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Cinco factores que explican el frenazo de la economía en 2019 y cinco predicciones para 2020

El ciclo surgido de la crisis de 2008 se ha quedado a merced de lo que no pocos economistas llaman una tormenta perfecta: bajo crecimiento, tipos de interés próximos a cero y con escasos gobiernos dispuestos a arriar velas con nuevos planes de estímulo. 

Contenedores en una terminal del puerto de Hamburgo (Alemania). REUTERS / Fabian Bimme

DIEGO HERRANZ.

La economía global registró en 2019 el ritmo de crecimiento más bajo en una década, una cota desconocida desde la crisis de 2008. El PIB del planeta aumentó un 3% este año, el límite de lo que el consenso del mercado entiende técnicamente por contracción.

Pero, ¿qué secuelas deja el parón de actividad del pasado año? Y, sobre todo, ¿qué efectos colaterales tendrá sobre la coyuntura de 2020?

1.- Riesgos geopolíticos con anemia productiva

Las guerras comerciales auspiciadas por la Casa Blanca y sus activos tóxicos, las subidas arancelarias, han generado, junto a la incertidumbre del brexit, gran parte de las tensiones económicas de 2019. El FMI, en varios posts invernales que actualizan su visión otoñal, inciden en que estos dos factores siguen dañando la confianza de las empresas y la actividad global. Especialmente en las potencias industrializadas y China. Vestigios que han magnificado la debilidad cíclica y la ralentización estructural de economías emergentes como las de Brasil, India, México o Rusia. El empeoramiento del cuadro de mando de todos ellos es palpable.

Pero no sólo en sus coyunturas macroeconómicas. Las presiones también se atisban en el orden financiero (con Argentina al borde de la quiebra técnica), en el geopolítico (con Irán y la nueva afrenta estadounidense sobre el régimen de los ayatolás), y en el social (con revueltas en gran parte de los países latinoamericanos, algunos asiáticos, varios en Oriente Próximo), con un creciente descontento laboral en naciones de rentas altas, como Francia o, incluso, EEUU, donde las reivindicaciones salariales y en favor de restablecimiento de derechos de trabajadores en la multinacional General Electric, están recuperando las proclamas sindicales.

2.- Parón del comercio y de la industria

Sólo las tensiones comerciales entre EEUU y China han restado 760.000 millones de dólares al flujo de bienes y mercancías, el equivalente al PIB suizo, además de acelerar la caída productiva y de elevar los costes de intermediación del comercio y del capital.

Los planes de compra de los consumidores y las estrategias de inversión de las firmas empresariales se han retraído. Al igual que la adquisición de maquinaria y bienes de equipo por parte del tejido industrial. Tendencia que se aprecia sobre todo en economías de alta exposición internacional, como las asiáticas. Pero que es palpable en países como Alemania o Japón, cuyas tasas industriales han retrocedido en términos anuales. También en China y Reino Unido, donde han mostrado una ralentización considerable. Incluso en EEUU se aprecia ya una “pronunciada caída de la producción de bienes de capital”, dice el FMI.

El sector del automóvil cae en ventas. Mientras los conglomerados industriales transitan hacia la digitalización mediante cambios en sus cadenas de valor de sus empresas y hacia la neutralidad energética sin proporcionar pautas claras a los consumidores, que adoptan una actitud de esperar y ver “la oferta tecnológica” que les convenza en el futuro. El consumo ha entrado en parálisis permanente.

3.- Los bancos centrales vuelven a los tipos-cero

Como si se tratase de una acción concertada, las autoridades monetarias del bloque industrializado y del espacio emergente han restablecido la laxitud para añadir arsenal financiero (y crediticio) a los mercados.

Sin embargo, el clima inversor permanece enrarecido. Esencialmente, por la todavía excesiva sobrevaloración del dólar, que sigue poniendo en riesgo los balances de los bancos; sobre todo los de latitudes ajenas a EEUU. En medio de un clima de especulación creciente en los mercados cambiario y de deuda.

