Publicado: 15.05.2015 08:38 |Actualizado: 15.05.2015 08:56

LAS CRÓNICAS DE BABIA

El pedestal de la Robin Hood magenta

Subida a un cajón, Rosa Díez lanza a los electores la llamada de auxilio de un náufrago: “¿Creen que pueden permitirse el lujo de prescindir de nosotros?”.

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Rosa Díez, líder de UPyD, durante un acto de campaña. / JCE

Como su propio nombre indica, un mitin callejero viene a ser esencialmente un mitin que se hace en la puñetera calle. En eso estaremos de acuerdo aunque, como en todo, siempre ha habido clases. A la misma hora y a escasos 50 metros se celebraron ayer en Leganés (Madrid) dos mítines callejeros. En el primero, se habían dispuesto unas doscientas sillas plegables tipo Ikea para comodidad del respetable frente un escenario muy chulo con altavoces y focos. Un grupo de jazz amenizaba la espera. Era el del PSOE. En el segundo, se colocó un cajón en la esquina de una plaza a la lado de una sucursal de Bankia. También había sillas: las de las terrazas de los bares. Un servidor se tomó un vino. Era el de UPyD.

El partido al que todos dan por muerto ya está tieso. De eso no hay duda

UPyD -contaba una de sus empleadas- sólo dispone de un cajón para su campaña en Madrid y se reserva para su portavoz Rosa Díez. Es, por tanto, un cajón muy principal y viajado. “No tenemos pasta; no tenemos nada. Contamos con 100.000 euros para la campaña electoral en toda España”, explicó la portavoz magenta una vez subida al podio itinerante. El partido al que todos dan por muerto ya está tieso. De eso no hay duda.



Díez llegó paseando y repartiendo folletos. No es un trabajo sencillo. Hay que ser de beso fácil y tener reflejos, porque no todos son la madre de un concejal de UPyD encantada de conocer a la jefa de su hijo, el abuelo que te dice “esta Rosa qué maja es, me cago en la mar” o la mujer convencida de que está ante la principal defensora “de la clase obrera”. Hay, por ejemplo, quien hace cumplidos envenenados: “Eres la política menos corrupta que conozco”. Y ante señoras como ésa hay que reaccionar a tiempo: “Nada corrupta, oiga”. Por ahí no se podía pasar.

Desde aquella foto de la mini-manifestación de UPyD en Sol  existe la constancia de que no estamos ante un partido de masas

El partido había elegido con mimo el emplazamiento del cajón. A la puerta de aquella sucursal bancaria se han venido manifestando cada miércoles afectados por las preferentes de Bankia, que en tiempos debieron ser legión y que ahora son cuatro y el del tambor, aunque éste último a veces libra. Con el agravante de que ayer era jueves, entre todos ellos, un puñado de afiliados y los sorprendidos por encontrarse a Rosa Díez dando voces subida a un zócalo el auditorio no pasó de 30 personas. Desde aquella terrible foto de la mini-manifestación de UPyD en la Puerta del Sol de Madrid para pedir la dimisión de Rajoy por el caso Gürtel existe la constancia de que no estamos ante un partido de masas.

Saltaba a la vista y al oído de que la diputada se sentía víctima de un complot, tras el que se encuentran los bancos –“ninguno nos ha dado un crédito y eso que no debemos un euro a ninguna entidad” y el resto de las empresas del Ibex 35 “de la que no queremos ser amigos”. Según dijo, si se hace la campaña en un cajón es porque “se han pisado muchos callos”. Ante esa lucha tan desigual, Díez acabó definiendo a UPyD no sólo como “un partido pequeño que hace cosas grandes por todos los españoles” sino como “el Robin Hood magenta del siglo XXI”, lo que levantó el aplauso de los escasos habitantes de aquel bosque de Sherwood plagado de tascas.

Rosa Díez: “Somos españoles sin complejos a los que no nos avergüenza tener la bandera detrás”

Puede que el cajón bastara para presentar a UPyD como el partido que más medios ha dedicado a defender a los estafados de la banca o el que más ha combatido los privilegios de los políticos y al bipartidismo. Pero para proclamarse valedor de la libertad y de la igualdad de los españoles, para arrogarse el papel de defensor del Estado hacía falta la enseña que oportunamente ondeaba a su espalda. “Somos españoles sin complejos a los que no nos avergüenza tener la bandera detrás”, dijo. “Nos gusta España”, añadió.

Con aquella escueta escenografía de tarima y bandera, Rosa Díez hizo la pregunta definitiva: “¿Creen que pueden prescindir de nosotros? ¿Creen ustedes que la gente sencilla se puede permitir ese lujo”. Aquella era una llamada de auxilio, el SOS de un náufrago. “Habrá quienes les digan: no les voten porque no van a salir. No permitan que les manipulen. No puede ser que unos cuantos banqueros en un despacho decidan quién gana las elecciones”, tronó en tono suplicante.

Hacía rato que Rosa Díez había descendido del pedestal, algo muy simbólico para algunos de sus críticos. A tiro de piedra Ángel Gabilondo, el candidato del PSOE a la Comunidad de Madrid, contaba en su mitin un sucedido con una vieja gitana. “En teniendo (sic) salud y libertad, todo va bien”, recordaba que le dijo un día. ¿Qué cómo se ve de salud a UPyD? Dicen que la cura va bien pero que el ojo lo perdemos.