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Banca española La banca española lleva ocho años echando a 200 trabajadores cada semana

Bancos, cajas de ahorro y cooperativas de crédito han recortado más de 81.000 puestos de trabajo y cerrado 17.000 sucursales tras la crisis y el rescate.

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Las entidades financieras españolas han realizado duros ajustes de plantilla en los últimos ocho años como consecuencia de la crisis y del rescate.

La banca ha recortado un 30% de sus plantillas y cerrado casi la tercera parte de las oficinas en los últimos ocho años, en un proceso de decrecimiento que se intensificó a partir de la millonaria operación de rescate con fondos públicos iniciada en 2012 y que tuvo efectos especialmente destructivos en las plantillas de las antiguas cajas de ahorro, que perdieron casi 34.000 trabajadores solo en el cuatrienio 2012-2015.

El proceso de fusiones y absorciones de las cajas, antes y después de su bancarización, ha eliminado más de medio centenar de marcas del mercado financiero español, un sector cuyo volumen de negocio ha menguado por el desplome del crédito y por las necesidades de saneamiento que sigue teniendo, y cuyas estructuras de locales y plantillas resultaron ser excesivas para las nuevas dimensiones de las entidades.

La cifra de 189.280 empleados que al cierre de 2016 sumaban los bancos, cajas de ahorro y cooperativas de crédito españolas refleja, según los datos de la Agrupación de Banca de CCOO, un recorte de 81.605 puestos de trabajo frente a los 270.885 de 2008: un ritmo de 196 bajas semanales que ha conllevado una pérdida de empleo de mayor volumen que el aumento registrado en los 33 años anteriores, en los que llegó a sumar 63.198 bancarios a los 207.687 iniciales.

Más de 50.000 despidos en las cajas

Por sectores, entre 2008 y 2015 los bancos españoles recortaron 16.602 empleos que suponían una séptima parte de sus plantillas (el 14,4%). El grueso de esos ceses (13.465) se produjeron a partir de 2012 y redujeron el volumen de empleo a 98.527, en la primera ocasión en la que los bancos ocupaban a menos de 100.000 personas.

Las cajas despidieron en esos siete años a 53.355 empleados (39,6%) para dejar sus plantillas en 81.431, un nivel similar al de finales de los años 80, mientras las cooperativas de crédito suprimían 2.828 (13,5%) para caer a 18.112.

Ese recorte de personal ha ido paralelo a una reducción de los centros de trabajo. Según la misma fuente, entre 2008 y 2016 las entidades financieras cerraron 17.019 oficinas para reducir su cifra a 28.861.

"Vamos a un oligopolio con exclusión"

“La concentración de entidades financieras, además de suponer una pérdida de empleo, nos está llevando a un oligopolio bancario, a la existencia de menos competencia, y está también provocando una mayor exclusión financiera de una parte de la población”, señala Joan Sierra, responsable de la Agrupación de Banca de CCOO.

Para Sierra, “en el sector financiero español no sobra plantilla”, ya que sólo en tres países (Eslovaquia, Estonia y Finlandia) es menor el número de empleados de banca por cada 10.000 habitantes. Esa situación convive con uno de los parques de sucursales mejor dotados de Europa, lo que genera conflictos laborales.

“En España hay más oficinas, pero están dotadas con menos plantilla”, señala Sierra, que destaca que “las prolongaciones de la jornada laboral mediante horas extras, que no se pagan, son generalizadas” por la combinación de esa política de personal con una “desorbitada presión comercial” que hace que “no se pueda atender todo el trabajo durante la jornada laboral establecida en los convenios”.

590 bajas en Ibercaja

La banca es uno de los escasos sectores cuyas estrategias de reducción de plantillas, normalmente basadas en ofertas económicamente apetecibles para sus trabajadores y en planes de prejubilación que en la práctica permiten retirarse con menos de 60 años, discurren al margen de factores como la vigencia de la reforma laboral, cuya eventual derogación o modificación sí ha llevado al resto de la gran empresa a acelerar sus recortes.

De hecho, algunos bancos mantienen abiertos de manera permanente programas de bajas incentivadas, lo que indica que el proceso de reducción de plantillas en el sector bancario no parece llevar camino de detenerse.

Más bien al contrario. Esta misma semana, la dirección de Ibercaja y los sindicatos cerraban un acuerdo para ejecutar un ERE (Expediente de Regulación de Empleo) que conllevará la salida de 590 empleados y el cierre de 140 sucursales. Es su cuarto ajuste en cuatro años, que, entre rumores de absorción por uno de los ‘grandes’ y de una salida a bolsa que no acaba de arrancar, sitúa el recorte de la plantilla en unas 1.200 personas tras la absorción de Caja3.

Entidades rescatadas

Los recortes de plantilla provocados por los procesos de fusión y reestructuración van a continuar. Así, para los próximos meses se espera el inicio de las negociaciones de los ERE previos a la fusión de Bankia y Banca Mare Nostrum (BMN), ambas controladas por el FROB tras su rescate y cuya venta prevé acometer el Gobierno en menos de tres años.

La fusión sumará un conglomerado de más de 17.000 trabajadores y 2.500 oficinas procedentes de dos grupos con fuerte implantación en el litoral mediterráneo y en Madrid que ya han recortado su plantilla, respectivamente, en más de 5.000 y en más de 600.

Otros como BBVA mantienen abierto un programa de incentivos para añadir 500 despidos a los 1.500 que llevó a cabo tras la absorción de Catalunya Bank, la antigua Catalunya Caixa.

Sin nuevas fusiones ni absorciones

Aunque no solo las entidades que aparecen en las quinielas para fusiones y absorciones están ejecutando recortes de plantilla.

Asi, el Popular está cerrando un ajuste de más de 2.500 trabajadores que supone el flanco laboral de las intensas turbulencias que la entidad viene atravesando en los últimos meses. El acuerdo contemplaba 2.592 bajas, para las que se presentaron voluntarios más de 3.000 trabajadores.

Su reducción de plantilla se suma a la de bajas incentivadas con la que el año pasado el Santander despidió a un millar de trabajadores, a los 850 ceses de Banco Ceiss (650 voluntarios) y a las más de 400 de CaixaBank.

Y, al mismo tiempo, precede a otros despidos colectivos como el que baraja acometer Unicaja antes de salir a bolsa.