À Punt y Canal 9: ¿algo más que parecidos razonables?
Dos periodistas se han acogido a la cláusula de conciencia para abandonar À Punt y denunciar la deriva de control partidista por parte de PP y Vox que está tomando el ente público.
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Va de bo es el nuevo magacín vespertino de À Punt. A pesar de que el valenciano es la lengua de la cadena y del espacio, su conductor, Nacho Cotino, se enorgullece en pantalla de mezclar valenciano y castellano. En redes sociales circulan vídeos con fragmentos del programa con todo tipo de errores que hasta dificultan la comprensión.
Para la mesa de debate, es habitual la presencia de tertulianos de digitales como OkDiario, El Debate o The Objective, a pesar de no tener relación con el País Valencià. Las voces de periodistas o medios identificados con el progresismo son nulas o escasas. Y los temas y los puntos de vista también han sido motivo de queja entre los espectadores. Un ejemplo reciente es una imagen con el rótulo: "¿Las protestas propalestinas en La Vuelta a su paso por Madrid fueron obra de ETA y de Hamás?".
En otra pieza del programa, se intercalaban imágenes del presidente del Gobierno Pedro Sánchez y la ministra de Universidades Diana Morant con un grafismo lleno de corazones. El periodista Ramir Calvo denunció el mal gusto del vídeo y la casa tuvo que pedir disculpas. Las redes sociales de Calvo, antiguo colaborador en la radio pública del programa Podríem fer-ho millor, cancelado por la dirección actual, se han convertido en toda una hemeroteca con ejemplos de malas praxis en À Punt.
'Canalnouización'
El programa Va de bo está siendo señalado por sus semejanzas a la etapa más oscura de Canal 9. El neologismo canalnouización está, ahora mismo, en boca del sector para referirse a la deriva que se ha consolidado en À Punt, la radiotelevisión pública valenciana.
La historia de Canal 9 fue, en este sentido, una historia traumática. Alberto Fabra, president de la Generalitat, después de la dimisión de un Francisco Camps acechado por la corrupción, la cerró en plena crisis financiera de 2013, y el País Valencià se quedó, de esta manera, sin radiotelevisión pública convirtiéndose en la única autonomía con lengua propia que se encontraba en esta situación.
La extinta RTVV llegó a acumular una deuda de 1.300 millones de euros y los niveles de manipulación llegaban a tal extremo que había indicaciones para que solo se captase la imagen de Eduardo Zaplana desde el que se consideraba su "perfil bueno". Canal 9 fue, por otro lado, un banco de pruebas pionero para lo que se conoció como telebasura con el programa Tómbola, una tertulia del corazón, como buque insignia. La lengua propia, el valenciano, apenas se usaba para los dibujos animados y las noticias.
Con Eduardo Zaplana quedará asociada para la posteridad la frase "estoy en política para forrarme". Sin embargo, no fue él quien la pronunció, tal como aparecía en las grabaciones judiciales del caso Naseiro, de financiación ilegal del PP, sino su interlocutor: Vicente Sanz. Sanz fue director general de RTVV y, además de estar implicado en la Gürtel, fue condenado por abusar sexualmente de trabajadoras de la casa.
Una ley para poner a À Punt al servicio del Gobierno
PP y Vox han tardado más de dos años desde que pactaran el cambio respecto al Gobierno progresista, anterior a raíz de las elecciones de 2023, para consolidar el giro definitivo en el ente público. Cambiaron la ley, eliminaron los consejos Rector, de Informativos y de Ciudadanía, mecanismos de control y de equilibrio frente a la injerencia política y, pocos meses después de la DANA, en marzo de este año, finalmente renovaron la dirección del ente.
Vicent Marco, presidente de la Unió de Periodistes, explica que "la ley pactada por PP y Vox es una ley pensada para unos medios de comunicación públicos al servicio del gobierno: es una ley que está mal hecha desde el principio, porque le da todo el poder al gobierno". Así pues, según Marco, la deriva que se está viendo en À Punt es la consecuencia de los cambios legislativos que se han llevado a cabo. La metáfora que utiliza para visualizarlos no podría ser más explícita: "Han entrado con la rotavator para triturarlo todo".