Han vuelto a pulular a sus anchas los activos tóxicos (productos derivados, estructurados y swaps) que llevaron al colapso de Lehman Brothers. Tesis que corrobora el Banco Internacional de Pagos (BIS) que constata que el volumen diario de contratación de estos instrumentos de alto riesgo inversor llegó a crecer en algún trimestre de 2019 (en concreto, en el segundo) hasta un 29%, más de 6,6 billones de dólares. Un tamaño similar a la suma de los PIB de Japón y de España.

Por si fuera poco, la acumulación combinada de los niveles de deuda soberana (estatal), privada (de firmas financieras y empresariales) y de hogares ha alcanzado la cifra récord de 250 billones de dólares, casi tres veces el valor del PIB mundial. El billete verde, pese al goteo en su valor de los dos últimos meses del año, continúa aún un 15% por encima del precio fijado por el mercado.

4.- Las bolsas y el petróleo, en peligroso apogeo

Los índices bursátiles en EEUU y Europa han protagonizado un año triunfal. El mejor de la década pasada para el S&P 500, después de firmar un avance anual del 29%, hasta totalizar 5,9 billones de dólares de valor añadido. El Nasdaq, por su parte, se revalorizó un 38%, el mejor ejercicio desde 2009. Y la bolsa europea sumó un 23%, hasta cotas también desconocidas desde el año uno después de la crisis (el Ibex 35 español ha avanzado un 12%, su mayor avance en siete años).

También el petróleo ha mostrado vigor. El precio del barril de crudo se ha anotado un alza del 35%. Sin embargo, estos rasgos positivos son un arma de doble filo.

Jeffrey Gundlach, apodado el Rey del Bono dentro de la comunidad financiera internacional e inversor jefe de DoubleLine Capital, se acaba de unir al coro de voces que “huelen algo en los mercados que recuerda a 2006 y 2007”. Un augurio que se ha trasladado por los parqués bursátiles estadounidenses en varios momentos del año; sobre todo, entre los dueños de firmas de asesoramiento en fusiones y adquisiciones. Gundlach afirma ahora, en el tránsito a 2020, QUE los inversores “están luchando con uñas y dientes para eludir una próxima recesión”, igual que la Fed, el BCE y otros bancos centrales, “pero llegará”, dice a la agencia Bloomberg.

Hay firmas zombis que siguen en activo porque los tipos de interés están artificialmente bajos y los bonos corporativos están significativamente sobrevalorados, como los activos subprime en 2006 y, como entonces, algunos de ellos tienen ratings triple A, a pesar de que ahora apenas valen 20 centavos de dólar, recalca Gundlach.

Los riesgos geopolíticos en Oriente Próximo y el descenso gradual de los inventarios en EEUU han dirigido la cotización del barril de West Texas Intermediate, el de referencia en EEUU, hasta los 61,60 dólares al término de 2019. Y el del Brent, a 66,59 dólares. En un ejercicio en el que este combustible fósil ha estado a pleno rendimiento, a total capacidad de suministro. A pesar de los recortes de la OPEP+, como se conoce al nuevo cónclave de productores del cártel más Rusia y sus satélites energéticos. Aunque en servicios de estudios como el de Deloitte advierten de una corrección a la baja por los riesgos de recesión en EEUU en los próximos 12 meses, del 25%, o de que mantenga ritmos del 2%, como en la última mitad de 2019, escenario al que concede un 10% de probabilidades. Como sucedió en 2008, una breve fase de euforia recorrió las principales plazas bursátiles y el mercado del crudo antes de la quiebra de Lehman Brothers.

5.- ¿Está EEUU en la antesala de una recesión?

Más allá de la predicción de Deloitte, o del debate sobre si la economía estadounidense (que determinará el bache del PIB global) entrará en recesión, habrá contracción sincronizada de las potencias del G-7 como en 2009, o si se producirá una corrección bursátil que desembocará en un despegue lento de la actividad, algunos análisis del mercado elevan esa posibilidad hasta el 50% en 2020.

