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Embajador de Venezuela: "El futuro del chavismo es liderazgo colectivo"

El embajador de Venezuela en Madrid está convencido de que el legado bolivariano de Chávez tanto en su país como en toda América Latina podrá ser desarrollado por los nuevos líderes surgidos de un proyecto pol&iac

CARLOS ENRIQUE BAYO

En Madrid, Venezuela tiene un embajador de convencida trayectoria chavista que se ha bregado en la más difícil misión diplomática de su país: la de EEUU, que dirigió durante los años más duros de enfrentamiento entre Caracas y Washington, desde 2003 hasta diciembre de 2010, cuando finalmente fue expulsado como represalia por la negativa de Hugo Chávez a aceptar al conservador Larry Palmer como embajador estadounidense. De ese difícil puesto, Bernardo Álvarez Herrera ya se había tenido que retirar durante un año (2008-2009) cuando los dos países interrumpieron sus relaciones.

A sus casi 57 años, Álvarez tiene una dilatada carrera académica (es profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Central de Venezuela desde 1982) y política (ha sido viceministro y director general de Hidrocarburos), pues ocupó un escaño parlamentario del 94 al 99, ejerciendo de vicepresidente del Comité de Defensa y de presidente del de Energía y Minas.

Habló con Público justo antes de irse hacia Barajas para volar a Caracas a participar en las honras fúnebres del presidente Chávez.

¿Cómo va a superar Venezuela este trance?

Para el pueblo venezolano se va más que un presidente. Para un porcentaje muy alto del pueblo, sobre todo del pueblo pobre, humilde, se fue su presidente; el hombre que rescató la política para ellos y los puso a ellos en el centro de la política. Para ese pueblo, es un dolor mucho mayor que el normal en un trance así.

¿Cuál es el principal legado de Chávez?

Chávez vivió rápido, se fue rápido... Los 58 años, para un líder político es una edad estelar todavía; muchos han emprendido grandes batallas y grandes hechos políticos a esa edad. Pero él nos deja un legado que es el presente, porque logró cosas también rápidamente, en términos históricos. Logró pasar de estar solo en 1998, junto a Cuba, rodeado de gobiernos que propugnaban una doctrina de globalización y no de integración latinoamericana, a impulsar la creación de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) que hoy en día la gobierna una troika formada por Chile, Cuba y Venezuela, algo impensable cuando él llegó al poder.

El avance durante su mandato en términos de integración ha sido gigantesco y con ello vino el fin de la guerra fría, porque nosotros durante muchísimos años seguimos viviendo una suerte de mini-guerra fría en América Latina. Siempre con el hostigamiento hacia Cuba y de otras formas: la última fue el Gobierno de Uribe, que creó una especie de mini-guerra fría entre Colombia y Venezuela, que nos llevó incluso a situaciones prebélicas. La intervención militar en Ecuador de las Fuerzas Armadas de Colombia desató una situación crítica, cuya resolución fortaleció el Unasur (Unión de Naciones Suramericanas). Y hoy el presidente [colombiano] Santos, desde su posición política que respetamos, es un hombre comprometido con la integración latinoamericana y con la colaboración con Venezuela.

Todo ello muestra sin lugar a dudas, y eso lo reconocen hasta nuestros más acérrimos adversarios, que el presidente Chávez jugó un papel estelar en todos los procesos de integración latinoamericana, desde el Alba al Unasur, o la Celac.

¿Cómo va a ser la sucesión de Chávez? ¿Por qué la dirige Nicolás Maduro, si la Constitución dispone que sea el presidente de la Asamblea el que asuma la jefatura interina del Estado?

Es que Chávez designó vicepresidente ejecutivo a Maduro. Claro que Chávez indicó a sus colaboradores y seguidores que él consideraba que debía ser el próximo candidato presidencial en caso de que fuese necesario. Fue su última voluntad pública... Pero también lo había nombrado vicepresidente ejecutivo, y Maduro cuenta con esas funciones.

En el Artículo 233 de la Constitución de Venezuela, en el último de sus párrafos, el tercero, se establece que la ausencia absoluta del presidente será suplida por el vicepresidente, quien asumirá la Presidencia hasta que haya elecciones. La Corte Suprema de Justicia dictaminó en enero que había continuidad en el Gobierno, es decir que el vicepresidente ejecutivo seguía siéndolo en el nuevo periodo tras las elecciones. Así que Maduro podía asumir la Presidencia -ayer mismo firmó un decreto presidencial- y presentarse a las elecciones.

