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Nuria ilumina el 1.500

La madrileña encuentra el hueco en la recta final y logra su primer gran triunfo a los 33 años. Natalia Rodríguez logra el bronce en una carrera que fotocopia el éxito de Casado y Olmedo en la misma distancia

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'El atletismo es a la vez agradecido y desagradecido'. Lo dijo Nuria Fernández nada más tocar la gloria. Ella lo sabe bien. Acostumbrada a estar en un segundo plano, a caer eliminada, a estar a la sombra de Natalia Rodríguez, a progresar poco a poco de la mano del técnico Antonio Postigo en sus primeros tiempos. La madrileña de Torrejón hizo ayer la carrera de su vida. Fue a más en la última curva, buscó el hueco y lo encontró. Medalla de oro.

Siempre ha sido una atleta de ritmo. Fuerte, con una zancada algo trabajosa, girando demasiado las caderas, pero con mucha potencia, con pies que impulsan como pocos. Estaba muy fina, con ese rostro afilado que presentan los atletas cuando están muy en forma. Nuria Fernández, a punto de cumplir ya 34 años, es la mujer de verbo fácil y alegría contagiosa que jaleaba y animaba el año pasado a Natalia a que diera la vuelta de honor en los Mundiales de Berlín. Allí fue cuarta, un dato que pasó casi desapercibido en medio del tumulto por la descalificación de la tarraconense. Pero el atletismo no engaña. En Alemania demostró estar en la élite mundial. Y ayer lo confirmó. Y aún no ha dejado de bailar.

Nuria necesita carreras como la de ayer, rápidas y limpias

La rusa Alminova era una de las grandes favoritas. Es un atleta a la que le favorecen las carreras rápidas pero sorprendió que se decidiera a tirar del grupo tan pronto. Y tan fuerte. Pasó la primera vuelta en 1:03.6. Un ritmo muy elevado.

Natalia y Nuria marchaban en el grupo, quizá algo retrasadas, sexta y séptima, pero dando la sensación de estar muy pendientes de lo que sucedía en la cabeza. Alminova seguía tirando, pero con menos intensidad. Cubrió la segunda vuelta en 1:05.4 y la tercera en el mismo crono, exactamente.

Natalia Rodríguez ha tenido un año lleno de dudas y altibajos

La guerra se desató en la contrarrecta. Alminova resistía, Natalia progresaba con mucha fuerza en la curva. Pero al entrar en la recta final, donde las fibras musculares se cargan de acidez, se igualaron todas. Entonces surgió Nuria, que se veía cada vez más adelantada, sin esperarlo.

Nuria sacó a relucir ayer la mayor velocidad de toda su vida. Vió el espacio y se lanzó a él, con olfato de ganadora, de killer. Cazó el oro. Con claridad. Realmente la carrera se ajustaba perfectamente a sus condiciones. La madrileña necesita que las carreras sean limpias y rápidas. Su velocidad final necesita estar lanzada. No es una atleta de cambio seco en una carrera lenta. Es una corredora que necesita un ritmo vivo desde el principio. Para desgastar el final de sus rivales.

Natalia Rodríguez se lanzó a por el bronce y lo enganchó. Quizá le sepa a poco porque el año pasado quedó catalogada como la número uno del mundo en la distancia, pese a su descalificación berlinesa. La tarraconense ha tenido un año lleno de dudas y altibajos, con enfermedades y falta de continuidad en los entrenamientos.

La victoria de Nuria y el bronce de Natalia fotocopian los resultados que lograron Casado y Olmedo el viernes. También completa el éxito de los atletas madrileños en estos campeonatos. Arturo Casado, Chema Martínez, Jesús España y Nuria han firmado en estos Europeos el éxito del grupo del INEF, los atletas que se entrenan en las pistas del CASR de Madrid.

El 4:00.20 de Nuria es récord personal. Es el momento de buscar una carrera con liebres para derribar el muro de los cuatro minutos.