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¿El 'Procés' retroalimenta las luchas sociales o es su verdugo?

Una socióloga, un politólogo, un historiador y un periodista analizan para 'Público' el estallido de las manifestaciones y luchas sociales de esta semana en Catalunya.

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Bomberos de la Generalitat durante la protesta del miércoles ante el Parlamento, blindado por agentes de los Mossos. EFE / MARTA PÉREZ.

Barricadas montadas al amanecer, en el campus de la UAB. Miles de batas blancas desfilando por Via Laietana. Los bomberos, luciendo casco y uniforme antifuego, sitiando las puertas del Parlament e incluso recibiendo algunos golpes de porra de los Mossos ... Barcelona (y Catalunya) ha enviado esta semana resonancias sesenta y ochistas. Sous les Violons, la plage. Las portadas de los diarios coincidían en dar la bienvenida al «otoño caliente». Y una parte de la sociedad, sin duda, se ha mirado en el espejo y se ha vuelto a ver luchadora.

Sin embargo, ¿la voz de la calle estaba dormida? ¿O es que llamaba, pero no la escuchábamos? "Yo creo que los medios no han informado del descontento social; o sea, han hecho su función", dispara el periodista Guillem Martínez, audaz (y muy crítico) radiografiador del momentum catalán. "Pero las convocatorias venían de hacía semanas, se podría prever en cierto modo". La socióloga Yolanda Fresnillo coincide: "En la sanidad hacía meses que había pequeñas movilizaciones, los estudiantes cíclicamente se movilizan, los y las profesoras asociadas vienen denunciando desde hace tiempo su precariedad ...", apunta, antes de añadir: "Lo que pasa es que ahora se ha visto con mucha fuerza debido a un gran acierto: que hayan coincidido en la misma semana, lo que ha hecho que se retroalimenten, además que coincide con el momento en que se están negociando los presupuestos".

"No se han revertido los recortes"

Igualmente, el politólogo Jordi Muñoz matiza que describir esta semana como otoño caliente "es más bien un tópico periodístico" (que nombra el periodo de luchas entre los sindicatos comunistas y la Democracia Cristiana de la Italia de 1969). Pero no le quita valor. "Las condiciones estructurales lo explican: aquí ha habido recortes muy fuertes a los trabajadores públicos. Y ahora que estamos en situación de mejora económica, la gente percibe que no se revierten". ¿Y por qué no se han revertido? A juicio de Muñoz, hay dos hándicaps que limitan las posibilidades: "Por un lado, estamos sometidas a las normas de déficit, que vienen de la Comisión Europea. Y por el otro, no hay presupuestos, todos están bloqueados: en Barcelona, en la Generalitat y en Madrid. Y sin presupuestos, poco puede hacer cualquier gobierno...".

De modo que las luchas han sido generalizadas: huelga del profesorado en los campus universitarios, huelga de la Atención Primaria de salud, paradas del funcionariado de la Generalitat, manifestaciones de bomberos, institutos de Secundaria parados por los estudiantes .. Entre los adoquines, la playa. "Todos son sectores que han sufrido los recortes iniciados en 2010, con gobierno de Convergència", apunta Manuel Márquez, presidente del Centre de Estudis Històrics de Terrassa (CEHT). "Bueno, de hecho, desde la Transición que los presupuestos siempre han sido controlados por Convergència", añade, apuntando al espacio neoconvergent como responsable político de las movilizaciones.

Poniendo la mirada en el retrovisor, Márquez destaca que de la época precrisis se llega al año 2008, "con un ciclo de movilizaciones bajo". Y es que el mainstream de la sociedad está en línea con las tesis que "todos somos clase media" y "vivimos en el mejor momento posible". "O sea, mucha gente confundía lo posible con lo real", sostiene Márquez. Pero los recortes iniciadas por el entonces presidente Artur Mas hacen vivir un intenso ciclo de movilizaciones sociales entre 2010 y 2012.

Profesores universitarios en la protesta de esta semana. EFE / TONI ALBIR.

¿Ha tapado el 'Procés' independentista las luchas sociales?

