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Los secuaces de Cristiano

Sus compañeros de la selección le adoran, pero si hace falta darle un toque se lo dan

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El periodista Santiago Segurola ve a Cristiano en Portugal con la misma determinación que Maradona en la Argentina que ganó el Mundial de Méjico 86. Sus compañeros saben que es un hombre difícil y no hacen más que reconocer la importancia de Cristiano: no les importa menospreciarse a sí mismos para glorificarle a él. Pepe califica a Cristiano como 'el jefe', Moutinho asegura que 'no tiene puntos débiles' y Meireles entiende que su protagonismo 'sea excesivo'. Al fin y al cabo, el fin justifica los medios y, si este es el habitat que Cristiano necesita para ser feliz, sus compañeros no ponen reparos. Pero ¿significa eso que Portugal, si no fuese por Ronaldo, sería un equipo vulgar? No tiene por qué.

Hay una dependencia mutua. En días de éxito, como ante Holanda y Chequia, Ronaldo lo soluciona todo, capaz de fabricar y terminar por sí solo las jugadas de gol. Pero, de no ser por el trallazo de Varela en los últimos cinco minutos ante Dinamarca, Ronaldo ya no estaría en la Eurocopa. La angustia pudo con él ese día, en el que no hizo más que equivocarse y protestar. Pepe, incluso, le regañó, y no fue la primera vez que algún compañero le preguntó qué pasaba. Una cosa es ayudarle a que sea feliz y otra rendir pleitesía a sus caprichos. Tras el primer partido, ante Alemania, Nani se quejó de que le pasasen tantos balones a Cristiano y tan pocos a él. 'No tenía sentido', señaló. 'Yo estaba solo en la derecha'.

Nani es el extremo diestro de Portugal: tiene mejor regate que Cristiano y llega más rápido a la línea de fondo. Nunca ganará tantos partidos como Ronaldo, pero eso no lo hace de menos. Juega en el Manchester y la suerte para España es que, lesionado con una fractura de clavícula, no estuvo en el partido de Sudáfrica. Pero en Donetks sí estará y Joao Pereira ya le ha avisado a Jordi Alba, futuro compañero suyo en el Valencia, que tenga 'cuidado con él'. Pereira, en realidad, es un tipo que, fiel al carácter de su país, nunca se hará de menos. No acepta que España sea favorito y recuerda que el partido del Mundial estuvo muy igualado. Y como es verdad lo que dice no se le puede acusar de embustero.

Pereira, además, podría decir que ese día Cristiano, anulado por Sergio Ramos, no vio el balón ni en pintura. Y sería verdad. Y, si tira de memoria, podría recordar que aquella Portugal no creía en Queiroz, un entrenador sin autoridad, y vivía una guerra interna. Ahora, sin embargo, Paulo Bento ha acabado con esa legión de conflictos y ha rejuvenecido a un equipo que es un reflejo suyo. Juega con mucho carácter y no hay que olvidar que Paulo Bento, aparte de una persona encantadora, fue un hombre cuya personalidad dejó huella en el Oviedo. Su duo con Onopko fue imborrable, pero dentro del campo no conocía a nadie. Bento gritaba hasta a sus padres. En una sola temporada coleccionó hasta 14 tarjetas amarillas.

Portugal, además de Cristiano, es un equipo sin miedo. Tiene a Rui Patricio, un portero muy satisfactorio, y no siempre fue así en su historia. Los dos centrales Pepe y Bruno Alves exponen ese sentimiento patriótico que les endurece más si cabe. Y no es fácil. Coëntrao ha madurado este año en el Madrid y cada vez incurre con menos locuras con la pelota. En realidad, el patrimonio de Portugal nunca será la pelota. Es la gran diferencia con España, pero no le importa. Sus jugadores se han convencido de que si saben esperar y salir a la contra no hay un equipo mejor que ellos. Así aprovechan la rapidez de Nani y la fabulosa capacidad de atracción de Cristiano que, aunque nunca hará el gol que Maradona le hizo a Peter Shilton en Méjico 86, se atreve a parar el balón con el pecho en cualquier parte y bajarlo al césped. A partir de ahí arranca la tormenta.

El peor vicio de Portugal es el de casi siempre. Desde Jordao o Fernando Gomes, no consigue un delantero centro a su medida. Aún menos ahora que se ha lesionado Postiga. Su sustituto podría ser Hugo Almeyda en un equipo con un sistema muy clásico. Juega un 4-3-3 con un medio campo, que produce más que en Sudafrica. Pepe a diferencia de entonces ya no juega de medio centro. El poder le corresponde a Miguel Veloso, un tipo de clase, capaz de tirar a gol desde cualquier parte. Lo demuestra en el Génova, donde se le adora. A su lado se asocian dos futbolistas muy respetables: Mourtinho no sólo es una cabeza fantástica. También es el líder del Oporto. Y Meireles es como un extravagante analista financiero, capaz de equilibrar al Chelsea, campeón de Europa. Allí pasa lo que en Portugal: la pelota está el tiempo justo en sus pies. La diferencia es que en Stanford Brigde, Meireles nunca encuentra a Cristiano, 'al mejor futbolista del planeta', según él. Y la realidad es que, si Ronaldo juega como ante Chequia u Holanda, será más decisivo que cualquier futbolista de España. Y esa es otra de las razones que complican con gravedad la semifinal.