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Cine: 'El capitán' Robert Schwentke: "La retórica asesina de los nazis existe hoy en todo el mundo"

El cineasta alemán propone una profunda y directa reflexión sobre "la moral del horror" en su película 'El capitán', una obra en blanco y negro que estéticamente busca lo grotesco y surreal y que está inspirada en el caso real de Willi Herold, 'el verdugo de Ensland'.

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Votos: 10

Willi Herold, el protagonista de la película 'El capitán'.

El cineasta Robert Schwentke desmonta la idea de que la barbarie nazi brotó de mentes dementes, de psicópatas extremos. Tumba la teoría de la banalidad del mal que Hannah Arendt desarrolló tras el juicio a Eichmann en 1961. Y, siguiendo un siniestro caso real, revela la monstruosa naturaleza asesina que todo podríamos llevar dentro. Lo hace en El capitán, una película en blanco y negro que conmociona, un ejercicio directo y provocador sobre "la moral del horror" envuelto en imágenes surrealista y en una atmósfera grotesca.

El soldado alemán Willi Herold, conocido como el verdugo de Emsland, se separó de su unidad en los días en que el ejército nazi estaba en retirada. En su huida encontró el equipaje de un capitán de la Luftwaffe y, probablemente, para salvar su vida se vistió con él y se hizo pasar por oficial. Ahí comenzó una carrera de salvajes asesinatos. Otros desertores se unieron a su juego y en el campo de prisioneros Aschendorfermoor, donde estaban presos más desertores del ejército alemán, aseguró que seguía órdenes directas de Hitler y ejecutó a más de cien personas.

La película se inspira en el caso real de Willi Herold 'el verdugo de Emsland'…

Sí, sí. Fue igual, casi se cuenta paso a paso en realidad, sobre todo los actos de barbarie. He dejado algunas cosas fuera y algunos personajes los he fundido en dos. Pero muchas citas son literales y el proceso judicial también.

Es demasiado brutal ¿no ha tenido que suavizar la violencia?

La violencia en cierta manera está dulcificada, aunque hay escenas muy reales, como en la que se acercan a disparar a los prisioneros. También es real que hacían celebraciones después de las matanzas y a los prisioneros que eran actores les obligaban a actuar y comer con ellos. Todo está basado en documentos, en información del archivo del caso, hay un fichero dedicado exclusivamente a este hombre y a sus siete compinches, condenados a muerte por un tribunal militar inglés. También hay diarios de los supervivientes…

Aquí retrata las barbaridades nazis, pero con la película ¿quiere decir que todos podemos llegar a eso?

En este caso se trata del nacionalsocialismo, pero sí, hay abismos profundos en la mente humana. Estas masacres, esta retórica asesina, la retórica asesina de los nazis, existen en todo el mundo. Creo que más que un estado mental son las circunstancias las que conducen a este tipo de actos.

Las circunstancias no justifican siempre…

No. En ciertas circunstancias, hay pasos que conducen a esto. El primer paso es la retórica deshumanizadora. A los prisioneros se les llama insectos, plaga, se les deshumaniza. En segundo lugar, toda la ideología judeo-cristiana se suprime. Lo que es ilegal se legaliza y así se abre el espectro para cometer el acto. Hace que las personas ideologizadas pasen a ser criminales. Sin el nazismo, creo que unos se hubieran convertido en criminales y otros, no.

¿En la situación de Willi Herold, usted qué haría?

Te haces inevitablemente esa pregunta y el espectador ideal, también. Pero no podemos responder, todos deseamos ser valientes, pero no sabemos. En mis investigaciones, leyendo diarios personales, un fiscal cuenta cómo funcionaba el Ministerio de Justicia con los judíos. Los nazis se llevaron a todos los judíos funcionarios y el resto no hizo nada, se callaron. Es una forma de complicidad, pero es verdad que si se quejaban también se los llevaban a ellos. Muchos ascendieron. Son cómplices, pero a sus propios ojos, ¿eran o no culpables?

¿Usted qué cree, eran o no culpables?

Culpables, claro. Para que esta catástrofe aconteciera muchos participaron en ella en segundo plano.

¿Esta es una reinterpretación de la figura del desertor?

En la película no se sabe bien si es un desertor o no, no hay una respuesta a de dónde viene ni por qué es perseguido. Sí se sabe que es un narrador poco confiable, no te deja saber si el uniforme lo encuentra o lo ha robado. La gente del campo de prisioneros sí eran desertores clásicos. Herold hace todo desde el punto de vista de la víctima experimentada, legitima todo desde la violencia. Pero en realidad son todos víctimas. Si una raza piensa que es superior, hay otra que no lo es. Da igual nazismo que semitismo.

¿Hay intención de denunciar la impunidad del poder?

Sí. Eso es lo que argumentan los personajes frente al espectador. Este ser es legítimo a través del puño en la mesa. Lo que le saca de su situación de víctima es su capacidad para ejercer violencia. Pero no es mi argumentación. Cuando diriges, no puedes convertirte en juez moral. Todo queremos hacer cosas buenas.

Pero usted está ahí, ¿lo grotesco y surrealista de algunas escenas es su declaración personal?

Claro, voy buscando lo grotesco. Esta es una película sin instrucciones morales. Mi forma de pensar está en la parte formal de la película, que es claramente grotesca, una farsa, así hago una denuncia de esa gente a través de ello. Las imágenes presentan una atmósfera que se va describiendo, que permiten entender cómo pasó todo aquello. Hay una llamada telefónica en la que se ve cómo se venden a niveles ¡tan bajos! de pequeño burgueses, ahí estoy invitando a la carcajada y es una forma de desnudar al poder. Está inspirado en Berlanga, en la época mexicana de Buñuel, en esa tradición española de sublimar lo surreal, en Saura…

Al final ¿ha hecho usted una parábola del poder y del horror?

La película es una parábola, sí, una parábola sobre el sistema totalitario y cómo éste influye o acaba con el individuo. La parábola sirve para hacer crítica a las dictaduras. Aquí, en España, sirvió para ir contra el franquismo. También hay retazos del cine del Este de Europa, de la novela de picaresca…

Lo que usted plantea ¿es peor que lo que dedujo Hannah Arendt?

La historia ocurre en un sistema específico, pero la relevancia va mucho más allá. Este tipo de violencia existe en todo el mundo, aquí son alemanes que matan a otros alemanes. No hablo de semitismo o antisemitismo. Las últimas investigaciones demuestran que Hannah Arendt se equivocó en su teoría de ‘la banalidad del mal’. Eichman no era solo parte del engranaje, estaba ideológicamente motivado.

¿El ser humano está, entonces, en el límite?

Creo que el límite entre el caos y la civilización es muy débil y se puede romper sin que nos demos cuenta. Hay muchos bárbaros hoy en Europa y en EE.UU. que aparentemente aceptan las formas democráticas, pero ignoran las normas. Y no hay forma sin norma, eso vacía la democracia.

Entonces, la democracia…

El problema de la democracia es que la vemos como un derecho y hoy tenemos que considerarla un privilegio.

En los créditos aparecen sus personajes acosando a ciudadanos de la Europa de hoy, ¿por qué?

Los escribí con noticias del Norte de África sobre ISIS, pueblos en los que se convertían en verdugos. Nos parece que África está lejos, pero eso puede ocurrir en nuestro sistema. Alguien que te pide los papeles en la calle y nadie se para. Y los que piden los pasaportes pueden ser tu propia gente, la historia de España lo demuestra.