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La conciencia de la izquierda

IU, en su cuarto de siglo de vida, ha colocado en la agenda política la lucha por la transformación social y el combate al neoliberalismo

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'¿Sabes qué hemos aprendido en estos 25 años?'. Marga Ferré, afiliada a Izquierda Unida desde 1993, duda apenas un segundo. 'A levantarnos, a levantarnos tras cada caída, a darnos cuenta de que las elecciones son importantes, pero más aún lo es la construcción de un proyecto político compartido. Sin IU este país sería mucho peor'.

La respuesta condensa parte de las miserias y grandezas de la tercera fuerza política española. Aquella que nació el 27 de abril de 1986 cumplió un cuarto de siglo de vida esta semana y cuya trayectoria ha sufrido el carrusel de la crecida electoral y el posterior derrumbe, las crisis internas, los roces con los sindicatos, el enfrentamiento con el PSOE y un intento de recuperar el resuello. Pero, más allá de los altibajos, y en ello coinciden analistas y dirigentes, IU ha logrado hacer oír el latido de la izquierda de la socialdemocracia.

Los expertos creen que la promesa de apertura y de síntesis de lo viejo y lo nuevo se ha frustrado

'Seguramente sí, la política española habría sido distinta sin IU. Ha cubierto un espacio al que no da respuesta el PSOE', señala Tània Verge, profesora visitante de Ciencia Política en la Universitat Pompeu Fabra, una de las pocas investigadoras de IU. Luis Ramiro, politólogo de la Universidad de Murcia, es otro de esos escasos y reputados expertos en la tercera fuerza: 'La aportación de IU ha sido limitada por su limitado peso. Pero, con claroscuros, ha ayudado a expresar las preocupaciones de las organizaciones sociales, los sindicatos...'. 'Hemos sido los pesados en la defensa de la sanidad y educación públicas, en el combate al neoliberalismo', sintetiza Ferré, secretaria de Programa. Encarna Páez, titular de Política Municipal, lo glosa en términos semejantes: 'Somos la izquierda real, firmes en la ideología, un referente claro del cambio y la transformación social necesaria'. 'Un instrumento útil', remachó el viernes Cayo Lara, el coordinador federal.

El boceto de los expertos no es, sin embargo, complaciente. Ramiro asume la 'originalidad' del proyecto fundacional de IU, por lo que supuso de 'apertura', de 'síntesis de la izquierda clásica, el PCE, con las nuevas políticas, ligadas a los movimientos sociales' y el propósito de una 'organización más participativa y transparente'. Luego señala lo 'lejos' que quedaron las promesas de la realidad. 'En lo político no ha llegado a sumar la vieja y la nueva izquierda; en lo interno, el fracaso no tiene paliativos, y su diálogo con las asociaciones ha sido difícil', describe.

El reto pendiente es la refundación, sin fórmula para el éxito, y llegar al Gobierno central

Ramiro, no obstante, disculpa a IU, porque similares obstáculos ha debido sortear la izquierda alternativa europea. Todo ello con un peso electoral reducido y con la conciencia de que su suerte 'depende también de la evolución de la socialdemocracia'. Sí achaca a las direcciones de IU su 'equivocada oferta electoral' lo que explicaría el declive, fruto de análisis 'sobreideologizados'.

Fernando Vallespín, expresidente del CIS y catedrático de Ciencia Política de la Autónoma de Madrid, reprocha a IU su falta de 'pragmatismo', que le ha hecho 'un partido de acompañamiento estético en la izquierda, sin capacidad para decidir el Gobierno'. 'No negocia la realidad, no asume la carga del poder, se queda en la retórica', agrega.

La visión de Jaime Pastor, politólogo de la UNED, difiere. Reivindica los primeros noventa, los de expansión electoral, con Julio Anguita. Y juzga que cuando IU apareció como la 'esperanza' de la izquierda, 'se abrió internamente', mostró 'autonomía frente al PSOE', combatió Maastricht y no se imponía la 'concepción patrimonial del PCE', alcanzó la gloria. Pero si se pregunta por la etapa de mayor influencia social, Ramiro señala la primera legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero, ya que la colaboración de la IU de Gaspar Llamazares se tradujo en avances legislativos tangibles. 'Cada dirección pensó que su estrategia era adecuada', tercia Verge.

Las tensiones internas explican asimismo las caídas. Los votantes 'castigan la división', cuenta Verge, quien reconoce que los medios han explotado las guerras intestinas. Ferré habla de la 'manipulación' de la prensa, que 'magnifica' las crisis. 'Pero es verdad, a veces no sabemos discutir, tenemos demasiada sangre en las venas', concede. Para Páez, el debate interno 'enriquece'. Añade que la 'gran asignatura pendiente' es resolver el 'encaje de PCE e IU': 'El partido no puede fagocitarnos'. Todos, expertos y dirigentes, hallan otro culpable: la Ley Electoral.

Ahora queda por descubrir la senda de la refundación. 'Y no hay fórmula que garantice el éxito', opina Ramiro. Pastor augura un 'ligero crecimiento', pero no cree que recupere la 'credibilidad' perdida. Vallespín aconseja un gramo de 'populismo'. Ferré y Páez apuntan otra ambición: 'Llegar al Gobierno central. Sin duda. Cuanto antes, mejor. Urge por el desmantelamiento del Estado del bienestar'. ¿Utopía? 'No replica la primera. La historia no está escrita. No está escrito que los ricos gobiernen siempre'.