pueblo mande. Con dirigentes capitalistas, no habrá ningún cambio social"

La charla es casual e improvisada: no hay cuestionario que medie entre la grabadora y estos anarquistas, colchoneros, anticapitalistas, chelis y abanderados del decrecimiento jevi. “A nosotros nos gusta improvisar”, contestan ufanos. Primero responde uno y luego, otro. Sin atropellarse.


Como de costumbre, no paran de saludar a los fans transeúntes que pasean por la acera, incluso a los municipales apostados en la comisaría ubicada a la vuelta de la esquina. “Ellos son parte de la calle. Y los políticos, los actores y los barrenderos, también”.


Infelizmente, la remodelación les ha perjudicado: ¡adiós a la valla! Son el daño colateral de la peatonalización de la Gran Vía...

Emilio: No es que nos perjudique. En el fondo, a pesar del desastre tanto estético como para el tráfico rodado —sufrimos cada vez que pasa una ambulancia o el camión de los bomberos—, en el fondo te alegras porque el autobús circula más lejos. 

"Nos mola la valla de calaveras porque representa a los caídos de nuestra generación perdida. Para muchas familias, la droga fue una tragedia"

Pero creemos firmemente que el ensanche de las aceras no sólo no ha servido para nada —porque la gente apenas utiliza el carril peatonal ese que han puesto—, sino que también provoca más atascos. Simple y llanamente, es para lo único que ha servido la ampliación. Por encima, queda horrible, porque parece que toda la Gran Vía está en obras. Y, realmente, no vale para nada.


Vaya...


José: Es un despropósito absoluto. No le vemos ningún tipo de beneficio. La gente viene a la Gran Vía para ver las tiendas y lo normal es que camine arrimada a ellas. Como se puede ver, nadie va por ese carril. Es completamente absurdo.


¿Les ha gustado la valla de calaveras que le han propuesto al Ayuntamiento?

Emilio: Nos mola mucho la idea porque queremos que represente a los caídos de nuestra generación perdida, pero a los anónimos, ¿entiendes? No es por nosotros, ni por el hecho de que nos sentemos aquí, sino por toda una generación que murió por la droga y que pasó anónimamente desapercibida.

"Tenemos mucha fe en la humanidad, pero la humanidad tiene que ponerse de pie de una vez por todas"

Para muchas familias, supuso una tragedia y, en concreto, para nosotros fue como una guerra [sufrieron el problema en carne propia y fraternal: uno de aquellos caídos fue su tercer hermano]. Hubo muchas víctimas, que queremos recordar a través de esa valla, por lo que sería bonito que se quedara para siempre.


Cristiano Ronaldo ha comprado las plantas superiores de la Casa del Libro, en el número 29 de la Gran Vía.

José: Lo importante es que se salve. Nos da lo mismo que Ronaldo se haya comprado el ático, pero si sobrevive la Casa del Libro, estupendo. Al principio nos llevamos una impresión de muerte, porque alguien nos dijo que iba a comprar la manzana entera. Y, claro, nos llevamos un susto terrorífico. Por lo visto, la Casa del Libro se ha salvado, gracias a Dios. Y el otro que haga con el ático lo que le dé la gana. A nosotros nos da igual.


Su causa inicial fue el cierre del Madrid Rock. Ahora…

Emilio: Muy buenas… [tres municipales que rondan por la Gran Vía saludan a la pareja y ellos corresponden]


Veo que se llevan bien…

Emilio: [Risas] Sí, sí. Nos llevamos bien con la gente de la calle, y ellos son parte de la calle, por supuesto. Lo que venimos a representar aquí es que todos estamos a la misma altura: policías, bomberos, gente conocida, gente anónima, ¿entiendes? Aquí no hay diferencias, todos estamos por el bien común. Por aquí pasean políticos, actores, barrenderos… Todos a la misma altura, y eso es lo guapo.


¿Y ese tópico de que la Gran Vía encierra lo mejor y lo peor?

José: Vamos a ver, aquí se ve lo máximo y lo ínfimo del ser humano. Eso es una verdad absoluta. Supongo que pasará en todas las grandes ciudades, pero la Gran Vía es la Gran Vía. Esto es muy tela. Aquí eres testigo de la miseria y de la generosidad. Y, casi siempre, lo mejor se ve en los más humildes.

Campaña de la valla de los Jevis de la Gran Vía.


El Madrid Rock se convirtió en una tienda de ropa y, con el tiempo, toda la calle ha sido tomada por las cadenas de...

