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Entrevista a Pablo Berger “En la Universidad todos éramos muy progres, pero luego no hemos cambiado nada”

El cineasta inventa un mundo de estética choni, colores brillantes y machismo en el extrarradio de Madrid en Abracadabra, su nuevo ‘cuento’ cinematográfico, contrapunto de su anterior 'Blancanieves'.

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Pablo Berger, con los actores en el rodaje.

Una sesión de hipnotismo en la 'disco' de un pueblo hace treinta años ha sido el resorte que ha disparado la imaginación de Pablo Berger, creador ahora de un mundo de colores chillones, con mucho ruido y estética choni en el extrarradio de Madrid. El universo de su nuevo 'cuento' Abracadabra.

Contrapunto de la anterior Blancanieves–cine mudo en blanco y negro, ambientado en los años 20-, su nueva película es una historia de hoy, de una familia de barrio, desde la que el cineasta habla del machismo y la violencia de género, de la incultura, la adolescencia… Pero con idéntico mimo y trabajo que los entregados a sus otros dos largos. Antonio de la Torre, Maribel Verdú, José Mota y la jovencísima Priscila Delgado son los protagonistas.

Abracadabra es una comedia en la que Berger aprovecha el cine de terror, el fantástico, lo surreal, lo esperpéntico… Para retratar "la España del siglo XXI" y algunas de “las cosas que no me gustan”. Carmen es un ama de casa dedicada a la familia, Carlos, su marido, es un cafre que le pide las cervezas a gritos, que vive obsesionado con el Real Madrid y con la ropa que se pone la 'niña', una adolescente de trece años. En una boda, dispuesto a reventar una sesión de hipnotismo, le sale el tiro por la culata y le posee un espíritu. Al día siguiente, lleva el desayuno a su mujer a la cama y se pone a pasar la aspiradora como si lo hubiera hecho toda la vida. Ella, atónita y gravemente preocupada, empieza a investigar qué es lo que ha pasado.

El lema que acompaña a la película es "Estás bajo mi poder", lo dice el hipnotista, pero ¿a usted le sirve para hablar del machismo y del maltrato?

Así es. El machismo es un tema muy importante en la sociedad y esa frase, sin duda, habla sola. El personaje que hace Maribel Verdú, Carmen, es el de una mujer hipnotizada por un marido abusador, bruto, un macho ibérico de libro, deleznable. Pero ella tiene una especie de síndrome de Estocolmo. Me parece importante utilizar el humor para temas con carga, creo que todos los temas se deben tocar a través del prisma del humor. Si esta película es una lasaña, el machismo es una de sus capas.

¿Otra es la incultura?

Sí, la película intenta ser reflejo de la sociedad del siglo XXI. El primer plano es de colmenas de edificios, con miles de ventanas. Érase una vez un barrio en el extrarradio de Madrid donde había una familia. Eso me sirve de espejo de la sociedad. Si ves la programación de televisión y la publicidad, hay muchas cosas que no me gustan. Quería cierto realismo de esta España del siglo XXI, pero con mucha libertad estética para divertirnos. En la película es la clase trabajadora, pero podía ser gente del barrio de Salamanca.

Carlos, el personaje del marido, es poseído por un espíritu en una sesión de hipnotismo y empieza a portarse de forma insólita…

El personaje de Tito, el espíritu que posee a Carlos, ocupa el rol del hombre modelo. Es delicado, escucha, hace las tareas de la casa. Es el que abre los ojos de Carmen y la hace ver que las cosas pueden ser de otra manera.

Fotograma de 'Abracadabra'.

Es un esquizofrénico, ¿quiere decir con ello que los que están mal no son los que nos dicen?

Claro, ¿quién es el loco aquí? ¿quién es el malo y quién es el bueno? Quiero que el espectador tome partido. Por otro lado, yo he convivido con enfermos mentales y he intentado tratarlo con el máximo respecto. No hay que estigmatizar a nadie.

Su nueva película es una historia de hoy, de una familia de barrio

Ella se queda atónica cuando ve a su marido pasando la aspiradora. ¿Tan difícil es creer en el cambio?