De los tres nombres clave de la nueva À Punt, dos son, por otro lado, viejos conocidos de Canal 9. Francisco Aura, director general, ya ejerció en la antigua RTVV como jefe de contenidos durante el gobierno de Eduardo Zaplana, a quien siempre ha estado vinculado; Josep Magraner, jefe de Informativos, también: en la casa se le recuerda por cortar las noticias y pasar a emitir el programa La música es la pista, presentado por Mar Flores, durante los atentados del 11 de septiembre de 2001. El tercero, Vicente Ordaz, presidente del Consejo de Administración, es un periodista que ha ejercido toda su carrera en COPE.
Cláusula de conciencia
Son varias las fuentes —internas, que prefieren mantener el anonimato, y externas— que definen el momento actual de la plantilla de periodistas de À Punt como de "miedo" y de "control total por parte de la dirección", especialmente de Josep Magraner, jefe de informativos. Según explica el periodista Ramir Calvo "por las denuncias que se empiezan a filtrar y que ha explicado la Unió de Periodistes, Magraner ha establecido una especie de régimen del terror en la redacción (con malas palabras, presiones, comentarios sobre el físico de las reporteras, etc.)".
De hecho, ya hay dos periodistas que se han acogido a la cláusula de conciencia del contrato para abandonar À Punt. Elena Tamarit es una. Esta joven periodista había destacado en la radio por una sección dedicada a la memoria histórica, punto de mira de PP y Vox y que no se espera que tenga continuidad en el medio público. Tamarit denuncia, así mismo, que "los informativos de À Punt se han convertido en una correa de transmisión del gobierno", con una "deriva que recuerda los peores momentos de Canal 9".
La televisión de los toros
Una de las apuestas destacadas de la nueva dirección para la programación de À Punt es la retransmisión de espectáculos taurinos. Los dos trabajadores que se ha acogido a la cláusula de conciencia para abandonar el ente coinciden en señalar que "el maltrato animal no tendría que tener cabida en un medio público".
Esta introducción de los toros en À Punt forma parte de una batalla cultural de la derecha en el País Valencià que se ha acrecentado desde el cambio político de 2023, cuando Vicente Barrera, torero retirado, llegó a ocupar la vicepresidencia de la Generalitat como cargo nombrado por Vox.
Precisamente, À Punt ha anunciado que Barrera protagonizará una corrida de toros que emitirá desde València para la celebración del 9 de octubre, día del País Valencià, así como también retransmitirá otra desde Las Ventas, en Madrid, para el 12 de octubre, fiesta de la hispanidad.
¿Cambios para aumentar la audiencia?
La dirección de À Punt niega que se haya producido ningún cambio relevante para justificar la activación de las cláusulas de conciencia, aunque, eso sí, admite que la introducción de los espectáculos taurinos sí que son una novedad. Por otro lado, justifica la castellanización de À Punt, la cancelación de programas y los nuevos formatos con una apuesta para seducir a más audiencia.
Elaborar más programación en castellano era, de hecho, uno de los puntos principales del informe de Francisco Aura sobre los ejes de la nueva etapa en À Punt. En este, además del aumento de contenidos, se exigía una "mayor sensibilidad hacia el público castellanohablante" y que se relajase el valenciano normativo —no se hablaba, sin embargo, de relajar la normativa del castellano, paralelamente—.
Ahora bien, las cifras de audiencia que lleva cosechando À Punt en las últimas semanas no parece que den la razón a la dirección. En una nota de prensa emitida recientemente por À Punt, la cadena habría aumentado un 23% la audiencia con la nueva programación. Así, "durante el mes de septiembre, un total de 2.233.000 espectadores, cerca del 43% de los valencianos, han conectado con la televisión autonómica".
Sin embargo, más allá de los informativos, y, concretamente, de los episodios lluvias, como las vividas recientemente en la zona central y norte del País Valencià, que siempre hacen subir la audiencia de los medios de proximidad, el programa Va de bo suele ofrecer datos por debajo del 1%, como, por otra parte, son los programas habituales en valenciano los que ofrecen mejores datos.
La DANA y el accidente de metro
Se suele usar como ejemplo de buena praxis por parte de una radiotelevisión pública la cobertura de la DANA y de las semanas posteriores por parte de À Punt, que, además, fue acompañada por la audiencia. Sin embargo, se podría decir que ha sido más una excepción que una norma, en la historia de los medios públicos valencianos, y que se dio en una circunstancia especial de interregno, de transición entre la dirección que provenía de la legislatura anterior y la nueva que habría de pactar PP y Vox, para que tomara el control.
El recuerdo de la cobertura del accidente de metro de València en 2006 por parte de Canal 9 es el paralelismo que más veces se invoca para describir la situación actual de À Punt. ¿Se repetirá la historia del Canal 9?
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