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El fútbol se reconcilia con la cultura

Nace la revista 'Líbero', una publicación trimestral con aire nostálgico que trata de unir el deporte rey con el mundo de la cultura.

ALEJANDRO TORRÚS

 Cultura y fútbol. Fútbol y cultura. Dos campos diferenciados y durante mucho tiempo dos opciones enfrentadas. Ya en el colegio se hacían las primeras distinciones: este chico es más de leer y a aquel le gusta más eso de dar patadas a un balón. Cultura para las élites y fútbol para las masas. Con la idea de acabar con estos tópicos y reivindicar el deporte rey nace Líbero, una publicación trimestral, a caballo entre la revista y la literatura, que trata de “futbolizar la cultura o culturizar el fútbol”, como reza su primer editorial . “Antes, los intelectuales que decían que les gustaba el fútbol dentro de sus círculos eran mirados con recelo. Ahora, no. El fútbol ha llegado a la cultura y los escritores ya han salido del armario. Ya no tienen vergüenza”, explica Óscar Abou-Kassem, codirector de Líbero junto a Diego Barcala.


Para tal propósito, Líbero ha reunido en sus primeras 122 páginas a nombres fundamentales en el mundo de las letras o el periodismo como Benjamín Prado, quien mantiene una charla con Jorge Valdano; Luís García Montero, que rememora el choque de versos que mantuvieron Alberti y Celaya en la Copa del Rey de 1928 entre la Real Sociedad y el Barcelona; o los hermanos Gabilondo, Ángel e Iñaki, que reviven los años gloriosos de la Real Sociedad en el treinta aniversario de sus dos títulos ligueros.


“Durante meses hemos apuntado en una libreta el nombre de cada persona del mundo de la cultura que ha hablado de fútbol para proponerle participar en el proyecto. Sorprendentemente, la inmensa mayoría ha aceptado el reto”, ha señalado Diego Barcala en la presentación del primer número de Líbero, que ha tenido lugar este miércoles en Madrid, y que también cuenta con firmas como Enric González y Joaquín Estefanía, de El País, o el escritor y periodista Manuel Jabois.


Pero la revista, aunque bebe de la esfera cultural, no termina ahí. Líbero incluye reportajes, entrevistas, crónicas o reseñas... cualquier tipo de género que permita profundizar en la labor periodística. De esta manera, el primer número incluye un extenso reportaje sobre el fútbol en la Alemania comunista y encuentra al primer futbolista que lesionó a Leo Messi: Marc Baiges, un estudiante de Fisioterapia que se enfrentó al astro argentino en el 2001, cuando ambos tenían 13 años.


El elegido para llamar la atención del lector en su primera portada ha sido Jorge Valdano. “Apostamos por él porque creemos que representa otra manera de ver el fútbol. Desde su llegada a España en los años 70 ha examinado desde un punto de vista más cultural aspectos del mundo de fútbol que han recibido un tratamiento más básico”, explica Barcala.


Estos dos periodistas, convertidos de golple y porrazo en jóvenes empresarios, reivindican la idea de Líbero sin restar mérito al resto de publicaciones periodísticas deportivas, aunque reconocen que no buscan llegar al mismo público. “Los productos periodísticos que existen ahora mismo alrededor del fútbol buscan audiencias masivas. Líbero busca a ese lector de prensa que se está alejando del kiosco porque no encuentra lo que busca. Buscamos a una vuelta al fútbol”, detalla el codirector Diego Barcala, quien señala que este fenómeno de masificación se debe a la cultura empresarial del “máximo rendimiento económico”. “En cierto modo, lo nuestro es una apuesta romántica”, concluye Diego Barcala.  

 

Llama la atención, especialmente, el diseño de la revista. Alejada de las tradicionales maquetaciones de la prensa deportiva, Líbero se vende como una revista elegante,  de cuidado diseño y con un papel de máxima calidad. Su director de arte, Artur Galocha, explica a Público.es su objetivo cuando comenzó a diseñar la revista. 'Quería conseguir un no diseño, es decir, que la maquetación se notara lo menos posible para darle la máxima importancia al texto y las fotos. El objetivo era que al pasar de un tema a otro no fuera el diseño lo que llamaba la atención sino que fuera el contenido', resume Galocha.  

 

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