Una de ellas es Legg Mason, que maneja más de 750.000 millones de dólares en activos. O Clear Brigde, cuyo estratega jefe, Jeffrey Schulze, la atisba antes del ecuador del ejercicio. Su dictamen se basa en el paulatino estrangulamiento de las pymes americanas. “Este es, sin duda, el mejor barómetro. Mucho más efectivo que los indicadores bursátiles sobre márgenes de beneficios de las grandes corporaciones”, asegura antes de recordar que la mitad de la masa laboral estadounidense “está empleada en firmas de escasa dimensión”, y ya han empezado a recortar horas para hacer frente al aumento de costes laborales derivados de los incrementos arancelarios, explicaba antes de que expirara el año en Business Intelligence.

El Risk Monitor de BBVA redujo las opciones de que EEUU entre en números rojos a su nivel más bajo del año en diciembre, aunque sitúa aún en el 30% las probabilidades de que suceda en los próximos doce meses. En opinión de sus expertos, las condiciones financieras se han consolidado y fortalecido gracias a los ajustes monetarios de la Reserva Federal, que también ha devuelto solidez a la riqueza de las familias, impulsoras del repunte del consumo en el tramo final de 2019. “La pregunta no es si entrará en recesión -se cuestiona el consenso del mercado, sino cuándo y con qué virulencia sucederá”.

Un 2020 con la mirada puesta en la casa Blanca

El año que acaba de empezar viene cargado de incógnitas, de interrogantes geopolíticos como la cada vez más compleja relación de la Casa Blanca con Irán o el rutilante y visible acercamiento entre Rusia y China. Pero, visto en perspectiva, el horizonte temporal estará dominado por las elecciones presidenciales en EEUU de noviembre.

Estas son cinco de las previsiones económicas que se cuecen en los mercados.

1.- “Donald Trump nos ha hecho más débiles”

Así de contundente se muestra el premio Nobel de Economía, Paul Krugman, en su diagnóstico sobre la guerra comercial desatada por EEUU con China. Pese al anuncio de Washington y Pekín de que formalizarán la primera fase de un acuerdo a mediados de enero. Una entente cordiale que no despierta precisamente los elogios ni de los observadores internacionales, ni de las empresas exportadoras o los mercados. Tampoco de las firmas manufactureras americanas, a las que el presidente republicano prometió impulsar con su estrategia proteccionista.

Para Krugman, el coste de esta política la pagan los consumidores, las industrias y los agricultores y ganaderos del país. “Nos dice que vamos a salir victoriosos de la contienda”, escribía en su tradicional columna de opinión dominical en New York Times. Pero “la realidad -explica- es que no hay casi ningún vencedor en esta guerra; más bien perdedores”. Trump -continúa- “nos transmite a los estadounidenses que es un negocio ventajoso para EEUU, que ellos claudicarán, y que básicamente hay que concluir lo que se ha iniciado, mientras que a los consumidores nos ofrecen productos más caros por las dificultades de los distintos sectores industriales y agroalimentarios americanos para acceder a bienes y materias primas de primera necesidad para sus negocios a precios adecuados”.

Y pone un dato elocuente sobre la mesa. Durante la guerra comercial iniciada en verano de 2018, las exportaciones de EEUU hacia China han caído en precios más que las importaciones chinas hacia la primera economía global. “Una tendencia que sugiere que, mientras los consumidores americanos pagamos sobrecostes por las subidas tarifarias, el sector exterior del gigante asiático encuentra más facilidades para sustituir la carencia de productos y servicios estadounidenses en su mercado”. El año no será fructífero para EEUU, expresa el laureado economista que se erigió también en azote de George W. Bush.

2.- Las bolsas y el comercio se retraerán

“El retorno de beneficios de dos dígitos de 2019 no se reeditará”. Es el sentimiento que impera en Wall Street. Aunque algunos servicios de estudios como el de Bank of America o Barclays se inclinan por un leve, lento y paulatino despegue de la economía estadounidense antes de la trascendental cita con las urnas. Dando por hecho que los efectos de las guerras comerciales ya se han descontado y que las mejores expectativas en las tasas de rentabilidad del mercado de bonos y la apuesta del G-10 por reducir el valor del dólar mantendrá el pulso de la coyuntura.

