Público
Público

"¿Por qué tener que elegir?": Fatima Daas, el retrato de una joven lesbiana y musulmana en un barrio de París

La escritora, de éxito en Francia, presenta en Sevilla su primer libro, una exploración sobre su propia identidad.

Fatima Daas, en Sevilla, durante un acto de la Feria del Libro.
Fatima Daas, en Sevilla, durante un acto de la Feria del Libro.

Se llama Fatima Daas.
Es joven.
Es musulmana.
Es lesbiana.
Nació en Saint Germain-en-laye, un suburbio de París.
Viajaba tres horas en metro.

Daas ha escrito La hija pequeña (Editorial Cabaret Voltaire), una exploración sobre su propia identidad y su extrañeza y su encaje en un mundo que, por momentos, la agota, pero en el que también hay armonía, una del tipo luminoso y silencioso. El libro ha tenido éxito en Francia, y Daas lo ha presentado en la pasada feria del libro de Sevilla, ciudad en la que atendió a Público una lluviosa mañana de sábado en la sede del Instituto Francés.

La protagonista de La hija pequeña se llama también Fatima Daas, es también joven, musulmana, lesbiana, su familia es de origen argelino y viajaba tres horas en metro. "Y también, como Fatima, –afirma Daas, la escritora, no la protagonista– sufro de asma. A partir de ahí, con la vergüenza y los miedos, [el relato] forma parte de mi búsqueda de identidad. Y a partir de ahí he modificado pasajes, en los recorridos que hago hay mucha ficción. Los personajes no son los personajes reales y de forma general lo transformo todo. Eso me permite comunicar mi verdad de este modo. No quería solo contar mi pequeña historia personal, no era mi proyecto, quería ampliarlo".

La hija pequeña es una elaboración de lo que siente y piensa Daas en diferentes momentos de su vida. El relato tiene un ritmo cadencioso y ágil, parecido a un salmo, a un blues, que atrapa desde el primer momento. Daas tiene una voz propia. "Pienso que ese ritmo ha llegado poco a poco. Las cosas se han hecho más complejas también, pero de alguna manera el ritmo ha llegado y ha sido como una forma de afirmarme constantemente. Y una vez dicho esto [la entrada de cada capítulo al modo de un estribillo arranca con Me llamo Fatima Daas] ya me permite respirar y escribir. Aún me cuesta decir lo que es ese estilo. Me gustan las frases cortas, ir a lo fundamental".

Los temas que están en la raíz del libro, del viaje de Fatima, el personaje, son variados y, entre ellos, están, seguro, cómo crecer en la tradición de una religión que empapa numerosas facetas del comportamiento; el desarrollo de la sexualidad en una familia que cree en esa tradición, y también desenvolverse en una escuela presuntamente laica, fraterna e igualitaria, pero en la que hay numerosos problemas –clasismo, sexismo, racismo. "En la escuela –afirma Daas– el racismo se establece, se sugiere, nunca se dice, pero hay mucho racismo. Hay un momento en la escuela muy difícil debido a las personas que representan la autoridad, sobre el tema de género por ejemplo. Hay miradas diferentes. Creo que las discriminaciones están en el seno del sistema, aunque no solo sea eso. Las miradas se notan".

Para Daas, escribir es ser libre. La literatura le permite abordar los temas complejos sin prejuicios, siempre que se tenga la honestidad de buscar la verdad: "A veces hay temas complicados –reflexiona– para hablarlos, pero el espacio de la literatura permite esa relación. Todo está bien: eso me lo permite la escritura. Era para mí muy importante no pensar en lo que ellos iban a leer, sino en estar muy cerca de la verdad que yo quería contar: ese sentimiento de duda perpetua, de no estar bien en la piel. ¿Cómo podemos guardar todas esas sensaciones en una persona? El amor de dios, el amor de las mujeres. Y como uno no quiere cambiar en realidad, o hacer una especie de asimilación, bueno, es verdad, me acepto tal cual. Eso, a través de la literatura se puede trabajar muy bien".

Sexo y religión

Sobre los problemas que le plantea a Fatima, a la protagonista de La hija pequeña, ser lesbiana y al mismo tiempo pertenecer a una religión que, por momentos, parece hecha para otras personas, Daas afirma: "Pienso que hay diferentes etapas en la construcción del personaje. Hay una especie de herencia de adoptar esa religión por tradición, pero no hay una conversión al islam de forma personal. Es una forma de acceder a la religión con sus contradicciones, pasa también por sus momentos complicados, de dudas, respecto a la religión, de vergüenza, de culpa, de no ser una buena persona de acuerdo con lo que uno cree. Esto no pasa por la religión en sí, si no por lo que los demás piensan de la religión y por las personas que dicen, no, no, tú no puedes ser musulmana lesbiana, por ejemplo. Lo que yo tenía ganas era de hablar de no tener que elegir, ¿Por qué siempre tener que elegir? Fatima sí que quiere ser islámica, sí que quiere tener fe, pero sin renunciar, y quería hablar del hecho de conseguir avanzar hacia delante a pesar del hecho de esta contradicción".

La familia, con su ración de incomprensión, de expectativas frustradas, con las flaquezas del amor, con la violencia machista, la amargura contenida y, finalmente, la armonía luminosa y silenciosa, ocupa un lugar relevante en el crecimiento de Fatima. "Al mismo tiempo –dice Daas sobre su homónimo personaje– intenta conseguir la imagen que sus padres proyectan en ella, una joven musulmana y buena estudiante y a veces cuesta mucho cubrir esa expectativa, hay esa reconciliación y muestra como uno se entiende en silencio y a respetar al otro en la dulzura, ¿Que no se dice todo? Sin duda. Creo que para mí no hace falta que haya un arrepentimiento, sino una aceptación, aunque sea silenciosa. No podemos decir siempre lo que uno quiere. Uno no habla solo, no es posible hablar sin el otro". "Y en la sexualidad –agrega Daas– es lo mismo. Para mí es lo mismo: esa idea de que tengo un problema, no lo vivo como un problema. A veces puede ser muy duro no entender a una persona".