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Woodstock hoy ya no es posible

La conmemoración del 40º aniversario del festival no se celebrará por falta de patrocinadores

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Cuarenta años después, Woodstock ya no será Woodstock. Este año ya no habrá medio millón de personas reclamando la paz frente a la guerra. No habrá medio millón de personas fumando marihuana y tomando LSD, ni consagrando sus cuerpos al amor libre. Este verano no habrá medio millón de personas escuchando a las grandes bandas de rock estadounidenses que ponen música a la contracultura del momento.

No habrá nada de esto, porque el concierto de aniversario que debía celebrarse el próximo 15 de agosto tiene sólo capacidad para 15.000 personas y porque el macroconcierto conmemorativo que se iba a celebrar en un parque del barrio neoyorquino de Brooklyn ha sido finalmente suspendido. Su promotor, Michael Lang, el mismo que hizo posible en 1969 el hito del Woodstock original, no ha reunido el dinero necesario, entre ocho y diez millones de dólares, según sus cálculos, para ofrecer un festival con entrada gratuita, como él deseaba. La recesión tiene la culpa.

Pero las causas no son sólo de índole económica. El macroconcierto no sera tal porque 'Woodstock no se puede recrear', porque 'no hay necesidad de hacerlo' y porque 'no existe el espíritu que en 1969 lo motivó', tal y como han comentado a Público algunos de sus supervivientes. Entre ellos, David Fricke, hoy día renombrado periodista de la revista musical Rolling Stone.

'En el Woodstock original todo fue improvisado. Nadie esperaba que llegara tanta gente, ni que las carreteras se colapsaran. Tampoco que el festival se abriera al público. No hubo incidentes y todo el público estuvo en la misma onda. Fue el comienzo de una era y eso es irrepetible. Fue un cúmulo de circunstancias donde todo lo que tenía que haber salido mal, salió bien', asegura Fricke.

Pero, además de ese 'accidente circunstancial', Fricke piensa que tampoco es necesaria su conmemoración, especialmente si se hace cada decenio: 'Woodstock fue un hito, devaluado por la forma en que se ha comercializado su memoria', explicó después de recordar que en 1994 y en 1999 se celebraron sendos conciertos de aniversario.

'Estuve en esos conciertos y las sensaciones eran muy diferentes. Todo había cambiado. En Woodstock 69 casi todo era gratis y había facilidades. En aquellos, hasta el agua era cara'. Con esta frase denuncia el proceso de aburguesamiento que sufre la memoria de Woodstock. Un aburguesamiento que choca con el espíritu hippie que inundó las praderas de Bethel Woods y cuyo nombre sirvió para bautizar uno de los acontecimientos culturales más importantes de la segunda mitad del siglo XX.

En opinión de Fricke, hoy en día los promotores musicales no arriesgan como hizo Lang en su día. 'Ahora se financian festivales más comerciales en los que el retorno de la inversión está más asegurado', comenta.

Precisamente, lo único que fue un desastre (literal) fue el capítulo económico. Perdieron más de un millón de dólares, que recuperaron gracias a 3 Días de Paz y Música, el documental que ganó un Oscar en 1970 y, por ese motivo, nadie parece extrañarse por la cancelación del concierto de aniversario que se iba a celebrar en Nueva York, una de las ciudades más castigadas por la crisis financiera. Fricke destaca que muchos de los artistas que participaron en el macroconcierto siguen en activo y pueden ser vistos a lo largo del año en otros lugares, así que sus seguidores tampoco tienen la necesidad de ir a verlos imperiosamente a un determinado concierto. 'Además, ahora tampoco se dan las condiciones que había entonces y que facilitaron la preparación de aquel concierto', comenta. Entre ellas, las medidas de seguridad, más restrictivas en la actualidad.

El director del Centro para las Artes y Museo de Bethel Woods, Wade Lawrence, organizador del concierto para 15.000 personas que se celebrará junto al lugar donde transcurrió el histórico y que el miércoles 6 de agosto aún tenía entradas a la venta, coincide con Fricke. Cree que es imposible repetir el Woodstock de 1969, porque hoy 'la gente no es la misma y la época tampoco'. Entre las principales diferencias con entonces, el director señala que 'la gente ahora es muy violenta', otra actitud completamente opuesta al espíritu pacífico del movimiento hippie.

En efecto: el festival conmemorativo de 1999 acabó con una avalancha de denuncias por robos y violaciones, saqueo de tiendas y destrucción de cajeros automáticos. Por eso, Lawrence ha preferido organizar su festival conmemorativo ' de forma más íntima' con la actuación de grupos que estuvieron en 1969, pero que quizá no son las bandas más conocidas ni las que más gente mueven.

Bajo el título de Héroes de Woodstock, Bethel Woods ha reunido a Levon Helm Band, Jefferson Starship, Ten Years After, Canned Heat, Big Brother and the Holding Company, Mountain, Tom Constanten y Country Joe McDonald. Junto a las actuaciones, los espectadores podrán pasearse por una exposición de artistas artesanos: hippies de toda la vida, de esos que hacen pulseras con cuero o pintan el cuerpo con alheña. Ahí sí se respirará el viejo ambiente de Woodstock, o al menos eso esperan.

Pero que el Woodstock original no se pueda repetir no significa que no pueda haber macrofestivales alternativos. Tanto Fricke como Lawrence ponen como ejemplo a Bonnaroo, que se celebra anualmente en Tennessee y en el que este año tocaron Bruce Sprinsteeng y Elvis Costello. Hoy, Woodstock parece tan irrepetible como el viaje a la Luna. Es el reflejo de una época y quizá, por ese motivo, como explica Fricke y como trata de hacer Lawrence en su museo, 'Woodstock está bien donde está, en el recuerdo'.