Pero la industria no se muestra convencida de ello. Porque, según el Departamento de Comercio, el conjunto del sector manufacturero viene de caer en una contracción en el tramo final de 2019 y porque estudios como el de la consultora Bankrate, hasta 25 segmentos productivos reducirán en mayor o menor medida sus plantillas por la escalada de tarifas en marcha. Los peores parados serán el comercio al por mayor que se enfrenta a pérdidas de empleo del 5,5% tras expulsar, entre 2001 y 2017, antes de que se desencadenaran la guerra comercial, a 184.000 trabajadores; las comunicaciones, con sus segmentos de audio, de video y de manufacturas de equipo, que rebajarían sus plantillas en 7,4%, el de semiconductores, en un 8,5%, la informática y equipamiento auxiliar de software, en un 19,7% y el dedicado a fabricación de componentes electrónicos, que lo hará en un 36%, tras protagonizar un expediente masivo de regulación de empleo que afectó a 1,209 millones de trabajadores desde el inicio del siglo.

UIn hombre con paraguas pasa por delante de la sede del Bolsa de Nueva York (NYSE, según sus siglas en ingles), en Wall Street. REUTERS/Brendan McDermid

3.- El cuadro industrializado se oscurece

El índice-gestor de compras de IHS Markit revela que la economía global está prácticamente parada. Especialmente por las potencias industrializadas. El PIB global viene de marcar un 2,6% de crecimiento conjunto, anticipan sus analistas y el ligero avance del tramo final del otoño “se debe más al efecto de las rebajas de tipos de los bancos centrales” que a un salto de actividad real. Sus pronósticos hablan de aterrizaje de EEUU, con tasas interanuales por debajo del 2%, y con posibles “sorpresas negativas” tanto en producción como en empleo antes de los comicios.

Europa (asegura este indicador de bastante fiabilidad predictiva, al menos a medio plazo), “podría haber superado lo peor en 2019”. El final del Brexit está descontado y la industria se ha agarrado al balón de oxígeno monetario y espera estímulos fiscales mientras otea un horizonte de reconversión hacia la sostenibilidad y la digitalización que empieza a ser esperanzador en términos de confianza empresarial. “Aun así, estará cerca de la recesión”. Salvará los números rojos por medio punto. Porque la actividad manufacturera sigue debilitándose. Por decimoprimer mes consecutivo, en noviembre, según el barómetro de IHS Markit, se situó en el nivel 46,3, por debajo de la cota de 50, que determina contracción. Pero eludirá la recesión anual, alertan.

Sobre Japón, avanzan, “el macro-programa de estímulo fiscal de 120.000 millones de dólares, el enésimo en las dos últimas décadas, parece una cifra capaz de neutralizar los efectos de la subida impositiva sobre el consumo de 2019, pero apenas servirá para que su PIB crezca tres décimas este año”.

Europa y Japón vuelven a ejercer como enfermos económicos mundiales, con bajo crecimientos y una casi nula inflación. Bajo este panorama y la incertidumbre sobre el post-brexit en una economía, la británica, que sufrió el receso durante los meses del pasado verano, el fantasma de una contracción sincronizada del G-7 vuelve a desplazarse por alguno de los centros de análisis del mercado.

4.- China y los emergentes, dos monedas al aire

El gigante asiático continuará con su tasa por debajo del 6%, tanto este año como el siguiente. A falta de conocer el calibre de nuevos planes de estimulación, al segundo PIB del planeta le asolan riesgos latentes, como su deuda oculta, y otros estructurales, como el súbito envejecimiento social y la drástica caída de la productividad derivada de las hostilidades arancelarias que pesan sobre su sector exterior. El diagnóstico del mercado habla ya de una década de bajo dinamismo que, en términos económicos chinos, alerta de alzas anuales en el entorno del 5%.

