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Festival Sónar 2019 Sónar capea su edición más tormentosa gracias a fenómenos de la música urbana

El festival de las nuevas tendencias centró este año sus preferencias en estilos latinos y en español y resistió los envites tanto internos como externos con cabezas de cartel pujantes como trap como Bad Bunny compensados con clásicos profesionales de la música electrónica como Underworld y Disclosure

Bad Bunny actúa en el Sónar 2019 | SÓNAR

El festival de música, creatividad y tecnología Sónar (sonar.es) ha capeado este 2019 sus crisis más importante en sus 26 ediciones de vida gracias a fenómenos de la atmósfera trap, rap o grime (mezcla del dancehall y el hip hop), que han llevado hasta la pista a un público fiel al evento y que pide a gritos que se quede en Barcelona, pese a las voces que hablan de una posible nueva ubicación. El cambio de fecha (normalmente se celebraba a mediados de junio) no ha ayudado, al igual que la huelga de montadores de escenarios y una posible vulneración de ese derecho que a punto estuvo de paralizar el festival. Con todo, según la organización, el Sónar ha llegado a los 105.000 asistentes, 20.000 menos que el año anterior.

Una de esas estrellas que ha tirado este año del carro ha sido Stormzy, el artista londinense de 25 años que sustituyó a última hora a A$AP Rocky, que fue detenido en Estocolmo tras haberse visto envuelto en una pelea callejera. El inglés, que pidió la libertad de su compañero durante la actuación, ya había pisado el Sónar hace tres años, pero el viernes llegó al escenario principal de la noche con toda su energía a pesar de la sobriedad del juego de luces y de estar acompañado solo por un DJ. Puso en valor casi todos los temas de su único disco, Gang Signs & Prayer, siendo su tema One Take Freestyle el más celebrado entre el abarrotado público. Con parecida estática, y bajo el mismo género musical, el también MC británico Skepta interpretó el sábado el material de su nuevo disco, Ignorance Is Bliss.

El otro protagonista del Sónar 2019 fue Benito Martínez Ocasio, alias Bad Bunny, recién llegado de su país de origen, Puerto Rico, donde encabezó hace unos días junto a Ricky Martin, Residente y otros conocidos boricuas las masivas manifestaciones para exigir la renuncia del gobernador de la isla, Ricardo 'Ricky' Roselló, tras el escándalo de los chat machistas y homófobos. De hecho, durante la actuación en la ciudad condal el 'conejo malo' rompió un grito por la causa y pidió apoyo a los miles de asistentes, algunos de los cuales portaban banderas de Puerto Rico. "Hay gente aquí de mi país que sé que daría lo que fuera por estar allá con nosotros luchando… Yo le voy a pedir a mi gente de Barcelona que me ayude", expresó mientras conminaba a que se coreara el lema 'Ricky, renuncia'.

Underworld en su set del Sónar 2019 | SÓNAR

Bad Bunny tenía que empezar a las 22.30 horas del sábado en el escenario principal del Sónar de Noche, ubicado en los recintos de la Fira de la Gran Vía de L'Hospitalet, pero se retrasó 20 minutos, quizá consciente de la enorme cola que se formó a la entrada para ver, sobre todo, su actuación. Ataviado en todo momento por un pañuelo mosquitero que le cubría toda la cara, sombrero, gafas de sol, micrófono de colores y ropa de camuflaje a pesar del intenso calor que se respiraba en el SonarClub, el actual rey del trap latino (que él mismo llama 'la nueva religión' musical) repasó los temas de su versátil disco X100PRE, donde combina trap, R&B, hip hop y electrónica.Y levantó al entregado público desde el inicio con 'Ni bien ni mal' pasando por Otra noche en Miami, Caro, Sensualidad, Soltera, Callaíta y Estamos bien, entre otros de sus hits.

Bad Bunny se retrasó 20 minutos, quizá consciente de la enorme cola que se formó a la entrada para ver, sobre todo, su actuación

Underworld o Disclosure fueron los encargados de devolver la naturaleza electrónica al Sónar. Los primeros, con 40 años en los escenarios, entregaron el sonido de sus sintetizadores a varias generaciones de 'bakaletas' que se reunieron el viernes en el recinto nocturno del festival catalán. Los británicos ofrecieron sus temas más noventeros, caracterizados por la aceleración rítmica de los bpms propia del trance y del progressive, pero también novedades de su nuevo proyecto: Drift, como Listen to Their No. Cerraron el concierto con su apoteósico epinicio generacional 'Born Slippy', archiconocido tras ser incluido en la banda sonora de la película Trainspotting. Por su parte, los hermanos Lawrence (Disclosure) mantuvieron el pabellón alto el resto de la noche presentando temazos grandiosos como You & Me, con el que clausuraron su DJ set a las 5 de la madrugada.

