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Metro de Madrid "El metro de Madrid ya no vuela, ahora va como el tren de la bruja"

Los usuarios se quejan de las esperas y aglomeraciones, mientras que los trabajadores exigen más personal para ofrecer un mejor servicio. El comité de empresa de Metro ha convocado el jueves una protesta en defensa del transporte público.

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El comité de empresa de Metro de Madrid convoca el jueves una protesta en defensa del transporte público. / REUTERS

“Antes el metro venía cada dos o tres minutos. Hoy esperé diez y luego se quedó parado otros cinco en una estación, sin proporcionarnos ninguna información por megafonía”. Silvia no oculta su mosqueo con la menor frecuencia de trenes en la red de metro de Madrid. “Y lo peor es que eso está pasando en horas punta y afectando a líneas centrales”, añade esta abogada, quien coincide con una colega en las escaleras de una boca de la plaza de Callao.

“Sí, antiguamente aguardabas menos tiempo. Ahora te comes cuatro o cinco minutos más, aunque si tienes mala suerte pueden incrementarse”, concuerda María Jesús. “No cuentan con personal suficiente y nos tienen como a sardinas en lata, pero como necesitamos cogerlo… Los responsables están tomando el pelo a las personas que usamos y apoyamos el transporte público”, protesta Silvia, quien se lleva a su terreno un viejo y desfasado eslogan. “El metro de Madrid ya no vuela, ahora va como el tren de la bruja”.

El deterioro del servicio ha sido denunciado por los propios trabajadores de Metro de Madrid, quienes lo achacan a la falta de trenes y maquinistas. El comité de empresa, apoyado por los sindicatos, ha convocado este jueves —coincidiendo con la Semana de la Movilidad Europea— una movilización que partirá a las 19 horas desde la plaza de Cibeles hasta la Puerta del Sol “en defensa del transporte público como derecho social”.

Juan Antonio Ortiz, portavoz del Sindicato del Colectivo de Maquinistas de Metro (SCMM), expone algunas cifras aproximadas para ilustrar la situación: “En 2016 éramos 1.950 y hoy no llegamos a 1.650”. El comité rebaja la plantilla a 1.617, si bien considera que harían falta 1.930 conductores. Incluye al centenar de nuevos empleados, la mayoría en activo desde agosto. “Siguen siendo insuficientes, porque estamos registrando un máximo histórico de viajeros y un mínimo de maquinistas”.

Por no hablar de los trenes que permanecen en dique seco, a la espera de que algún día lleguen los prometidos por el Gobierno regional. “Hay cuarenta paralizados por culpa del amianto, aunque si hubiese más tampoco los podríamos sacar porque carecemos de maquinistas”, advierte Ortiz, quien recuerda que desde el encargo de los vagones hasta su entrega pueden pasar tres años. “Ni sé si ya han convocado la licitación…”.

¿Las consecuencias? “Esperas en horas punta de hasta ocho minutos, cuando lo normal serían uno o dos. Andenes llenos y mucha gente que no puede subir a los trenes y debe dejarlos pasar. Al estar repletos los vagones, el aire acondicionado no da de sí, por lo que en verano algunos viajeros sufrieron lipotimias. Una situación que empeorará en invierno, cuando las personas vayan con abrigos todas apretujadas: el efecto de la masificación va a ser criminal”, aventura el portavoz de SCMM.

Los trabajadores rechazan que las demoras se deban a una huelga encubierta y culpan a la Comunidad de Madrid de “falta de inversión” y “mala gestión”. Sin embargo, algunos han pagado el descontento de los usuarios, según Francisco Javier del Llano, presidente del comité de empresa, quien denuncia que ya ha habido agresiones. “Esos episodios violentos responden a que piensan que nosotros tenemos la culpa, pero los números cantan: los viajeros van como piojos en costura porque Metro está dando cada día un peor servicio. El problema añadido es que algunos compañeros se sienten inseguros y van a currar con miedo”.

Por ello, reclaman que se contraten más empleados, no sólo en las cabinas, sino también en las taquillas “porque son necesarios y hay estaciones vacías”. Del Llano tampoco se olvida de los profesionales encargados del mantenimiento y las reparaciones, cuyas labores se están privatizando, acusa. “Cualquier empresario, en vez de fichar a jefes, contaría con más maquinistas y más personal de estaciones y oficios. Sin embargo, aquí el organigrama de la dirección crece y los empleados rasos cada vez son menos”.

Quien más lo está sufriendo, corrobora Ortiz, es el usuario. “Recorridos de media hora se estiran casi hasta los cincuenta minutos. Y hay casos sangrantes, como el de la línea 9, donde los trenes pasan cada diecinueve minutos en horas valle, o sea, durante algunos momentos de la mañana y la tarde”, critica el portavoz del Sindicato del Colectivo de Maquinistas, quien considera descabellada la iniciativa de Ciudadanos —socio del PP en el Gobierno autonómico— de abrir 24 horas los fines de semana. “Es totalmente inviable: si no hay suficientes conductores en horario normal, ¿cómo va a haberlos de noche?”.

Metro de Madrid ha preferido no pronunciarse sobre las esperas en el metropolitano y ha remitido a este diario a las declaraciones efectuadas el pasado jueves por Ángel Garrido, quien afirmó que con el nuevo Ejecutivo bicolor el transporte público “no corre peligro, sino todo lo contrario”. El consejero del ramo, además de cargar contra el comunicado del comité por “sesgado” y “sectario”, insistió en que el suburbano capitalino “es uno de los mejores del mundo”, aunque deben acometerse mejoras en las frecuencias y en la calidad del servicio.

Una visión que choca con la del presidente del comité de empresa, convencido de que “el deterioro que sufre el metro en Madrid” produce un efecto dominó. “El colapso en las estaciones está motivando que los ciudadanos se desplacen en su propio coche, pese a los atascos, lo que redunda en un aumento de la contaminación. Siempre pensamos en la educación y en la sanidad, pero en una ciudad hay un tercer eje fundamental: el transporte, ese gran olvidado”, concluye Del Llano. “Y es un problema que nos compete a todos”.

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