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Lorca se hace ópera

'El Público', una de las obras más surrealistas del poeta granadino, se estrena este lunes en el Teatro Real

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Ensayo de una de las escenas de la ópera./ JAVIER DEL REAL

MADRID.- Lorca decía que su obra El Público fue pensada para ser silbada. Y no fue muy descaminado, porque aunque no dotó de armonía el texto, finalmente su premonición acabará por cumplirse. El próximo lunes 24 de febrero tiene lugar en el Teatro Real el estreno mundial de su adaptación operística. La música de este espectáculo la firma el compositor madrileño Mauricio Sotelo y el libreto, el novelista Andrés Ibáñez. “Llevábamos tiempo queriendo hacer una ópera juntos, los proyectos empezaban y terminaban a medias”, asegura este último.

Aunque el estreno es el lunes, este domingo por la tarde algunos pocos privilegiados podrán disfrutar de un ensayo con público. Para ambos, este pase supone la culminación de un macroproyecto en el que se han visto involucradas más de 100 personas, desde músicos, actores, bailarines, escenógrafos, directores… y de una semana, esta última, maratoniana en la que han atendido a periodistas de todo el mundo. “Nos han propuesto entrevistas desde The New York Times hasta medios de comunicación poco conocidos de países como Rumanía”, reconoce abrumado.

En la versión operística, además de la participación de la orquesta de Viena, especializada en música contemporánea, habrá música electrónica y tintes flamencos. “Hay momentos de la ópera que no sabes lo que estás oyendo. No es música contemporánea ni flamenco. A veces se mezcla la orquesta con los cantaores. La soprano, por ejemplo, se acerca al mundo del cante hondo y éste, a su vez, se acerca al mundo de la ópera. Es realmente asombroso”, explica Ibáñez.

La acción de la obra se centra en un director de teatro que acaba de estrenar Romeo y Julieta. Tras la función, un antiguo amor va a visitarle al camerino. Es un hombre. Este le recrimina que haya sacrificado su romance por ser aceptado socialmente, de hecho está casado y lleva, como cualquier otro coetáneo con su status, una vida burguesa y convencional para guardar las apariencias. Este sería el eje argumental, pero no es lineal. Se trata de una serie de transformaciones, estados mentales y ensoñaciones que están dentro del plano de lo imposible.

De hecho, esta es una de las obras más surrealistas de Lorca. La ideó en 1930, en Cuba, y no se estrenó hasta 56 años más tarde. “Su texto más trágico y rompedor lo escribió en su momento más feliz”, relata Ibáñez. Lorca no vivió su homosexualidad con libertad hasta que se fue de España. Hasta entonces, como muchos otros de su época, sentía miedos, complejos y mucha vergüenza. “Había amigos suyos que ni siquiera sabían que era gay”. Su estancia en Nueva York le permitió explorar y, de forma más abierta y con mayor alegría, vivir su homosexualidad.

En Cuba lo tenía todo. Vivía en casa de unos amigos, los hermanos Loynaz, una familia culta de escritores y artistas. En su morada, las paredes y espacios estaban decorados con múltiples obras de arte. Lorca lo llamaba El Palacio. Estaba exuberante en aquel ambiente culto, iba con chófer a donde se le antojase, tenía muchos amigos, daba conferencias en auditorios en los que no cabía ni un alfiler, organizaba fiestas en las que cantaba y tocaba el piano. “Él siempre dijo que se sentía más músico que poeta”, explica el novelista.

Ensayo de la ópera./ JAVIER DEL REAL

Con este ambiente caribeño, el poeta gestó una de sus obras más controvertidas. Ideada para ser representada en los escenarios dentro de unos cuantos años, cuando la sociedad estuviese preparada para tratar la homosexualidad en el teatro. Quizás por ese motivo, precisamente, lo que se conserva del texto es un borrador y no su versión definitiva. Quizás el poeta hubiese querido, pasado ese tiempo, retomar la historia y hacer algunos ajustes al poco de su estreno.

Sobre este tema hay mucha leyenda. Se dice que Dulce María Loynaz llegó a tirar uno de los borradores a la basura espantada por lo surrealista de la obra. También se dice que existía una versión acabada que Lorca leía en algunos sitios. “Esta teoría es improbable”, explica Ibáñez, y lo justifica porque cuando Lorca se fue de Madrid le dio una serie de manuscritos a su amigo Rafael Martínez Nadal, entre ellos el boceto de El Público por si le llegara a pasar algo. “Si existe una versión terminada, no hubiese querido que se guardase el borrador”, opina.

“Esta obra es un canto desesperado hacia la libertad sexual, hacia romper los moldes y los valores burgueses y religiosos, las restricciones y decirlo todo con toda claridad. El texto, a veces, dice cosas desagradables y feas y yo he querido dejarlas tal cual”, asegura el escritor sobre su trabajo. Uno de los momentos más significativos de este espectáculo para Ibáñez es una escena en la que hay muchos trajes y máscaras. De repente, sale un personaje con una cabeza de huevo de avestruz, en el final del segundo acto. “Esa cabeza es el símbolo de lo que significa la obra. ¿Qué significa? Nada. Es el enigma del ser humano”.

Ensayo musical: de espalda, Pablo Heras-Casado (director musical).De izda a dcha: Agustín Diassera (percusión), Cañizares (guitarra), Arcángel y Jesús Méndez (cantaores)./ JAVIER DEL REAL