Lo fundamental es que se van a hacer elecciones y que cualquier duda que exista debe ser aclarada por el Tribunal Supremo de Justicia en su Sala Constitucional. Pero ya hay una provisión en el Artículo 233 que dicta que en caso de muerte del presidente antes de los cuatro años de gobierno, asume el vicepresidente.

¿Pero se puede aplicar ese artículo aunque el presidente no haya jurado su segundo mandato?

 La interpretación que hizo la Corte es que ese trámite se podía hacer posteriormente, y que no hacerlo, que el hecho de no efectuar el acto formal de juramentar por alguna fuerza mayor, no interrumpe la continuidad de la Presidencia ni impide que haya un nuevo Gobierno. Claro, porque en este caso se trata de un presidente reelecto, no de uno recién elegido por primera vez. Si no se hubiese tratado de un Gobierno reelecto, las cosas habrían sido muy distintas, ya que el presidente no hubiese podido nombrar vicepresidente ejecutivo.

La circunstancia que le da un carácter particular a la situación es que se trata de un proceso de reelección y que es el mismo presidente. Por eso la Corte sentenció que hay continuidad.

¿Va a ser impugnada esa circunstancia?

En estos días, todos los venezolanos, y sobre todo una mayoría del pueblo, estamos volcados en una situación de respeto, de encuentro y de acompañar al presidente hasta su última morada. Y ya después, muy rápidamente, la Constitución establece los siguientes pasos; y si hay alguna duda el Tribunal lo despejará.

Nuestro Consejo Nacional Electoral tiene plena capacidad para llevar este proceso de manera transparente, como ha demostrado antes, de forma que nadie está poniendo en duda su papel; ni siquiera la oposición, porque el Consejo le ha hecho las elecciones primarias a la oposición. Por tanto, cuenta con la máxima credibilidad.

¿Qué opinión le merece Henrique Capriles? ¿Cree que será de nuevo el candidato de la oposición?

 Creo que el problema que tiene la oposición es que es extremadamente variada: va desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha. Jóvenes, nuevos y viejos líderes, nuevos y viejos partidos... y básicamente lo que los ha unido es su oposición al presidente Chávez, que era quien permitía unir a tan variopinta amalgama política. Además, hubo ocasiones en las que no jugaron las bazas democráticas cabalmente, como cuando decidieron no presentarse a unas elecciones parlamentarias, lo cual era como un desafío a la legitimidad del sistema.

Luego volvieron al sistema político y algunos de ellos se han dado cuenta de que Venezuela cambió y de que ahora el pueblo tiene conciencia y el país ha recobrado la dignidad, el control de sus recursos naturales... además, esos nuevos socialismo, nacionalismo y regionalismo latinoamericanos no son sólo de Venezuela, sino de todo el continente. Se trata de una nueva realidad.

Antes ellos veían a Chávez y al chavismo como un mero accidente, que pronto se iba a desmoronar. Y ahora se dan cuenta de que es una realidad. Las encuestas en Venezuela dicen que actualmente un 46% de la población se identifica con el socialismo. Eso es absolutamente novedoso. En América Latina el socialismo nunca había pasado del 6% o 7% de seguimiento popular... incluso había un partido, el MAS, que siempre hablaba del 'histórico seis por ciento'. En cambio, ahora la población se siente identificada con las ideas socialistas.

¿Cómo es ese socialismo chavista?

Se trata de un socialismo nuevo, que habla de la solidaridad, de la complementariedad, del humanismo, de la justicia social, de colaboración social en lugar de relaciones competitivas... Una visión completamente distinta de las relaciones sociales, y por supuesto de las relaciones del Gobierno con el pueblo. Eso es el chavismo.

¿Qué familias o corrientes hay dentro de ese chavismo?

Los orígenes del chavismo son variados: desde sectores de la izquierda a sectores que se desprendieron de alguno de los partidos, también el pueblo que comenzó a organizarse... Por ejemplo, yo vengo de un partido que se llamaba Patria para Todos. Pero nos unió el liderazgo de Chávez, nos unió un programa, nos unió un partido.