Ese es un momento clave en la película, porque el espectador ahí se da cuenta de lo ridículo que es el machismo. ¡Es tan ridículo y es tan obvio que las mujeres y los hombres somos iguales! Y, sin embargo, tenemos que seguir luchando. En la Universidad todos pensábamos que éramos pogres y luego no hemos cambiado nada. Ojalá esos roles machistas y esa educación de siglos no tenga que vivirla mi hija como lo ha vivido mi generación y la de mi madre.

Torremolinos 73, Blancanieves y ahora Abracadabra, no tienen nada que ver y, al mismo tiempo, están conectadas unas con otras…

Son películas hermanas, todas han sido deseadas y todas han nacido como un alien. Son historias que he querido contar y que he hecho con libertad. Las tres comparten ingredientes: la emoción, el humor y la sorpresa. Por otro lado, claro, son películas diferentes. Torremolinos 73 tenía colores saturados y era mi dilema ‘el cine o la vida’, ¿es más importante tener un hijo o hacer una película? Blancanieves era mi pasión por el cine mudo, en blanco y negro, la niña tenía nueve años como mi hija a la que contaba cuentos entonces. Abracadabra son preocupaciones contemporáneas, el reverso de Blancanieves, con colores chillones, ruidosa, una comedia.

¿Qué otras preocupaciones contemporáneas, además del machismo?

Quería hacer una comedia muy seria y hablar de algunos temas. Los directores, por si estamos haciendo nuestra última película, intentamos hablar de todas nuestras obsesiones. Quería hablar además de la violencia de género, de la adolescencia, yo tengo una hija adolescente, eso también me preocupa, y quería hacer a Madrid protagonista. Son ingredientes de un cóctel que agitas e intentas servir en copas preciosas para que le guste al espectador.

Hay otro ingrediente en todas sus películas, el riesgo.

Sí, para mí cada película tiene que ser un triple salto mortal, tiene que haber riesgo. Por eso intento ir en sentido contrario del que se espera. He podido encontrar un hueco y ya sabes, como con los ordenadores, si algo te funciona, no lo toques.

Fotograma de 'Abracadabra'.

La estética choni de la película está trabajadísima, ¿lo elegante no siempre es lo mejor?

"¡Es tan ridículo y es tan obvio que las mujeres y los hombres somos iguales!"

No, lo elegante no siempre es lo bueno. Cada uno debe vestirse y llevar el pelo como desee. El cine es un arte visual y yo intento escribir en imágenes. Los diálogos son la crema, lo visual es el pastel. El trabajo de vestuario con Paco Delgado es un elemento fundamental. Carmen es una mujer deprimida, aunque ella no lo sepa, y su Prozac es ir al mercadillo a comprarse leggins de leopardo, brillos… Es lo que la hace feliz. La ropa que lleva en la película es toda de mercadillo. Para Antonio era esencial el conjunto camisa, chándal y zapatos. Con el que más nos hemos divertido ha sido con el personaje de José Mota, nuestro ‘viejoven’, el metrosexual de barrio.

Bueno, el traje del novio del principio…

Existe y cuesta miles de euros. Vimos muchos vídeos de bodas de gitanos. Pero es que ahora las bodas son todas como las carreras de Ascott, da igual Móstoles que La Moraleja. Pero hemos trabajado lo mismo que con Blancanieves, solo que entonces estudiamos a Fortuny, a Solana, Romero de Torres…

Aquí ha hecho una comedia en la que juega con muchos géneros, ¿la intención es sorprender?

No me gustan los géneros puros, aquí hay un poco de surrealismo, de fantástico, de esperpento… Sí, todo eso me ayuda a sorprender. Quiero que la película sea como un tren de la bruja, que te divierte y te asusta.

Desde Los Pajaritos y Camilo Sesto a las composiciones de Alfonso de Vilallonga, ¿en qué le ayuda más la música?

Me ayuda a subir y bajar el tono, a contrarrestar. Para mí, el sonido es fundamental. He dedicado seis meses a crear las atmósferas de la película. Yuko Harami, mi mujer, es la editora musical, hemos trabajado mucho.

España siglo XXI, ¿qué daño ha hecho el fútbol, no?

Cómo se nota que no soy futbolero. Que la gente vaya más al cine y no tanto al fútbol.