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Mucho ruido pero poco beneficio

La primera carrera del circuito urbano de Valencia contenta a los pilotos pero no a los hosteleros 

BELÉN TOLEDO

Dentro del circuito todo el mundo estaba muy contento. Fuera, la mayoría de la gente estaba bastante enfadada. Así se puede resumir el fin de semana en el que se ha estrenado el "Valencia Street Circuit". Con este nombre se ha bautizado el trazado que la Generalitat valenciana ha construido en la ciudad para albergar carreras de Fórmula 1.

Es un recorrido de más de cinco kilómetros, repartidos entre el interior y los alrededores del Puerto. La gran cita es el próximo 24 de agosto, fecha en la que se celebrará uno de los premios del Mundial de este deporte. Lo de el pasado fin de semana fue un ensayo, para el que se ha traído a la ciudad una competición de Fórmula 3, una modalidad con coches de menor potencia y de menor tirón mediático.

El balance realizado por los organizadores ha sido muy favorable. En la zona restringida, a la que sólo podían acceder el personal de las escuderías, prensa, autoridades, invitados y aquellos que pagaron una entrada, el ambiente era casi eufórico y todo eran elogios.

Paola, responsable del equipo italiano Racing Box, elogió el "trabajo duro" de la organización y las bondades técnicas del trazado, "muy difícil para ser urbano". Entre los boxes, los invitados miraban con curiosidad trabajar a los mecánicos. Junto a las salas marcadas con el distintivo "VIP", varias chicas repartían publicidad de empresas inmobiliarias.

El presidente valenciano, Francisco Camps, compareció para destacar que se había cumplido lo que parecía "un sueño inalcanzable" y destacó que el de Valencia "es el circuito del futuro del automovilismo en España".

Fuera de las vallas vigiladas por cientos de agentes de policía, la opinión sobre el evento era muy distinta. Taxistas, decenas de hosteleros e incluso el vendedor de la ONCE se quejaban de que la restricción del paso de automóviles a toda la zona portuaria había reducido el paso de clientes.

David, dueño del bar "Pitti", situado frente al circuito, calificaba la situación de "desastre total" porque "el cliente normal no puede pasar y turistas hay muy pocos". Reflejaba así la decepción porque la promesa de afluencia turística de las autoridades no se cumplió aunque todos estaban convencidos de que la cita de agosto atraerá más visitantes.

La peor parte se la llevaron los vecinos. En Nazaret, el barrio más cercano, lo que hasta el sábado era una sospecha minoritaria se convirtió en un espanto compartido: el ruido era insoportable y los accesos muy difíciles. La zona es una de las más deprimidas de Valencia. Según María del Carmen Bernabéu, de la asociación Nazaret Unido, "hay casas que tienen más de 50 años y no tienen aire acondicionado ni ventanas de doble cristal, ¿esa gente qué puede hacer?".

Los cortes de calles han dejado el barrio aislado para los peatones. Diez líneas de autobuses han sido desviadas, lo que ha triplicado la duración de los trayectos. De todo esto sólo hay una información "tan pequeña que no se puede leer" en las marquesinas, según Bernabéu.

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