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La última cabalgada de Franco

La exposición 'Fantasma '77. Iconoclasia española' explora la imagen monumental del dictador a partir de las estatuas ecuestres que se erigieron en distintas ciudades españolas. 

El dictador decapitado
El dictador decapitado a lomos de su caballo.

El efecto más notorio de la Ley de Amnistía, aprobada en el Congreso de los Diputados el 15 de octubre de 1977, es que establecía la extinción de la responsabilidad criminal de la dictadura franquista, la cual quedaba fuera del alcance de la justicia. No obstante, la ley proyectó un problema que no ha sido muy abordado: si la Ley impide pedir cuentas a Franco, ¿qué ocurre con su imagen? ¿En qué estado queda su representación? ¿Cómo debe gestionarse esta herencia, absuelta ya jurídicamente?

"Estamos hablando de una ley que no fija una fecha de inicio, esto se hizo así para no mover cosas de la Guerra Civil, el problema es que quedaba amnistiada toda la historia de España, desde Viriato hasta el último neolítico, el problema es que convertía el franquismo en patrimonio y ponía las estatuas ecuestres de Franco a la altura de cualquier otro gerifalte de este país", se queja el historiador Jorge Luis Marzo, uno de los responsables de Fantasma ’77. Iconoclasia española, muestra que explora la imagen monumental de Franco después de la muerte del modelo y la forma en que el Estado ha bregado con ella. 

Fotografia: José Aleixandre, 1983.

La exposición, que se ha inaugurado este jueves en el Centro de Arte Tecla Sala de L'Hospitalet, propone un recorrido a través de las nueves estatuas ecuestres de Franco que se instalaron, y posteriormente desinstalaron, en distintas ciudades españolas como València o Barcelona. La muestra presenta una instalación audiovisual, un cronograma con las fechas de colocación y desmantelamiento de las estatuas, fotografías y vídeos de los disturbios que se produjeron en València cuando se retiró.

"Esta exposición aborda lo que llamamos la espectrología, que es un término que viene de la semiótica y que fundamentalmente lo que hace es estudiar la competencia pública de los espectros, analizar la formas políticas que adquieren las cosas cuando dejan de existir, en este caso aplicado a las figuras históricas", explica Jorge Luis. La Ley de Amnistía nada dice, efectivamente, del devenir de las imágenes realizadas por la dictadura. Solo se refiere a personas, las imágenes quedan en suspenso.

Más tarde, en 1981, el Congreso de los Diputados aprueba una ley que prevé la retirada de los escudos franquistas de las calles. A partir de 2004, empieza a promulgarse legislación patrimonial de obligado cumplimiento. La amnistía emplaza a pensar el franquismo como memoria personal, no colectiva, y, por lo tanto, empoderada para hacer posible una restitución democrática tanto de muchos de los espacios públicos como de las memorias de las víctimas.

Es entonces cuando se suceden en nuestro país los fenómenos de la iconodulia (veneración) y la iconoclastia hacia las representaciones de Franco. Y es ahí donde pone el foco Fantasma ’77. Iconoclasia española, en el análisis de las políticas patrimoniales del Estado (mediante la acción de gobiernos, parlamentos y tribunales) respecto a la herencia de la iconografía pública franquista en la nueva monarquía parlamentaria.

Estos fenómenos contribuyen a confirmar una especie de patrón en la forma en que se gestionan: la fantasmización, la conversión de las imágenes supervivientes del franquismo en "espectros hipócritas". Tal y como suele decir Joan Roca, director del Museu d'Història de Barcelona, cuyas palabras evoca Jorge Luis Marzo al otro lado del teléfono: "¡No toquéis a Franco que se anima!". En efecto, estas esculturas tienden, por lo general, a quedar en un limbo burocrático.

Franco decapitado a lomos de su caballo

A finales de 2016, una estatua ecuestre del dictador generó cierto revuelo. Colocada frente a un edificio del Born, con motivo de una exposición temporal, sufrió, entre otras cosas, pintadas y lanzamientos de huevos. Incluso fue arrojada al pavimento, momento en el que las autoridades decidieron retirarla. La estatua integraba una exposición que criticaba la permisividad con los símbolos de la dictadura y generó notable polémica desde el primer día que estuvo expuesta. Un día amaneció incluso con una muñeca hinchable.

Fotografia: Manuel Molines, 1983.