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El movimiento ultra Tea Party toma las calles

El grupo populista ultraconservador inquieta a demócratas y republicanos

ISABEL PIQUER

Los analistas siguen debatiendo si el Tea Party, un movimiento populista ultraconservador, contribuyó a la victoria republicana en Massachusetts. "El malestar que hemos visto va más allá de nuestro movimiento", reconocía su responsable en Boston, Christen Varley, al limitar su contribución al esfuerzo de unos cuantos militantes voluntaristas, más que a la estrategia de un grupo político organizado.

Aún así, lo que empezó como una protesta informal contra Washington inquieta al establishment político: a los demócratas, que no quieren perder a sus votantes más conservadores, y a los republicanos que temen verse desbordados por la derecha por unos simpatizantes a los que no pueden controlar.

El Tea Party (el Motín del té), que toma su nombre de la rebelión de los colonos estadounidenses contra Reino Unido en Boston en 1773, se dio a conocer el pasado 15 de abril, día en el que los estadounidenses deben entregar su declaración de la renta, con una gran manifestación en la capital contra el big government y, por supuesto, contra Barack Obama. Parecía al principio un invento de Fox News, la cadena ultraconservadora de noticias del magnate australiano Rupert Murdoch, pero una nueva protesta el pasado septiembre, esta vez contra la reforma sanitaria, consolidó su imagen.

"El Tea Party es un movimiento fraccionado de estadounidenses que se definen por lo que protestan. Están en contra del poder en manos de una clase educada. Creen que el Gobierno, las grandes empresas, los medios de comunicación y los profesionales acomodados forman una gran oligarquía que defiende sus intereses a base de déficits insostenibles, muchos impuestos y muchas leyes", describía hace unos días el columnista conservador de The New York Times, David Brooks.

Y subrayaba también que, aunque no se trasladara luego en las urnas, el movimiento gozaba de una buena imagen. Según una encuesta de la cadena NBC, el 41% de los estadounidenses tenía del Tea Party una opinión positiva, más que de los demócratas (35%) y de los republicanos (28%).

El Tea Party intenta ahora consolidarse como grupo político. A principios de febrero celebrará en Nashville su primera convención, con una estrella invitada,
Sarah Palin.

Muchos dentro del movimiento no lo ven. Piensan que su fuerza reside precisamente en su fluidez y temen que los organizadores, que venden entradas a más de 500 dólares, sólo busquen sacar provecho del evento.

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