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Precio de la luz Cambio climático: el mal 'buen tiempo' recorta el consumo de electricidad

Las inusuales temperaturas suaves en el invierno y en los primeros meses de calor redujeron la demanda energética en cinco de los doce meses del año pasado tras haber tenido el mismo efecto en cuatro de los de 2017 y tres de 2016.

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El sistema de calefacció i aigua calenta individualitzada és obligatori a les noves construccions. / CCO Public Domain.

Las inusualmente elevadas temperaturas de los últimos inviernos, con registros de más de 23 grados en buena parte del país en enero, a las que se suman unos inicios de verano más suaves de lo habitual, están comenzando a tener reflejo en el recibo de la luz: la demanda de electricidad ha bajado por motivos meteorológicos en uno de cada tres meses en los últimos tres años.

"Las temperaturas han tenido un impacto sobre la evolución del consumo de un 0,2%" el año pasado, señala el Avance del Sistema Eléctrico Español de Red Eléctrica, la empresa pública que gestiona la demanda, que también anota cómo esa reducción se dejó notar en ocho de los doce meses en Baleares y en nueve en Canarias.

Ese fue también uno de los factores clave por los que la demanda de energía de los grandes consumidores cayó el año pasado por vez primera desde 2013. Las temperaturas, “más elevadas que las del año anterior, redujeron un 0,6%” la evolución de este mercado, con registros de -1,4% por motivos meteorológicos en el sector servicios.

Esos descensos de la demanda tienen también su repercusión, aunque puntual, en una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera por parte del sector eléctrico, que sigue lanzando unos volúmenes algo inferiores a los previos a la firma del Protocolo de Kioto y similares a los de 1990; aunque con un volumen de generación de energía mucho mayor.

Inviernos y veranos más suaves

Los meses de retroceso de la demanda fueron el año pasado enero (-2,1%), mayo (-0,6%), junio (-6,3%), julio (-1,1%) y diciembre (-4,4%).

Según la Aemet (Agencia Estatal de Meteorología), este último diciembre fue el tercero más cálido desde 1965, con una temperatura 1,2 grados superior a la media del periodo 1981-2010, mientras enero, el decimosegundo de mayor temperatura del último medio siglo, superaba el promedio en 1,1º.

Mayo y junio, por el contrario, se quedaron en la media, lo que supone un cambio frente a la tendencia de aumento global de las temperaturas, mientras julio tenía un comportamiento similar con solo 0,2º por encima del promedio. Hizo falta menos refrigeración de lo habitual, lo mismo que en enero y diciembre no había sido necesaria tanta calefacción.

Un año antes, la caída de la demanda se concentraba en febrero, con un desplome de -4,5% que coincidió con una temperatura media 1,6º más elevada de lo habitual; marzo, con un descenso del consumo del 1,6% con casi un grado más de calor; abril, tradicionalmente el último mes de calefacción, en el que un repunte de casi dos grados redujo la demanda eléctrica en cinco puntos y medio, y, por último, septiembre, que se mantuvo en la media y en el que el consumo descendió un 3%.
En 2016, el fenómeno se dio también en abril, especialmente suave en el Mediterráneo, y en septiembre y diciembre, estos dos últimos mucho más cálidos de lo habitual con picos de 1,4º y 0,6º por encima de la media.

La tendencia global al aumento de la temperatura

No obstante, las organizaciones ecologistas ponen en cuarentena el efecto real de esos cambios de temperatura. "Estos últimos años está ocurriendo eso, pero la tendencia global sigue siendo de incremento de las temperaturas en verano", explica Sara Pizzinato, de Greenpeace, que insiste en que “las temperaturas veraniegas están subiendo, aunque es posible que los picos no lleguen en julio”.
El aumento de las invernales, por el contrario, sí se enmarcaría en la tendencia general ascendente.

Javier Andaluz, de Ecologistas en Acción, destaca la complejidad de calcular los efectos de esas variaciones de las temperaturas en la demanda de energía. “Hay efectos de rebote que tienen que ver, por ejemplo, con el uso de los sistemas de calefacción, que a veces no se modifican cuando el cambio seda en un periodo breve, de unos días", indica.

En cualquier caso, Pizzinato resalta los amplios márgenes para el ahorro de energía eléctrica que ofrece el ajuste de la demanda, tanto en el ámbito doméstico como en el industrial. "¡Hay tanto derroche energético! Pero hay amplias posibilidades de reducir la demanda, hasta un 55% con respecto a los niveles de 2007", señala, al tiempo que apunta que “la reducción de la demanda puede facilitar la transición energética y actuar como un elemento facilitador para ese proceso". "El efecto global del cambio climático ya se está viendo, aunque todavía no sabemos del todo cómo afectará", añade.

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