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El año con menos incendios de la década

La muerte de 11 personas en Guadalajara en 2005 dio un vuelco a las medidas de prevención

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La muerte de 11 miembros de un retén antiincendios en Guadalajara, en 2005, puso patas arriba la política forestal de España. El fuego arrasó 12.700 hectáreas y, al día siguiente de su extinción, el 22 de julio, el Consejo de Ministros aprobó de urgencia el Real Decreto Ley 11/2005. Este prohibió, durante los meses de verano, la utilización de maquinaria agrícola, la quema de rastrojos y pastos, o la utilización de barbacoas en el campo, como la que prendió el trigal donde arrancó la tragedia de Guadalajara, entre otras medidas.

Seis años después, la superficie quemada entre el 1 de enero y el 18 de septiembre es un 75% inferior al dato de 2005, según el último informe del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino. La estadística indica que 2011 está siendo el año con menos terreno arrasado de la última década: 41.279 hectáreas (la media por estas fechas es de 104.861). Pero no se trata de un dato puntual: en el último quinquenio, la superficie total quemada no representa ni la mitad de lo que ardióen los cinco años anteriores.

Con la perspectiva de los años, los expertos señalan el incendio de Guadalajara el más trágico de España desde que hay registros como el gran punto de inflexión. 'Desde entonces, ha habido más persecución de los incendiarios, concienciación, medidas preventivas y eficacia en la extinción', valora el decano del Colegio de Montes, Carlos del Álamo.

El año 2005 fue, por otra parte, el más caluroso desde 1945. El riesgo de propagación de un incendio se dispara cuando se cumple la regla 30-30-30 (más de 30º de temperatura, 30 kilómetros por hora de viento y menos de 30% de humedad).

Sin embargo, el descenso de superficie quemada en los últimos años no se debe sólo a una meteorología más favorable. Además del control de la propagación, también se han reducido los brotes, un 56%. Dado que el 95% de los incendios se deben a negligencias o fuegos provocados, la moderación y el control de la actividad humana es lo que explica el descenso de los conatos, recuerda Del Álamo. 'Pero a los incendiarios no les afecta que se prohiban las barbacoas. Estas son medidas más enfocadas a las posibles negligencias', opina.

En este sentido, el portavoz de Ecologistas en Acción, Raúl Navarrete, pone el ejemplo de quienes provocan incendios con fines de especulación urbanística. No obstante, este colectivo ha reducido su actividad como consecuencia del pinchazo inmobiliario.

Por otra parte, cuando se produce un conato, la rapidez de la primeras intervenciones ha menguado el porcentaje de conatos que logra arrasar más de una hectárea. El de Guadalajara brotó de una brasa descuidada con 30-30-30, no se logró atajar a tiempo y terminó afectando a 13 pequeños pueblos (cuatro de ellos tuvieron que ser desalojados) a lo largo de cinco fatídicos días.

El testimonio del único superviviente del retén de las 11 víctimas, Jesús Abad, que relató cómo una lengua de fuego había caído sobre sus compañeros, disparó la sensibilidad de la opinión pública. A este factor, el de la sensibilización, el Gobierno unió el aumento de las sanciones (multas económicas o pérdida de puntos si se lanza una colilla desde el coche, por ejemplo).

El Real Decreto Ley obligó a las comunidades autónomas a aplicar la nueva normativa, pero su repuesta fue dispar. Galicia, la comunidad donde se registran más fuegos cada año, 'es una de las que más se ha implicado en la lucha antiincendios', señala Del Álamo.

La reducción de los siniestros conlleva, sin embargo, una paradoja: la biomasa forestal acumulada en los bosques podría provocar un gran incendio si se dan condiciones adversas para el trabajo de los servicios de extinción. Los expertos consultados coin-ciden en esta tesis y señalan la importancia de limpiar el material combustible y desarrollar más las políticas de prevención.

'De lo contrario, cuanto más éxito tengamos en evitar que ardan los bosques, más posibilidades habrá de que se produzca un gran incendio que afecte a varias provincias', advierte Artemi Cerdá, catedrático de Geografía Física de la Universitat de València. 'El fuego es parte de nuestro ecosistema y tenemos que aprender a utilizarlo, para quemas controladas', defiende Cerdá.

Las fórmulas de prevención que reivindican los colectivos ecologistas van desde la creación de pequeños fuegos controlados en invierno para aclarar zonas, hasta la potenciación de las labores de pastoreo y agricultura, especialmente en los valles, donde el fuego encuentra veloces corredizos.

'Los rebaños de ovejas y cabras se comen la pequeña vegetación, mientras que los campos agrícolas frenan en seco el avance del fuego', explica David Moreno, concejal de Riba de Saelices (Guadalajara), el pueblo donde se originó el incendio de 2005.

Moreno vincula el abandono de la España rural y la migración a las grandes ciudades con la falta de cuidado de las superficies forestales. Hay zonas de Soria, Cuenca, Teruel o Guadalajara en las que la despoblación ha dejado densidades demográficas más bajas que la de Siberia. Y, con ello, el descuido de sus montes.