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El órdago inoportuno e insensato del tercer poder

Las asociaciones de jueces están demostrando no sólo una lamentable carencia del don de la oportunidad, sino también un inquietante desconocimiento sobre cuál es su lugar en el engranaje institucional del Estado

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Con su amenaza de ir a la huelga si no se satisfacen sus demandas laborales (incluida la revisión salarial), las asociaciones de jueces están demostrando no sólo una lamentable carencia del don de la oportunidad, sino también un inquietante desconocimiento sobre cuál es su lugar en el engranaje institucional del Estado.

Las cuatro asociaciones, que representan aproximadamente a la mitad de la carrera judicial, lanzan su desafío en un momento en que la inmensa mayoría de los españoles está muy preocupada por su futuro inmediato como consecuencia de la crisis económica. El peor ejemplo que pueden dar ahora los jueces a la sociedad incluso aunque les asistiesen razones es emular a una casta privilegiada como la de los pilotos para conseguir sus objetivos. Máxime cuando el servicio judicial dista de ser eficaz y, por ello, precisamente, se ha puesto en marcha un plan de modernización de la justicia.

Pero lo más grave es que los jueces, de quienes se espera la máxima ponderación, han decidido pujar por sus intereses como si de un colectivo más de funcionarios se tratase, soslayando que en realidad constituyen uno de los tres poderes del Estado. En ese sentido, tienen razón el Gobierno y el PP al pedir a los jueces que abandonen su órdago, si bien el partido de Rajoy debería aparcar cualquier tentación de utilizar políticamente las tensiones, vinculando este debate alpacto por la Justicia.