Todavía hay quien busca el Bar Amador en Granada o La Plaza en Gijón. Se acercan henchidos de nostalgia tarareando alguna vieja canción de guitarras distorsionadas, soñando con tropezarse con J o con Nacho Vegas. “Ahora que el reggaeton es el nuevo punk”, piensan, “mejor me escondo una temporada en estas cuevas indie”. Porque hubo un tiempo, allá por los 90, en que España era independiente. Parece mentira, ¿no? 

Camisas de cuadros, melenas lacias, timidez enfermiza y orgullosa falta de talento musical: son los indies que nacen en los primerísimos años 90. Reaccionan ante diversos movimientos musicales anteriores, como la Movida madrileña, el rock radical vasco o la aburrida canción de autor. Muchos de ellos se arrepentirían después. Pero cuando uno es joven siempre reacciona ante el statu quo cultural, aunque su propuesta no sea superior, o lo que es peor, ni siquiera tenga una propuesta que hacer.  

Viaje por el indie español
Skater en Cimadevilla, cuna del indie gijonés. Fuente: Flickr

¿Y cuáles eran las propuestas de los indies españoles de los 90? Básicamente, pasarlo bien montando un grupo. Cuando Penélope Trip nace en 1990 en Gijón, varios miembros del grupo apenas saben tocar y su cantante no canta, tararea su propio idioma… mucho antes de que lo hiciera el tipo de Sigur Rós. No se avergüenzan de su amateurismo pero tampoco se dan demasiados aires, a pesar de que pronto son conscientes de que están contribuyendo de forma decisiva a un cambio radical en la música española.  

Un elemento clave que fortalece la idiosincrasia del indie es su carácter aislado. Penélope Trip se forma en Gijón, una ciudad demasiado lejana de Madrid para contagiarse de sus urgencias mediáticas. En Asturias todo se cuece a fuego lento entre el Campus del Milán en Oviedo y en los bares de Cimadevilla. A Madrid solo se mira de reojo.  

Lo mismo sucede en San Sebastián donde, sin embargo, no es el ruidismo de Sonic Youth el máximo referente musical. Las olas de La Concha se mueven más lentas, al ritmo de la bossa nova o la chanson française. Mientras en todo Euskadi retumba el rock politizado de Negu Gorriak, en Donosti prefieren replegarse con un pop ferozmente naïf. Family, Le Mans o La Buena Vida marcan una época, exportando su estilo a otras regiones españolas.  

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Nacho Vegas baila en un videoclip delante de La Plaza, bar-sede de la intelligentsia del indie gijonés. Fuente: Youtube

¿Y qué pasa en el sur? La mecha del indie se enciende en Granada. “Los bares de Granada somos como oficinas turísticas”, dice Eric, batería de Los Planetas y Lagartija Nick, dos de los grupos más importantes de la ciudad andaluza. El músico ha montado su bar consciente del tirón que todavía tiene la nostalgia indie entre muchos melómanos.  

“Siempre voy al Amador por si apareces”, decían la canción y todavía hay muchos viajeros que buscan el famoso bar de Los Planetas, aunque nadie vaya aparecer por allí a estas alturas. Pero Granada ha sabido reinventarse más allá del grupo de J. Niños Mutantes son un buen ejemplo de que la ciudad todavía tiene ritmo… aunque poco tenga ya que ver con el viejo indie. 

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En El Bar de Eric (Los Planetas) en Granada sigue la música. Fuente: Google Maps

De nuevo hacia el norte, tenemos que hacer parada en Zaragoza. El indie español no sería lo mismo sin la labor de Pedro Vizcaíno y el tristemente fallecido Sergio Algora. Ambos tenían una tienda de música en la ciudad llamada Plasticland y pronto se lanzan a editar y distribuir discos desde Grabaciones en el mar.  

El Niño Gusano o El Regalo de Silvia son dos de las primeras referencias de la disquera. Los del Algora se erigen en los máximos exponentes de un pop florido y poético que aun espera herederos, mientras que los velvetianos El Regalo de Silvia coinciden en el famoso Noise Tour con los gijoneses Penélope Trip antes de desaparecer prematuramente.  

El nacimiento del indie en España

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Sergio Algora de El Niño Gusano, una de las grandes figuras de la música española de las últimas décadas.

El indie tardó en llegar a Galicia… pero llegó. Mientras a mediados de los 90 las revistas especializadas de media España ensalzaban a melenudos fans de Pavement o Yo la tengo, en A Coruña no acababa de arrancar el movimiento. Fue a finales de la década, al calor de bares como Patachim y su DJ Juanjo. Por allí se mueve Xoel López que tras fundar Elephant Band se establece como Deluxe. Sí, luego llegarían Triangulo de Amor Bizarro, pero eso es otra historia.  

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Patachim, bar que se asoció al tardió surgimiento del indie gallego

¿Y en la meseta no hubo indie? Más bien hubo protoindie de la mano de Surfin’ Bichos, el mítico grupo liderado por Fernando Alfaro y Joaquín Pascual que, “en un lugar dejado de la mano de Dios” —también conocido como Albacete— fundan una banda que se separa demasiado pronto. Fernando se van con su Chucho y Joaquín con su Mercromina. Pero Albacete se gana a pulso su presencia en la ruta indie por las tierras de España. 

Aunque el indie nunca fue un estilo de música, sino más bien un modo de hacer música —al margen de la industria más comercial— , pronto se descubrió el bluff, como diría El Inquilino Comunista: aquello no era más que el pálido reflejo de unas corrientes musicales exportadas de otras latitudes… ejecutadas con dudosa pericia. Pero que nos quiten lo bailao, ¿no? 

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