Emilio: Sí, por Inditex. El Madrid Rock fue la punta del iceberg. Cuando la cadena esta de ropa barata compró el local, hubo un efecto dominó. Después le tocó a la calle Tres Cruces, que era de discos, vinilos, segunda mano… Más tarde, al Melocotón, que llevaba ahí desde hace décadas. Total, que todo va desapareciendo poco a poco. Cierran cines y teatros para abrir gimnasios. Montan tiendas de ordenadores y móviles. Total, que estamos perdiendo con el cambio y eso es lo que venimos a reinvindicar. Antes era una calle mucho más interesante, cultural y viva. Vamos, lo que siempre había sido: un pequeño Broadway madrileño.

[Así se convirtieron en un mito los Jevis de la Gran Vía]


¿Han notado algún cambio desde que Manuel Carmena accedió a la Alcaldía?

José: Bueno, francamente, las cosas como son. Todo ha ido a… O sea, no quiero decir que haya ido a peor, porque supongo que socialmente habrá hecho cosas buenas, eso nadie lo discute. Pero aquí, en la Gran Vía, ha habido un cambio bastante extraño. No quiero meterme con ella, porque la política no nos interesa en absoluto, eso que quede bien claro, y todo el mundo hace cosas buenas y malas. Pero yo aquí sólo he visto árboles talados y chorradas como la del carril peatonal. Las cosas como son.


¿Va mejor España que Madrid?

Emilio: No, no… Nosotros creemos que la política es sólo economía. La revolución que podemos y debemos hacer los ciudadanos es para que el pueblo mande. Mientras haya capas dirigentes capitalistas, no habrá ningún cambio social. Mientras todos aceptemos las normas que nos imponen los que tienen el poder económico, no se va a producir ninguna transformación, a menos que el pueblo se rebele. Y ya sabemos que la masa sólo se rebela cuando hay desgracias o corre la sangre, por desgracia.


¿Cómo ha evolucionado su barrio? ¿Siguen en Tetuán?

José: No, no… Hace ya bastante que volvimos a éste, que es el nuestro. En Tetuán estuvimos unos añitos, pero fue como un exilio. Nosotros siempre hemos sido de Chamberí, de la plaza de Olavide. Nacimos en la calle Trafalgar y toda la vida hemos estado aquí, menos los siete años que estuvimos en Tetuán, que es un barrio que adoramos. Fue maravilloso estar allí, pero, como te he dicho, nos lo tomamos simplemente como un exilio.

"La Gran Vía refleja lo más grande y lo ínfimo del ser humano. Y lo mejor, casi siempre, se ve en los más humildes"

Nos gusta este barrio. Lo único malo es que han talado la mitad de los árboles antiguos. Y eso ha sido para nosotros un golpe muy duro, porque los habíamos visto crecer durante toda la vida. ¡Es horrible! De hecho, sigue habiendo muchos alcorques vacíos. A ver si al menos plantan otros en su lugar.


Hasta se ha gentrificado la trasera de la Gran Vía.

Emilio: Malasaña siempre será Malasaña para quienes hemos vivido los ochenta y nos hemos dejado la sangre ahí. No obstante, ahora tiene un ambiente mucho más pijo, capitalista y burgués que antes. El barrio ni siquiera es aparentemente el mismo. Nosotros somos una generación mucho más roquera, de calle y reivindicativa que la de ahora: gente de clase media, como muy normalita. Eso sí, con esas tonterías de lo hipster, ellos se creen otra cosa. En realidad, Malasaña ha perdido toda la garra que tenía.


En fin, ¿el mundo no tiene arreglo?

José: ¡Claaaro que tiene arreeeglo! Por supuesto que tiene arreglo, y nosotros creemos que lo va a tener. Pero claro, la gente está un poco hipnotizada por las tecnologías estas nuevas, por la burguesía y por el capitalismo salvaje. Ahora bien, es verdad que también se nota un avance. En cierto modo, la gente es mucho más tolerante y mucho más dabuten que antes. Debemos valorar también las cosas positivas. Con lo cual, siempre hay que tener esperanza en que todo vaya a mejor, por supuesto. ¡Claro que tiene arreglo! Siempre y cuando creamos más en nosotros mismos en vez de en el dinero y en estas mierdas que están esclavizándonos y destruyéndolo todo.


Una Gran Vía sin ustedes sería menos Gran Vía.