El periodista Guillem Martínez toma el relevo de esta línea de tiempo: "Lo que pasa es que llega 2014 y las manifestaciones se cortan. Por un lado, porque salieron partidos políticos nuevos como Podemos y eso generó un pequeño retorno de la confianza en la política. Y por otra, en el caso de Catalunya, las movilizaciones se detuvieron por el Procés". Así de claro. De la misma línea que el periodista culpabiliza claramente el proceso independentista como verdugo de las luchas sociales, el historiador Manuel Márquez lo contextualiza de otro modo: "En mi opinión, las movilizaciones quedan cortadas porque un sector de las clases populares, favorables al derecho a decidir y de la órbita de partidos como Esquerra y la CUP, ven que la salida a la crisis puede venir de la consecución de una República". Si para Martínez el Proces ahoga las luchas, para Márquez digamos que sólo las deja hibernando.

Entonces, ¿son incompatibles? ¿Para que una gane, la otra debe morir? Para la socióloga Fresnillo, de ninguna manera. «Hace tiempo que mucha gente defiende que la única manera de hacer República es conquistando derechos, que ambas luchas se retroalimenten, que hay que hacer un Proceso Constituyente, que la soberanía política sin garantizar una vida digna no nos lleva a ninguna parte», argumenta Fresnillo. Una línea, pues, de defensa de todas las soberanías (habitacional, energética, alimentaria, etc), y no sólo la soberanía nacional.

El politólogo Jordi Muñoz también cree que es compatible tener la calle tensionada con las luchas sociales, al tiempo que el independentismo mantiene un alto grado de movilización. "De hecho, históricamente han convivido. El siglo XX ha sido el de las luchas obreras y el de la lucha por el autogobierno", apunta Muñoz. "Las dos dimensiones del conflicto se alternan, en ciclos cortos de tiempo". Y remata: "Quien piense que algo ahoga lo otro, creo que está equivocado".

Otra derivada de las luchas sociales y el Procés ha sido el enfoque de los grandes medios de comunicación en la cobertura de las huelgas de esta semana, en algunos casos centrada en desgastar al ejecutivo de Quim Torra. Por eso, lo que durante el procés eran consideradas por parte de la prensa como algaradas casi de kale borroka, ahora son manifestaciones ejemplares. Una de las voces que lo ha cuestionado es la de David Fernández, ex diputado de la CUP en el Parlament, apuntando al doble criterio del establishment político y periodístico español a la hora de describir la agitación social. "Bomberos, estudiantes, función pública y salud también se detuvieron el 3 de octubre en una histórica huelga general. Para El País, kafkianament, ayer eran delincuentes y hoy héroes", apunta en un tuit.

Navidad y el juicio a los presos: el calendario no ayuda

Y ahora, ¿cuál es la perspectiva a corto plazo?. "Ojalá las luchas ganen aún más visibilidad", apunta la socióloga Fresnillo, "pero lo cierto es que el calendario no va demasiado a favor de aumentar la espiral, ya que llega fin de año, Navidad... Y en enero, el juicio a los presos políticos copará la atención mediática, aunque no debería ser excluyente algo de la otra".

Guillem Martínez coincide en que la cobertura mediática del juicio tapará las luchas sociales, aunque a diferencia de Fresnillo, pasa la factura entera al PDeCAT: "La derecha catalana, como el procesismo, reajustará su discurso en breve, con el juicio. Y depende de como vaya, recuperarán la iniciativa propagandística. Y lo harán bien, estoy seguro". Pero Martínez no ve tan claro como irá el transcurso del año 2019. "Todo es surreal ahora mismo en la política catalana, es imprevisible, más frágil. O dicho de otro modo: todo es muy líquido. Puede suceder que un tema judicial derive en un escándalo y deje un escenario incalculable. Como la moción de censura a Rajoy y la investidura de Pedro Sánchez".

Y entre la creencia y el deseo, una pincelada que el sociólogo Ivan Miró, experto en Economía Social y vinculado a la librería de Sants La Ciutat Invisible, ha compartido en redes sociales: "Los conflictos sociales de estos días expresan una necesidad de país: jay un espacio constituyente y plural donde democratizar la economía catalana, donde diferentes ámbitos (los sindicatos, las cooperativas, la pequeña y mediana empresa) consensúen políticas económicas al servicio del bien común".

Y que así sea -verdaderamente- un «otoño caliente» como la que sacudió Italia, del Piamonte en Sicilia, en aquel lejano 1969 de las huelgas en la Fiat, los estrenos del recientemente fallecido Bertolucci y las discusiones sobre cómo conseguir el poder entre copas de vino chianti.

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