Ahora nos toca a nosotros desarrollar un liderazgo que tiene que ser más colectivo porque no es posible repetir a Chávez. Pero él dejó las bases muy claras, aparte del coraje de dar esa batalla por su salud y no retirarse a la vida privada ante la enfermedad. Él decía que había perdido el derecho a seguir como un ser individual, porque tenía que dar prioridad a lo que él había ayudado a desatar.

Chávez clarificó el camino sobre quién debería hacerse cargo de la dirección, pero presentándolo siempre como un liderazgo colectivo. Por ejemplo, el liderazgo político en Venezuela es civil y militar; no es solamente de dirigentes civiles, sino que también los hay del mundo militar que pese al principio de la subordinación no son unos eunucos, sino que tienen criterio...

Sin embargo, precisamente como el chavismo era tan personalista y tenía un liderazgo tan concentrado en un dirigente tan carismático, ¿no va a ser difícil asumir esa nueva forma de dirección colectiva?

Yo soy muy optimista. He podido ir a Venezuela frecuentemente y he visto cómo es la situación allí. Tenemos veinte gobernadores de Estado, pues ganamos en 20 de los 23 estados en las elecciones del 7 de octubre, y ahí hay un liderazgo extraordinario: gente con trayectoria, con mucho arraigo en sectores importantes del país.

El liderazgo de Chávez fue tan fuerte que nos permitió generar un programa y un partido que todos compartimos. Esos son dos elementos centrales para llevar esto adelante. El liderazgo de Chávez no es sustituible, porque él es un símbolo, un espíritu que está ahí, y nos toca ahora a nosotros, con esa inspiración, llevar el proceso hacia adelante. Y vamos hacia un liderazgo mucho más variado, con dirigentes que ya existían pero que ahora van a tener más visibilidad.

Eso no significa que no haya disciplina ni que la gente no sepa que hay que seguir la conducción política, que está definida. Nicolás Maduro asume el liderazgo, y lo asume desde el Gobierno...

¿Hay dudas de que Maduro pueda estar a la altura de la tarea que hay por delante?

Somos optimistas y creo que Chávez nos formó muy bien, a todos. Si alguien tuvo la oportunidad de tener una gran cercanía con él y es consciente de la responsabilidad que hay que asumir, ése es Nicolás Maduro.

Por supuesto que los ataques de los adversarios, tanto los democráticos como los que quieren una desestabilización de Venezuela y siguen esperando una implosión del chavismo, tratan también de sembrar dudas sobre la supuesta división interna del chavismo, pero esa no es la realidad.

¿Y en América Latina, existe algún líder que pudiera ahora ponerse al frente de la corriente bolivariana en sustitución de Chávez?

En estos tiempos históricos para América Latina, una figura como Chávez era imprescindible. Y afortunadamente la tuvimos. Primero batallando solo, porque al principio era la única voz, juntamente con la de Cuba, claro. Pero ya hemos evolucionado tanto, hemos sembrado la idea de que el desarrollo latinoamericano no puede pasar por las ideas neoliberales, que la base de nuestra legitimidad está en la justicia social, en la revolución ciudadana, como le llama Correa, que hemos de rescatar nuestra soberanía y autonomía... Hemos frenado lo que siempre hemos considerado el intervencionismo de los Estados Unidos, en temas como la lucha contra el narcotráfico, la presencia militar, etc.

Antes, la cancha de juego pertenecía a los adversarios y hoy el terreno de juego es distinto. Los parámetros de la cancha son mucho más favorables a la construcción de estos nuevos modelos sociales. Y tenemos muchísimos líderes nuevos y muy buenos, como el propio Mujica, en Uruguay, o Cristina Kirchner, o el primer líder indígena del continente, Evo Morales. Y también en niveles inferiores, de gobernadores, de alcaldes... Esto lo empezó Fidel, que mantuvo ese faro de esperanza y de dignidad, y luego el presidente Chávez.

Pero vamos mucho más hacia el liderazgo colectivo, de coordinación y cooperación. Por primera vez, nadie está hostigando a nadie en América Latina. Durante muchos años, la revolución bolivariana fue hostigada desde dentro y desde fuera de la región. Hoy, por primera vez en cincuenta años, no hay ningún país de nuestra región hostigando a Cuba.

 

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