Convertirte en cíborg para escuchar el espacio exterior y explorar los límites de lo humano
Varias personas deciden someterse a intervenciones clandestinas para ampliar sus sentidos o crear otros nuevos, una práctica ciberpunk que pone en tela de juicio la identidad humana y el tecnocapitalismo.

Madrid--Actualizado a
Escuchar lo que sucede en el espacio exterior o sentir las vibraciones de los colores. Son cirugías clandestinas que permiten ampliar los sentidos humanos, implantando en el cuerpo antenas u otros dispositivos tecnológicos que conectan directamente con el cerebro. No es ninguna fantasía. Son cíborgs, personas que se componen a través de materia viva y electrónica. Estas prácticas, quizá poco conocidas, forman parte de exploraciones estéticas, pero también desestabilizan nuestra comprensión de la condición humana, tensionando los límites de la bioética, la tecnología y el propio ser.
Kai Landre es un DJ de Barcelona. Llevaba tiempo creando música de temas relacionados con el espacio exterior cuando comenzó a compartir lugares de encuentro con Neil Harbisson y Moon Ribas, artistas fundadores de la Cyborg Foundation y cíborgs ellos mismos. "Con ellos surgió la idea de empezar una residencia en la fundación y también de desarrollar lo que venía a ser un sentido", narra a Público. "Fuimos sentando las bases de qué iba a ser el sentido, qué era lo que quería percibir, de qué manera y empezamos todo el proceso, que duró dos años". Kai diseñó un órgano cibernético que detecta y traduce en sonido los rayos cósmicos. Es la única persona en el mundo capaz de escuchar estos fenómenos provenientes de más allá de la Tierra.
Son múltiples las maneras de ampliar los sentidos humanos y, a partir de ellos, crear un sentido nuevo. Neil Harbisson, quien ha sido descrito como el primer cíborg del mundo, tiene una antena implantada en el cráneo. Con ella puede escuchar las frecuencias de luz de los colores. En el año 2004 consiguió que el Reino Unido le permitiera aparecer en su pasaporte con el dispositivo, el cual forma parte indisociable de su cuerpo. Moon Ribas, considerada la primera mujer cíborg de la historia, cuenta con sensores sísmicos en los pies que le permiten percibir en tiempo real los terremotos que suceden en el mundo.
Kai Landre, cíborg: "Cada persona decide hacer un sentido para poder averiguar qué es aquello que añora percibir"
Para ellos, la identidad cíborg y sus prácticas artísticas están muy entrelazadas entre sí. Para Kai Landre, la motivación para ampliar sus sentidos cibernéticamente "venía mucho de la curiosidad. Creo que la percepción y los sentidos son una manera de culminar la fusión con el entorno. Son una posibilidad de poder acercarme a la presencia en el espacio exterior". La elección de qué sentido se amplía o se crea no es arbitraria, sino que forma parte de un proceso individual de introspección. "Hay un proceso de investigación que empieza desde una vertiente más general y poco a poco cada persona decide hacer un sentido para poder averiguar qué es aquello que, por decirlo de algún modo, añora percibir".
Cirugías clandestinas para crear cíborgs
Estas implantaciones de dispositivos electrónicos en el cuerpo humano no las cubre la seguridad social, ni se llevan a cabo en hospitales al uso. De hecho, son intervenciones "completamente clandestinas", indica el DJ. También menciona que los comités de bioética "lo prohíben porque se considera que implantar algo que no es propiamente humano no va con el código ético". Un informe del Comité de Bioética de España destaca que "la digitalización y el avance tecnológico deben desarrollarse de un modo que respete, proteja y esté al servicio de la integridad física y mental de los seres humanos, el sentimiento de identidad personal y cultural y la satisfacción de sus necesidades esenciales".
En la Carta de Derechos Digitales que publicó el Gobierno de España en julio de 2021, el artículo XXVI recoge que "para garantizar la dignidad de la persona, la igualdad y la no discriminación", se podrá regular el empleo de las neurotecnologías cuando estas "pretendan el aumento cognitivo o la estimulación o potenciación de las capacidades de las personas". El proyecto SIENNA, financiado por la Unión Europea para investigar el impacto de las tecnologías en los derechos humanos, señala en un informe que "la evaluación ética de una tecnología se ve afectada por el tipo y la calidad del riesgo que conlleva". En este sentido, "un implante neural permanente que altera el funcionamiento del cerebro puede suscitar más preguntas y preocupaciones que una prótesis conectada externamente y fácil de desmontar".