La apuesta por los ritmos urbanos del Sónar de este año –que granjeó a la organización numerosas críticas de los seguidores más incondicionales de la música electrónica– también llegó de la mano de artistas nacionales. Este fue el caso de la catalana Alba Farelo, más conocida como Bad Gyal, que congregó a cientos de personas para presentar su nuevo espectáculo Bad Gyal Sonar System en el Sónar de Día, que se celebró en los espacios de la Fira de Monjuic. Todo bajo un sol de justicia a las 6 de la tarde del sábado en una explanada en la que no había agua potable gratis ni aspersores, como últimamente hay en otros grandes festivales.

Durante su performance, en la que apareció con bikini rosa, pedrería y uñas a lo Rosalía, intentó animar al público con sus exitosos temas como Jaracanda, con el que abrió, u otros como Fiebre, Santa María, Open the door, Candela o Más raro, siempre acompañada por varias bailarinas y moviéndose de un lado a otro con toques cual Beyoncé. Pidió en repetidas ocasiones a los concentrados que bailaran porque “esto es una fiesta”, pero para la mayoría de los heterogéneos e internacionales asistentes, salvo los entregados de las primeras filas, no era ni momento ni lugar para perrear ni doblar medianamente la cadera para hacer 'twerking'. La hija del actor Eduard Farelo, aunque no llenó el cotizado espacio del SonarVillage y abusó sobremanera del autotune, cumplió con profesionalidad su hora de actuación e incluso le dio tiempo a lanzar algún mensaje empoderado afirmando que “por culpa de algunos hombres, no todos, que se van con tu amiga o tu prima, nos peleamos entre nosotras”.

Tras la actuación de Bad Gyal fue el turno de otro invitado de la casa, el barcelonés Cecilio G, que llegó al más fresquito, cubierto y abarrotado escenario SonarXS a lomos de un caballo negro y ondeando una bandera blanca y negra. Ejecutó un trap más duro, con toques de punk, en un espacio pequeño y con unos anárquicos acompañantes sin camiseta. Además tuvo palabras en contra de la gentrificación creciente en Barcelona, asegurando que a la gente sin dinero “quieren echarla de la ciudad”. Igualmente, fue destacable también la actuación de Dellafuente, el granadino famoso por su trap aflamencado, que comenzó su repertorio con 'Dile' y siguió, entre otros, con temas como Guerrera y Ya no te veo, que acompañó con la voz pregrabada de C.Tangana.

Bad Gyal -Alba Farelo- en el Sónar 2019 | Julio de la Fuente

Sónar cierra una problemática edición con la vista puesta en recuperar público y mejorar en la nueva década

De regreso a la electrónica, Four Tet ofreció una completa sesión casi a oscuras en el macroespacio SonarPub. Otro escenario, el selecto Sonar Car (un círculo oculto por grandes cortinas rojas y con un tumultuoso acceso al estilo del aeropuerto), ofreció viernes y sábado zapatilla de la buena con un set de 6 horas protagonizado por un solo artista. El viernes fue el turno de Floating Points, uno de los artistas de electrónica del momento; y el sábado el de Body & Soul, que ofreció un recorrido por la música de baile de los últimos 30 años. Por su parte, Paul Kalkbrenner fue uno de los encargados de cerrar el festival barcelonés, donde pinchó composiciones de su octavo álbum Parts of Life, un trabajo repleto de melodías techno plenamente creadas para la pista de baile.

Con todo ello, Sónar cierra una problemática edición con la vista puesta en recuperar público y mejorar en la nueva década, en la que el festival volverá a celebrarse en junio (en 2020 el 18, 19 y 20 de junio) y donde los ritmos urbanos seguirán acaparando protagonismo. Una reducción de los precios de los abonos (es el festival más caro de España), la integración en un mismo ticket de jornada el Sónar de Día y el de Noche o el abaratamiento de los precios de comida y bebida en el interior podría favorecer el mismo objetivo: que un Sónar de calidad se quede en Barcelona y en el público responda.