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"Yo no me hubiera contratado a mi mismo para dirigir 'Eclipse'"

El director y parte del equipo de la tercera parte de 'Crepúsculo' visitan Madrid

JESÚS ROCAMORA

Vampiros que parecen alienígenas con cabeza de bala y boca de tiburón (30 días de oscuridad) y pedófilos cazados en su propia trampa (Hard candy): el currículum como director del británico David Slade no parece el ideal para ponerse a los mandos de la tercera película de la saga Crepúsculo, conocida por trasladar a la pantalla el romance puro y virginal entre un vampiro y una adolescente. Y arrastrar detrás a millones de jovencitas de todo el globo.

Él mismo lo reconoció ayer, de visita en Madrid junto a parte del equipo de la película (los actores Ashley Green y Xavier Samuel, encargados de interpretar respectivamente a la precognitiva Alice Cullen y al malvadísimo Riley, villano de esta entrega). 'Cuando me lo propusieron me quedé asombrado', resume el director: 'Yo nunca me hubiera me contratado a mi mismo. Además, empezamos el rodaje antes de que estallar el éxito con Luna nueva, así que no sabía exáctamente qué era lo que tenía entre manos. Luego, todo fue tan veloz que casi no me he enterado'.

Más allá del triángulo amoroso
Eclipse, que se estrena este viernes en España, se abre más allá de la relación entre el vampiro Edward (Robert Pattinson) y la inocente Bella (Kristen Stewart): por un lado, el triángulo amoroso (al que se añade Jacob Black, el licántropo del trío) es cada vez más evidente e incómodo para todos. La cosa está que arde y, como reconocía ayer Slade a una periodista del Caiga quien caiga, hay que elegir: 'Uno es rígido y duro, el otro es puro calor'.

Por otro, el universo creado por Stephenie Meyer para decorar el romance también se dilata: hay flashbacks para explicar el origen de algunos de los Cullen, los Vulturis sobrevuelan como moscas cojoneras y la tribu de hombres lobo de Jacob se ve obligada a pactar con los vampiros ante una amenaza común: la llegada de un ejercito de salvajes vampiros neófitos, liderados por Riley, dispuestos a merendarse a Bella.

Y hay, claro, más acción y escenas de lucha, aunque Slade cree que todo estos aspectos 'forman parte de la historia de amor principal, está a su servicio y muestra la gravedad de la decisión de Bella de convertirse en vampiro en contra de todos. Todo es consecuencia de ella. Y todo pasa por amor. En el fondo, cuando amamos, nos ponemos en peligro. Mi trabajo como director es precisamente mostrar la gravedad de estar enamorado'.

Y para que los fans duerman tranquilos: según Slade, el trío protagonista hecha fuera las mismas chipas de que dentro de la pantalla. Quizá no tan sexuales, pero 'tienen una química muy particular. Después de tres películas son muy amigos, son una familia. Y aunque su manera de trabajar es diferente, se compenetran. Kristen es analítica, lo piensa todo muchas veces y se pregunta cada paso que da. Robert es un intelectual, mucho más filosófico, pasamos horas discutiendo. Y Taylor es pura naturalidad'.

La patología del vampiro
Slade, que también ha trabajado como realizador para el sello británico de música electrónica Warp, reconoce estar más cerca de Bram Stoker que de Disney, a pesar del público al que va dirigido Crepúsculo. O no: 'En los libros se deja claro que la familia Cullen comen animales para saciar su sed de sangre. Para mí era importante y es algo que hablé mucho con los actores. Igual que con Edward: él debe dar la sensación de tener su lado peligroso'.

Su trabajo en la sangrienta 30 días de oscuridad le ayudaron a entender 'la patología del vampiro: por qué son como son o cómo mueren. En Eclipse, debíamos enfrentarnos por primera vez a escenas donde un vampiro debía morir de forma violenta. Y no teníamos ni idea...'.

Sin embargo, los productores, más que frenar su lado sangriento, 'querían que la película fuera violenta. Pero yo aposté por el drama. Sólo hubo una cosa que no me dejaron hacer: arrancar la cara a uno de los personajes en una pelea'.

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