El avance digital y el abanico de posibilidades que ofrece en el ámbito médico suscita preocupación por su necesidad de regular y legislar al respecto. Desde la filosofía, la ciencia y el ámbito jurídico se ha extendido la noción de los llamados "neuroderechos", que pretenden garantizar un futuro –y un presente– en el que las libertades de la ciudadanía no se vean menoscabadas. El neurobiólogo español Rafael Yuste, profesor en la Universidad de Columbia, creó en 2022 la Neuroright Foundation, una organización cuya misión es que "las neurotecnologías se aprovechen para el bien social y se protejan contra el uso indebido", según afirma en su página web.
Kai Landre no considera que las prácticas cíborgs pongan en tela de juicio el sistema ético porque "los derechos humanos seguirán siendo los mismos". "Obviamente nadie se puede modificar o nadie se debe modificar, por ejemplo, con fines de voyerismo, ni tampoco para cualquier cosa que pueda interferir con los derechos humanos de nadie", recalca.
¿Ciberpunk anticapitalista o nuevo sometimiento?
El barcelonés asume la peligrosidad de las intervenciones y cree que la clandestinidad "lo enmarca todo dentro de algo mucho más ciberpunk". De hecho, valora que las prácticas cíborgs, más que una preocupación bioética, son una preocupación para el sistema capitalista. A este "no le interesa no poder tener tanto control sobre la experiencia de las personas. Vivimos en ciudades que son entornos supercontrolados en los que los sentidos están coartados por el marketing y el consumo", analiza. Por esta razón, "que una persona tenga libertad perceptiva va a hacer que no dependamos tanto de lo que se nos ofrece un sistema opresor como es el capitalismo".
Álvaro San Román, investigador en el programa de Doctorado de Filosofía de la UNED, coincide en parte de la reflexión. "Ciertas prácticas cíborg pueden tener un potencial emancipador respecto de ciertas reglas del juego capitalista, pueden ayudar a tensionar ciertos prejuicios y estereotipos sociales", declara a Público. De todos modos, matiza que "no por ello dejan de perpetuar ciertos prejuicios antropológicos y muy etnocéntricos relacionados con la tecnología". "La apuesta cíborg en muchas ocasiones es una apuesta por la resolución puramente tecnológica de problemas puramente humanos, y eso es algo que comparte esencialmente con el propio capitalismo", agrega.
Kai Landre: "En un entorno represivo, cualquier acto de libertad es algo que va en contra"
Por el contrario, Landre vincula la preocupación por conservar el cuerpo intacto a la tradición cristiana de nuestras sociedades. El cíborg defiende la "libertad morfológica", cuya puesta en práctica no solo es estética, sino también política. "En un entorno represivo, cualquier acto de libertad es algo que va en contra. Y hablando concretamente de capitalismo, tiene todo que ver con esto. Es una forma de escapar a un sistema de control. Creo que es una reivindicación frente a un sistema que nos oprime de muchas maneras además de la económica".
Sea como fuere, San Román pone de relieve que "lo cíborg o cualquier práctica que encuentre en la tecnología la condición de posibilidad para darse, aunque sea con voluntad anticapitalista, debería siempre asumir el coste antropológico y ecológico de su apuesta". El investigador añade que la huella medioambiental, como el consumo de agua o la extracción de metales o tierras raras, "tiende a invisibilizarse en los discursos transhumanos".
Los límites de lo humano
"Las máquinas de este fin de siglo han convertido en algo ambiguo la diferencia entre lo natural y lo artificial, entre el cuerpo y la mente (...) y otras muchas distinciones que solían aplicarse a los organismos y a las máquinas", expresa la filósofa feminista Donna Haraway en su Manifiesto cíborg, un ensayo que publicó en 1985 y que en el contexto actual cobra una particular vigencia. "Lejos de señalar una separación de los seres vivos entre ellos, los cíborgs señalan apretados acoplamientos inquietantes y placenteros. La bestialidad ha alcanzado un nuevo rango en este ciclo de cambios de pareja".
Kai Landre: "Todas las personas disidentes somos un poco monstruos"
Más allá de tensionar el paradigma tecnocapitalista, estas prácticas ponen en tela de juicio todo el sistema de creencias que sustenta el mismo entendimiento de la condición humana. ¿Cuál es la relación de los cíborgs con la noción de humano? "Yo me considero cíborg", responde Kai Landre, "pero también considero que todas las personas disidentes somos un poco monstruos, sobre todo por cómo se nos percibe". Si bien él aboga por la autopercepción individual, "si tengo que meterme en una casilla, me considero cíborg por la libertad de expresión que esto ofrece".
Donna Haraway: "El cíborg es una especie de yo personal, posmoderno y colectivo, desmontado y vuelto a montar. Es el yo que las feministas deben codificar"
San Román rechaza que exista una superación del concepto de humano y subraya que el uso del término cíborg "es claudicar ante el dogma social del tecnologicismo que entiende que la tecnología es una extensión natural del ser humano". Argumenta que "un 'organismo cibernético' es un oxímoron ontológico desde el momento en que un organismo vive y un artefacto tecnológico es un ser inerte". De esta manera, el investigador prefiere hablar de "sujetos humanos tecnomodificados".
"El cíborg es una especie de yo personal, posmoderno y colectivo, desmontado y vuelto a montar. Es el yo que las feministas deben codificar", afirma Haraway en su ensayo. "Los cíborgs pueden considerar más seriamente el aspecto parcial, fluidos del sexo y de la encarnación sexual", agrega. Kai Landre también cita a la filósofa y concluye que, si bien el concepto de cíborg ha evolucionado desde entonces, "se sigue manteniendo la concepción de que es una suerte de tercer género que directamente se convierte en una nueva interpretación de la identidad humana".


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