Emilio: Vaya, eso ya sería un poco egocéntrico por nuestra parte. Yo creo que lo bonito es el mensaje, y que cada ser humano se responsabilice de su revolución interior. Nosotros, aquí, estamos haciendo la nuestra. Si a alguien le vale el ejemplo, de puta madre, pero si no… Cada uno debe evolucionar espiritualmente para dejar un mundo mejor, más humano y más digno de ser llamado mundo. Hasta ahora, las personas sólo han pensado en engordar su cuenta corriente, en vez de avanzar hacia otros parámetros más interesantes, como la revolución interior que todos nos traemos entre manos, seamos conscientes o no.


¿Qué ha sido lo mejor y lo peor que les ha pasado aquí?

José: El autoconocimiento, o sea, la experiencia que vas adquiriendo, porque tratamos con muchísima peña y eso también contribuye a que evoluciones interiormente. Lo importante, sobre todo, es intentar ayudar a todo el mundo. ¿Lo peor? Que el egoísmo todavía prima y lo destruye todo. Porque aquí te das cuenta de que el egoísmo es el mal.


¿Cómo ven a la gente desde su atalaya de asfalto?

José: A la gente se le ve mejor en algunos aspectos, pero también está totalmente hipnotizada por el capitalismo. Ahora bien, se perciben algunos avances positivos que son importantes. A la gente, por ejemplo, le costaba menos abrirse al otro. Sin embargo, justo cuando se estaba abriendo, le han puesto las tecnologías estas de las redes sociales y ha vuelto a encerrarse en sí misma.

"Aunque siga Angus Young, no se le puede llamar AC/DC. Habría que llamarla AXL/DC"

Es una batalla entre el bien y el mal, donde el bien es el interior y el mal es una cultura donde sólo hay comunicación entre cuatro personas a través de una pantalla. Es lo que nos están intentando imponer, y eso no es comunicación, sino todo lo contrario.


¿Qué les parece que Axl Rose se haya hecho con el micrófono de AC/DC?

Emilio: Hombre, creo que todavía tiene voz. El verano pasado, fuimos al concierto de Guns N' Roses en el Calderón y lo vimos bien. Como fans de AC/DC de toda la vida, nos alegramos de que Angus siga con las botas puestas, pero no se le puede llamar AC/DC. Ahora habría que llamarlos AXL/DC. Tiene su lado bueno, que sigan todos en la brecha, pero no es lo mismo. Ya sin Malcolm Young, Phil Rudd y Cliff Williams, pues poco queda de la banda que conocimos.


¿Cómo se apañan para ir a un macroconcierto de esos?

José: ¡Pues hijo mío, cómo podemos! [risas]. Se hace lo que se puede... Con lo que vas sacando, pero lo sacamos todo de aquí, ojo. Es difícil, porque nosotros somos completamente anarquistas. No tenemos ningún tipo de curro ni nada. Con lo cual, vamos tirando con lo que sacamos así, ¿entiendes?


¿Vale la pena?

José: Claro, merece la pena si te merece la pena. Pero ya no compensa ver a grupos que están un poco ruinosos, sobre todo si los has visto en sus buenos tiempos, como Metallica. Ojo, es sólo una opinión. A quien le mole, oye, a por ellos...


¿Se ven el uno sin el otro?

Emilio: ¡Claro, hombre! Nosotros, cuando tenemos novia, no somos un trío, sino una pareja [risas] Las pibas se juntan y, bueno, no sé… Tenemos esta función común, luego cada uno tiene su vida. O sea, lo que hacemos en Gran Vía es nuestro nexo de unión, aunque después cada uno va a su rollo.

Me refería al hecho de que a uno le falte el otro.

José: Hombre, vamos a ver, en esta vida todo se junta en un momento y llegado un día todo se separa. Analizas las cosas a medida que van surgiendo. Lo cierto, como dicen los Leño, es que ahora estamos aquí, ¡mañana cualquiera sabe!

Un mensaje para la afición.

Emilio: Bueno, que todos elijamos la empatía. Mi deseo es que nos veamos como una fraternidad. Que nuestra nación sea el mundo, no nuestros intereses personales. Si no hacemos que prime lo común, caeremos en el individualismo y la habremos cagado. Seguiremos en manos del capitalismo y entonces habrá guerras y ful, como siempre.

José: ¡Larga vida! Nosotros tenemos mucha fe en la humanidad, pero la humanidad tiene que ponerse de pie de una vez por todas.