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Open Arms De alojar deportistas a acoger migrantes: cuando la Blume dio un paso al frente

El mítico centro para deportistas de alto nivel se reconvierte para dar asilo a las personas rescatadas en el Mediterráneo por Proactiva Open Arms.

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Migrantes en el Open Arms, antes de atracar en Barcelona. TWITTER/@openarms_fund

Quizá porque los deportistas persiguen sueños, aunque les digan que son imposibles. Como pensar en una medalla olímpica a los trece años —en Barcelona—. Como aventurarse a creer en una vida mejor a los veinte —en Libia—. Y subir a un cayuco y naufragar y ser rescatado y llegar a Barcelona. Quizá por eso, la Blume era un buen lugar. Si había albergado el sueño olímpico, también podría acoger el sueño de una nueva vida en Europa.

La Blume. Así es como todos llaman en corto al Centro de Tecnificación Deportiva Joaquim Blume. A solo unas calles de la capital catalana (justo cuando Barcelona se convierte en Esplugues de Llobregat), este campus aglutina la residencia de deportistas, el Instituto Joaquim Blume, y el complejo polideportivo donde los mejores jóvenes deportistas catalanes se preparan para un futuro ilusionante.

Sin embargo, el de 2018 pasará a ser el verano en que la Blume se reconvirtió. Lo hizo cuando el barco de Proactiva Open Arms, con 60 personas rescatadas de un naufragio en el Mediterráneo, llegaron a las costas españolas después de que los gobiernos de Italia y de Malta prohibieran la entrada a sendos puertos mucho más cercanos. Tres días de travesía más tarde, con todos los peligros que entraña, la navegación llegaba al puerto de Barcelona. 50 de las 60 personas eran hombres, y han sido trasladados a la Blume, mientras que las otras 10 mujeres y menores fueron acogidos en centros distintos.

Llegar a la Blume es un logro en sí mismo. Llegar allí implica para un adolescente unas elevadas dosis de sacrificio a contracorriente en un entorno en el que la motivación y el esfuerzo no siempre son reconocidos. Pero todo cambia aquí dentro: es un nuevo comienzo, por primera vez en el camino que ha escogido.

Cuando hoy bajo el sol de justicia de las cuatro de la tarde (que aún así, seguro quemaba menos que el de mitad del océano) los 50 jóvenes rescatados atravesaban el umbral de la Blume, también para ellos comenzaba una nueva oportunidad. Su 'beca', sin embargo, solo durará 30 días, y no los 45 que marca la Ley de extranjería, tras un cambio de criterio del Gobierno central.

Entrando a la residencia, a mano derecha, está la Pared de Honor. Allí están los nombres de los deportistas que como tú pasaron por la Blume y fueron olímpicos. Y es que tras la felicidad por haberlo conseguido, al deportista enseguida le entra ese susto cada vez que se para ante el muro de las aspiraciones. Las metas apremian, el tiempo siempre es corto. Más si los objetivos son reunirse con seres queridos o conseguir el asilo.

No es una crisis de migrantes, sino de derechos humanos

“En el mar no hay migrantes. Solo hay navegantes o náufragos. Lo que rescatamos son simplemente vidas en peligro”. Son palabras de Òscar Camps, director y fundador de Proactiva Open Arms. Está cansado de escuchar la expresión “crisis de migrantes” sino una crisis de derechos humanos, denuncia. Lo dice en la rueda de prensa inmediatamente posterior a la llegada de las personas rescatadas a la residencia Joaquim Blume, tras haber sido atendidos durante 6 horas por los servicios básicos de médicos, haber recibido comida y agua. Las provisiones ya escaseaban en la embarcación, sometida a un viaje mucho más largo de lo previsto.

En lo que va de año se contabilizan 1.400 muertes en el Mediterráneo. Solo desde el 27 de junio y hasta hoy se han ahogado 270 personas, y es que mientras el buque del Open Arms ponía rumbo a España tras ser rechazado por los gobiernos italiano y maltés, éstos retenían en sendos puertos a los barcos de las demás organizaciones que operan en la zona marítima. Por eso Camps dice que venir hasta aquí les ha costado mucho más que 4.500 litros de gasoil al día. “Venir aquí nos ha costado 4 días y 300 muertos. Y volver a allí nos costará probablemente otros tantos”, declara.

De la misma manera, se podría medir la Blume en cifras pero no sería suficiente: es un recinto de 26.997 m2, en el instituto estudian más de 200 alumnos, y la residencia tiene 144 camas, dispone de un restaurante y cocina propia, una zona común de descanso con sofás y televisión, billares, una biblioteca. Pero eso no explicaría el alma de la Blume.

La primera inauguración fue en 1962, apenas tres años después de la trágica muerte de Joaquim Blume, el mejor gimnasta de la historia (al menos hasta entonces), que ganó todas las posibles medallas entre los 15 y los 25 años, excepto la medalla olímpica. Era el favorito para Helsinki '52 hasta el boicoteo de España a la presencia de la URSS en los Juegos, y la carrera y la vida de Joaquim Blume se vieron interrumpidas cuando se estrelló el avión en el que viajaba a una concentración en Canarias, poco antes de Melbourne '56. El centro de tecnificación deportiva, que lleva el nombre en su honor, fue reubicado y modernizado a principios de los noventa, durante los años pre Barcelona '92. La Blume es un paso previo al Centre d’Alt Rendiment (el CAR de Sant Cugat). La Blume es la primera apuesta por el joven deportista, es la primera vez que creen en ti.

