Diego San José y el agosto catódico
La programación estival de la televisión de los noventa, más relajada y menos prejuiciosa, determinó el gusto popular del guionista estrella del audiovisual español.
Madrid--Actualizado a
El 29 de junio de 2008, la selección masculina española de fútbol ganó la Eurocopa en una final que disputó contra Alemania. Diego San José, futbolero mucho antes que guionista, celebró el gol de la victoria abrazando al actor Julián López. Ambos se encontraban inmersos en su primera experiencia cinematográfica, Pagafantas. Dos años más tarde, festejó el gol que le otorgó a España su primer mundial también en mitad de un rodaje, el de No controles, y de nuevo con al actor manchego, "besándole la frente como si fuera mi sobrino. Llegamos a pensar que los triunfos de España dependían de que rodáramos juntos", recuerda un soñador San José, "pero luego ya no se cumplió".
Aquellas victorias pillaron a este creador, nacido en Irún, en plena expansión en el tablero de la industria nacional. Antes había revolucionado la televisión vasca con el icónico espacio humorístico Vaya semanita, junto a Borja Cobeaga, y aún les faltaban un par de años para firmar el libreto más taquillero del cine español, Ocho apellidos vascos. El de Diego San José es hoy uno de los nombres más requeridos por la ficción televisiva de las plataformas (Celeste, Su majestad, la inminente Yakarta), pero este agosto está de vacaciones.
"Me voy a encerrar en mi tierra, en Hendaya, que ya es Francia pero está a tres kilómetros de Irún. Va a ser mi único mes de desconexión total en cuatro o cinco años", explica. "Mi aspiración es hacer lo que no hago en mi día a día: leer con calma y ver todas esas series de las que habla la gente del sector, y que en alguna cena he dicho que me habían encantado para no quedarme fuera". Seguro que en más de una cena otra persona ha fingido haber visto las suyas.
Confiesa este conversador chispeante tener una relación "cero idílica" con los veranos de su infancia, porque "se nutren de elementos con los que me he llevado siempre mal. No me gusta el agua, no me gustan las bicis, no me gusta bailar, no me gustan los festivales de música". Pero ha aprendido a negociar el estío. "Durante muchos años te culpas o te fuerzas a hacer cosas que no te gustan, pero una de las cosas buenas de hacerse mayor es aceptarlo. Me parece bien no bailar, no hacer surf y no ir al Mad Cool".
Con todo, guarda buenos recuerdos de los veraneos familiares. "Mi familia materna es andaluza, de Estepa, que pertenece a la provincia de Sevilla pero está más cerca de Córdoba, y lo pasábamos bien allí". Desplazarse desde Euskadi significaba sumar muchos kilómetros y grados centígrados: "Estepa, junto a Puente Genil y Herrera, forman el triángulo de las Bermudas de la insolación, pero de pequeño llevas mejor el calor. Hacer un viaje de 12 horas para llegar a un pueblo en el que te esperaban cuarenta grados a la sombra era hasta bonito".
La costa mediterránea era el otro destino habitual. "Mi padre ha sido ferroviario toda la vida, y los trabajadores de Renfe tenían acceso a unas urbanizaciones, dos o tres por toda España, que eran muy básicas pero muy baratas". El guionista recuerda "las lanzas, en la playa de San Juan en Alicante. El día que llegabas te alquilaban un pack de supervivencia con las cosas básicas, que incluía matarratas, las sábanas para las camas… y la tele". En este punto de giro nos metemos de lleno en el verdadero paraíso estival de San José.
"Durante el año no veía mucho la tele", rememora, "por lo que las parrillas veraniegas de las cadenas me fascinaban mucho más. Todos esos programas me curaron de cualquier esnobismo". Durante esas horas y horas de contenido catódico el joven espectador conectó con los "segundos espadas, esos cómicos y colaboradores que solo tenían oportunidades de verdad en verano", y se formó en "una cultura popular basada en impulsos naturales y básicos. Con el tiempo, tanto la cultura como yo mismo hemos cambiado, así que solo puedo echar de menos a esa persona".
Destaca San José pertenecer a "la generación que vivió el día que conectaron las privadas. Recuerdo a mi padre y a mi hermano mayor sintonizando manualmente esas dos nuevas cadenas que decían que existían. Y tengo especialmente grabado el primer momento en que veo Telecinco, que salía un helicóptero y sonaba 'Paint in black' de los Rolling Stones. Era alguna serie bélica". Y eso que, al contrario de la mayoría de los televidentes de la época, ya había tenido la experiencia de ver más canales: "Al ser de Irún, nos llegaban algunos canales franceses. Y la tele de Francia era mucho más perversa, porque además, como todo va antes, a las 10.30 ya había programas eróticos. Yo descubrí así lo que era ser mayor".
Que nadie imagine a pupilo avezado pupilo tomando notas para su futuro oficio –"escribir no conectaba conmigo de chaval"– porque la palabra le generaba un interés especial no era tanto la audiovisual, sino la del cómic. "En mi ciudad no había una tienda específica, pero en la estación de tren de Alicante sí. Así que cuando íbamos a Las lanzas me compraba dos o tres cada verano. De un año a otro, fui entendiendo que había autores que me gustaban, porque iba viendo que se repetían sus nombres". Así entendió el concepto de autoría, comprobando cómo "por ejemplo el nombre de Richard Corben, que no sabía quién era, estaba en la portada de varios cómics que me encantaban".
Hoy es su nombre y su escasamente vasco apellido el que persiguen muchas personas, pero este agosto Diego San José dejará de ser una de las firmas más cotizadas del panorama audiovisual para volver a ser un simple veraneante. No faltarán paseos por la playa ("puedo recorrer la orilla durante horas, de un lado a otro como un preso. Es imposible ser pesimista mientras andas por la orilla") y cenas que se alarguen, porque "que sea de día hasta tan tarde nos hace sentir inmortales. Aunque sea porque el franquismo cambió la hora para ir con la de Alemania, que un 12 de agosto el sol todavía nos ilumine a las diez de la noche pasadas nos confirma que la vida es nuestra. En verano todos somos más poderosos… gracias a Franco".
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