También el Banco de China acaba de afirmar que recortará tipos hasta que los bancos puedan restablecer su caudal de créditos, incluso si tiene que hacer uso de su astronómica reserva de divisas, superior a los 3 billones de dólares, para espolear el vigor del PIB en 2020. Incluso se ha puesto una cifra: poner en circulación 115.000 millones de dólares adicionales en el sistema, afirma Standard & Poor’s.

Los emergentes, con Rusia, Brasil, India y México a la cabeza (también Turquía y Sudáfrica) apuestan casi todas sus ilusiones a un ejercicio con valor de divisas estable y un dólar que se acomode a su cotización real. Todos ellos se han incorporado al ciclo de abaratamiento del precio del dinero, aunque evolucionan en cotas todavía demasiado altas para contener posibles presiones sobre sus monedas. Los precios de las materias primas, claves en la mayoría de ellos, apuntan a una tabla rasa en la segunda mitad del año, tras experimentar bajadas durante los dos primeros trimestres ante el descenso de la demanda energética por los retrocesos en la actividad de las potencias industrializadas y en el PIB mundial al que casi ningún analista concede un ritmo superior al de 2019, si EEUU no suscribe un alza superior al 2,25%.

Una aldeana fabrica farolillos rojos en un taller en Anqing, en la provincia de Anhui (China). REUTERS

5.- Las grandes amenazas geopolíticas

Año tumultuoso de la diplomacia estadounidense, que se suma a la sucesión de tensiones generadas por la Administración Trump y su America, first ya desde el inicio de su periplo presidencial. El affaire Ucrania, con acusaciones de abuso de poder de Trump para lograr su propósito de señalar hipotéticos negocios turbios de Joe Biden, uno de los aspirantes demócratas mejor colocados para rivalizar con Donald Trump en las urnas en noviembre y vicepresidente con Barack Obama, ha sido el detonante que ha lanzado el Congreso para iniciar el impeachment que condicionará la carrera hacia la Casa Blanca.

Pero la actuación exterior emprendida en 2018 por el secretario de Estado, Mike Pompeo, ha elevado aún más las desavenencias de EEUU en el orden global. Especialmente, hacia China e Irán. Sin olvidar el frágil acuerdo con Corea del Norte, explica en un reciente artículo Foreign Policy. O la opaca agenda diplomática de Washington en su patio trasero, América Latina, en el conflicto boliviano o el venezolano. La escalada de hostilidad en Oriente Próximo, frente al régimen de Teherán y en el escenario post-bélico sirio, han sido esenciales en el encarecimiento del crudo, que inició 2019 en los 45 dólares por barril. Y amenaza con bloquear el Estrecho de Ormuz después del asesinato decretado por el propio Trump del poderoso general iraní Qasem Soleimani, comandante en jefe de la fuerza de élite Quds de la Guardia Revolucionaria y encargado de las operaciones en el exterior iraníes, enfocadas a las milicias bajo su control en esta convulsa área del planeta. Por si fuera poco, Irán, China y Rusia han inaugurado una etapa de maniobras militares conjuntas a las que EEUU ha puesto el ribete de altamente peligroso para sus intereses.

En medio de este panorama, hay mensajes de optimismo. Como el del banco de inversión Goldman Sachs, que otorga una opción entre tres a que EEUU entre en recesión, dibuja una generación de empleo sólida, con tasas de plena ocupación, en el 3,25%, el nivel más bajo de la mayor economía del planeta desde la Guerra de Corea, el final de la fase de recortes de tipos de la Fed (que los ha reducido en tres ocasiones en 2019) para hacer frente al repunte de precios y un diagnóstico dócil para Trump de cara al impeachment y a los comicios. Dicen sus estrategas que sólo hay un 35% de opciones de que los demócratas logren la mayoría de dos tercios en el Senado que destituiría a Trump y que las ganancias de Wall Street se situarán en un gestionable 11% por la incertidumbre de las elecciones presidenciales.