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La guerra siria entra en su octavo año

El conflicto sirio entra en su octavo año coincidiendo con el progreso territorial de las tropas gubernamentales y aliadas en las últimas bolsas rebeldes del frente oriental de Damasco. El balance de los siete años trascurridos es desolador, aunque el problema principal es que no se puede hacer un pronóstico sobre cuándo llegará la paz y cómo será el futuro del país.

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Vista general de los edificios destruidos en un barrio de Duma, en Guta Oriental, el principal feudo opositor cerca de Damasco (Siria). EFE

Estos días de mediados de marzo se cumplen siete años del inicio de los disturbios que condujeron a la guerra civil en Siria. Siete años que han presenciado la muerte de entre 350.000 y 465.000 personas, 12 millones de refugiados y desplazados (la mitad de la población de Siria cuando se inició el conflicto), y más de un millón de heridos.

La causa directa del conflicto fue el estallido de las primaveras árabes en Túnez y Egipto, que unas semanas después se contagió a Siria. De hecho, las protestas en este país se desarrollaban desde hacía algunos meses impulsadas personalmente por el embajador de Estados Unidos, Robert Ford, quien viajó con frecuencia en las cuatro direcciones animando al levantamiento contra el gobierno de Damasco.

Otra circunstancia que pudo influir fue la gran sequía que se inició en 2006 y se prolongó hasta el inicio de las revueltas en 2011. La sequía forzó el éxodo de 1,5 millones de campesinos a las ciudades, especialmente a Damasco, un desplazamiento que hubo de sumarse al de refugiados iraquíes, otro 1,5 millones, no solo baazistas, que se establecieron en Damasco principalmente huyendo del caos de Irak.

La capital siria ha experimentado un enorme crecimiento desde el éxodo de iraquíes y se estima que hoy es una ciudad con más de 9 millones de habitantes. La mayor parte del crecimiento de Damasco se debe al éxodo desde otras partes del país de una población que ha buscado refugio en la capital, la ciudad mejor protegida de Siria, aunque no haya permanecido ajena a los bombardeos de los rebeldes.

En julio de 2011 se fundó el primer grupo rebelde armado, el Ejército Sirio Libre

No fue hasta julio de 2011 cuando se fundó el primer grupo rebelde armado, el Ejército Sirio Libre (ESL), una organización integrada inicialmente por algunos miembros del ejército sirio que desertaron, pero el ESL siempre fue una organización pequeña, pese a su gran resonancia en Occidente, con una incidencia limitada al principio del caos que se creó en varias zonas rurales.

Por ironías del destino, el ESL, que fue financiado y armado por la CIA y el Pentágono, combate hoy en el norte del país al lado de los turcos contra los kurdos, que a su vez son financiados y armados por la CIA y el Pentágono, e incluso cuentan con consejeros y soldados estadounidenses. Esta circunstancia es propia del conflicto sirio y lo define como una guerra donde no hay partes convencionales.
Que participaran en el conflicto los yihadistas era una cuestión de tiempo. Apenas unos meses después, los islamistas ya combatían al régimen en distintos puntos, pero la gran aparición del Estado Islámico en el norte y en el este no llegó hasta 2013. Sus espectaculares ajusticiamientos retransmitidos en todo el mundo causaron pavor en Occidente, donde también se sufrieron atentados graves yihadistas.

El Estado Islámico profundizó en la yihad que había caracterizado a Al Qaeda, una organización que después de algunas vicisitudes estableció en Siria el Frente al Nusra, que posteriormente adoptó el nombre de Yabha Fatah al Sham, un grupo que no estuvo tan dispuesto a realizar los espectaculares ajusticiamientos del Estado Islámico.

La naturaleza Yabha Fatah al Sham sería digna de un estudio pormenorizado. En la actualidad cuenta con frentes en varios puntos, especialmente en el Golán limítrofe con Israel. Los contactos entre los sucesores de Al Qaeda y el ejército israelí han sido documentados por las Naciones Unidas y se producen prácticamente a diario.

Soldados del Ejército Libre de Siria (ELS) se preparan para combatir en el pueblo de Kafr Jana, Afrin, Siria. EFE

En los hospitales israelíes donde se atiende a los yihadistas, los médicos aseguran que lo hacen por razones humanitarias y sin preguntar la filiación de los heridos. Todos estos grupos radicales cuentan con armas occidentales que han sido proveídas por otros grupos más pequeños, como el ESL, que han dispuesto de armas y dinero de la CIA y el Pentágono principalmente, lo que ha suscitado algunas preguntas complejas y dolorosas respecto a quiénes se encuentran detrás de los yihadistas.

Mucho después, en 2015, Rusia se involucró directamente en el conflicto, combatiendo desde el aire con el apoyo terrestre de chiíes iraquíes e iraníes, así como del Hizbolá libanés. La intervención de Rusia fue decisiva para dar un giro a un conflicto que parecía que el régimen de Damasco tenía completamente perdido.

El uso de armas químicas, que en algún caso han documentado las Naciones Unidas, fue repetidamente negado por el gobierno de Damasco y en algunas ocasiones también por Rusia. Tanto Moscú como Pequín han bloqueado en el Consejo de Seguridad las resoluciones condenatorias de Siria presentadas por Estados Unidos y sus aliados.

El presidente Bashar al Assad se mantiene en el poder contra todos los pronósticos cuando se entra en el octavo año del conflicto, casado con Asma, una mujer suní educada en el Reino Unido. El presidente sirio ha podido dar la vuelta al conflicto cuando parecía que lo tenía perdido gracias a unos aliados que también tienen unos intereses en la región.

En los últimos días la guerra ha azotado especialmente los suburbios de Damasco, la Guta oriental, donde en apenas unas semanas se han registrado casi 1.200 muertos según los rebeldes. Al Assad parece dispuesto a recobrar palmo a palmo el territorio perdido en los últimos siete años, sin importarle demasiado la pérdida de vidas.

Pero una victoria de Al Assad no podrá normalizar la vida en ese país puesto que el hostigamiento liderado por Occidente y por los países suníes como Qatar o Arabia Saudí continuará adelante, el mismo hostigamiento que existió antes de 2011, aunque solo sea desde el punto de vista económico. Esto significa que es difícil pronosticar lo que ocurrirá a medio plazo incluso suponiendo que haya una victoria del régimen.