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Elecciones en Islandia Islandia celebra elecciones anticipadas con los conservadores como favoritos y la izquierda al alza

Los comicios culminan una campaña que ha estado marcada por los escándalos, como la política islandesa en los últimos años.

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Los líderes de los partidos políticos de Islandia participan en un debate televisado, ayer en Reykjavik. EFE

El conservador Partido de la Independencia del primer ministro Bjarni Benediktsson parte como favorito al triunfo en las elecciones de este sábado en Islandia, según los sondeos, en una jornada de pronóstico incierto y con la oposición de izquierda con opciones de poder formar gobierno.

Los colegios electorales permanecerán abiertos hasta las 22.00 horas GMT en los segundos comicios anticipados celebrados en un año, ambos por escándalos que afectan a la jefatura del Ejecutivo.

Los tres últimos sondeos difundidos la víspera de las elecciones sitúan al Partido de la Independencia como ganador con una ventaja de entre 3 y 8 puntos frente al Movimiento de Izquierda Verde y colocan a las formaciones de centro como árbitros para la formación de hipotéticas coaliciones de gobierno.

El Partido de la Independencia ha remontado los sondeos, que hace unos días aún colocaban por delante a los rojiverdes, amparado en su capacidad de arrastre -ha ganado todas las elecciones generales salvo las de 2009, tras la grave crisis económica- y las buenas cifras macroeconómicas.

Pero la caída de Futuro Brillante, al que ningún sondeo sitúa desde hace semanas por encima de la barrera mínima del 5 %, hace improbable reeditar la coalición con conservadores y el Partido Reformista que gobernó los últimos nueve meses y que ha sido el Ejecutivo de mayoría absoluta más breve en la historia de este país.

Si se confirma su triunfo, el Partido de la Independencia necesitará previsiblemente también el apoyo del Partido Progresista, tradicional aliado, y de una nueva formación, el Partido Centrista, una coalición que se presenta complicada, no tanto por diferencias políticas como personales.

El Partido Centrista es el nuevo proyecto del exprimer ministro Sigmundur David Gunnlaugsson, antiguo líder progresista, forzado a dimitir en abril del año pasado al descubrirse, a través de los papeles de Panamá, que había depositado casi 4 millones de dólares en bonos de bancos islandeses en una sociedad en las Islas Vírgenes.

Y aunque tienen apenas un mes de historia, los "centristas" aparecen bien colocados en las encuestas, por delante incluso del Partido Progresista, con cuyo líder Sigmundur David Gunnlaugsson no mantiene las mejores relaciones.

También complicadas parecen las opciones de los rojiverdes de liderar un Ejecutivo si se confirman los resultados que apuntan las encuestas: aparte de a la Alianza Socialdemócrata -que puede ser tercera fuerza un año después de tocar fondo-, necesitarían al Partido Pirata y a al menos una formación de centro.

Los "piratas" islandeses pueden vivir una situación paradójica: hace un año y medio los sondeos los colocaban como favoritos, pero al final tuvieron que conformarse con el tercer puesto, un resultado notable aun así; ahora, en cambio, parece que perderán votos y escaños, aunque pueden llegar al poder.

Campaña marcada por el escándalo

Las elecciones culminan una campaña que ha estado marcada por los escándalos, como la política islandesa en los últimos años.

A los comicios se llegó un mes y medio después de la ruptura de la coalición de gobierno al descubrirse que el jefe de Gobierno había ocultado que su padre recomendó que le fuera "restituido el honor" -una polémica figura legal abolida posteriormente por el Parlamento- a un amigo suyo condenado anteriormente por pederastia.

En mitad de la campaña se reveló que Bjarni Benediktsson pudo haber usado información privilegiada para deshacerse de activos por más de 1,3 millones de euros durante la crisis económica de 2008.

A petición de un holding bancario, que alegó uso de información confidencial, el Comisionado del distrito de Reikiavik aprobó un requerimiento para no permitir al diario informar más sobre el caso, una decisión muy criticada en Islandia.

Pero la polémica no parece haber sido suficiente para frenar la remontada de Bjarni Benediktsson, que se ha presentado como la garantía para impedir un gobierno liderado por la izquierda, a la que ha acusado de querer subir los impuestos.