Ahora, al ser verano, no queda ningún deportista en la residencia; este año les han hecho regresar a sus casas a todos durante las vacaciones. Pero el personal que sí que sigue trabajando en la residencia, en el instituto y en el complejo deportivo se preparaba hoy para la gran llegada. Personal de Cruz Roja reforzará en todas las tareas derivadas de la presencia de estas 50 personas extra.

Con todo, un tercio de las disciplinas deportivas que entrenan de forma permanente en el la Blume mantienen actividad este verano (tres de las nueve): pentatlón hace un campus de verano, el Club de Natación Kallipolis entrena en la piscina, y esgrima imparte un curso especial de técnico deportivo. Todo los entrenadores ven con buenos ojos la llegada de las personas rescatadas y aseguran que no alterará la actividad normal del centro.

“Me siento súper orgullosa de que una entidad de la que he formado parte acoja a personas supervivientes de un naufragio”, ha celebrado Alba Gutiérrez, exatleta que vivió en la Blume durante toda su etapa de instituto con una beca de pentatlón (natación, carrera, tiro, esgrima e hípica). Su entonces compañera de equipo, Marta García, va un paso más allá: “Cualquier lugar público que tenga espacio para acoger debería hacerlo. Para los deportistas de la Blume, creo que aunque puede ser impactante, les hará ver una realidad de allí fuera, personas con dificultades mucho mayores a las suyas, y eso les abrirá los ojos”.

A pesar de que los migrantes se quedan en la residencia y no harán uso del instituto o del polideportivo, todo ello forma parte del mismo Centro de Tecnificación Deportiva, y ellos tendrán por supuesto libre albedrío, por lo que al final todos los habitantes de la Blume cohabitarán el complejo y sus jardines.

Por parte de los profesores, también se ve con buenos ojos la decisión, que es en última instancia de la Generalitat de Catalunya, titular del centro que gestiona el Consell Català de l'Esport. El sentimiento general entre los docentes es que las vidas humanas están encima de la política y esperan que el centro para el que trabajan sea un ejemplo a otras instituciones e infraestructuras.

“Los deportistas son gente abierta. Uno de los valores del deporte es aprender a convivir. La interacción entre unos y otros puede ser muy positiva”, valora la profesora de lengua recién prejubilada, Dolors Arqués. Pero añade: “Es una solución que me parece muy ética y muy bonita pero que debe ser temporal. Es importantísimo ir el fondo de la cuestión, encontrar la solución para que los barcos no que tengan que rescatar a personas para que el mar no sea un cementerio.”

Un viaje de ida y vuelta

Esa solución sea probablemente la búsqueda de las causas en lugar de paliar las consecuencias. Proactiva Open Arms lo sabe. Lo más inmediato es salvar vidas, pero además, en paralelo, va forjando un trabajo a más largo plazo.

Mientras por la mañana llegaba el barco de Open Arms al puerto de Barcelona, a solo unos kilómetros, por la tarde, en un polígono de Viladecans, 25 voluntarios se encontraban en un almacén repleto de material informático de Nasco Feeding Minds, una ONG que tiene como objetivo la alfabetización digital de niños y niñas de Ghana. En enero de 2017, estableció un acuerdo de colaboración con Proactiva Open Arms. La organización de Òscar Camps rescata del mar a refugiados que se dirigen a Europa huyendo de conflictos bélicos, persecución o pobreza. Nasco busca que no sea necesario huir del país. Objetivos complementarios.

La iniciativa surge de Ousman Umar, que dejó la escuela y su pueblo natal a los 9 años para trabajar. Decidió emprender en solitario un viaje hacia Europa, cruzando el desierto con una mafia de tráfico de personas. De 46 que iniciaron el viaje, solo 6 llegaron al destino final. En Libia trabajó durante 5 años, hasta conseguir el dinero necesario para retomar su camino. Finalmente llegó a España arriesgando su vida en una patera. En Barcelona una familia lo acogió y pudo acceder a una educación. De ser prácticamente analfabeto, en 10 años llegó a la universidad.

“La història de Ousman es una de esas iniciativas utópicas, ideales... Es un reto (la alfabetización en Ghana) tan inabastable como fundamental” ha explicado Oriol Moya, voluntario de Nasco que ha colaborado hoy metiendo todo el material que han cedido empresas, escuelas y particulares y llenar un contenedor de barco, que un camión ha llevado hasta el puerto.

Ousman siempre redondea los números a la baja, pero hoy ha dicho haber calculado que el material informático que ha recogido en los últimos meses llegará a 2.000 niños y niñas de 5 escuelas rurales de Ghana. “Ojalá a alguien le despierte un interés especial por dedicarse a esto de mayor, y les da oportunidad de apasionarse i generarse su propia oportunidad de futuro”, espera el voluntario.

Mañana zarpará un barco distinto. Tomará el Estrecho en sentido contrario, y en vez de rescatar vidas rotas hacia costas seguras, tratará de llevar oportunidades e ilusión al vasto continente africano. En el verano de 2018 la Blume dio un paso adelante y quiso ser útil. Cuando se retome e curso académico, no podrá seguir cumpliendo esta nueva función, pero la idea es que las clases se retomen en todos esos países de orígen también.