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La potente creación de empleo cronifica el trabajo temporal y parcial y revela nuevos desequilibrios en el mercado laboral

El aumento de la ocupación a un ritmo mayor que el de las horas de trabajo en la salida de la crisis anticipa el resurgir de un modelo productivo de precariedad y baja creación de riqueza en el que se mantienen elevados niveles de parcialidad y temporalidad mientras el crecimiento del paro de larga duración revela la expulsión de un millón y medio de trabajadores.

Un grupo de jardineros trabajado en el centro de Ronda (Málaga). REUTERS/Jon Nazca
Un grupo de jardineros trabajado en el centro de Ronda (Málaga). Jon Nazca / REUTERS

La potente creación de empleo en términos cuantitativos que registra el mercado laboral español en la salida de la crisis pandémica, con más de 800.000 nuevos puestos de trabajo en un año y un registro de más de 20 millones de ocupados que no se daba desde hace más de tres lustros, antes del estallido de la burbuja inmobiliaria, llega acompañada de varios indicadores que muestran cómo la robustez numérica de esa recuperación no lo es tanto en el plano cualitativo, en el que algunos indicadores, como el desajuste entre la mejora de la actividad, de la ocupación y de las horas reales de tarea que esta conlleva, apuntan al resurgir del modelo de empleo precario y de baja creación de riqueza o valor añadido que caracterizó el periodo de entecrisis.

"Esta va a ser la legislatura del empleo y, además, queremos conseguir también que esta sea la legislatura del empleo digno", dijo este jueves el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en lo que supone, aunque por pasiva, admitir la persistencia, o cronificación, de desajustes de efecto precarizador como la temporalidad, la parcialidad y la exclusión en el mercado laboral español. 

¿Cómo ha variado la ocupación en estos dos años?

Según los datos de la EPA (Encuesta de Población Activa) que el INE (Instituto Nacional de Estadística) ha difundido este jueves, al cierre de 2021 trabajaban en España 218.000 personas más que al terminar el mes de diciembre de 2019, en el trimestre previo al comienzo de la pandemia.

En los primeros tres meses y medio de la pandemia se perdieron algo más de 1,3 millones de empleos, la mayoría de ellos cubiertos con contratos eventuales que las empresas fueron suprimiendo.

En este sentido, el volumen de empleo creado en España desde la fase de mayor intensidad de la crisis pandémica asciende a 1,57 millones de puestos de trabajo en año y medio, a un ritmo de casi 90.000 por mes entre junio de 2020 y diciembre de 2021.

¿Eso significa que hay más trabajo?

Según se mire, ya que la creación de empleo medida por número de personas, que el año pasado registró un aumento del 4,3% y en los dos últimos ejercicios otro del 1%, no ha ido en paralelo a un incremento de las horas que están ocupados los trabajadores, indicador al que falta por remontar una diferencia del 3,2% para regresar al nivel de finales de 2019.

Resulta llamativo cómo la tarea desempeñada en horas sigue por debajo del nivel de 2019 tanto en la empresa privada (-6,5%) como en el sector público (-3,8%) mientras aumenta un 7,3% en el trabajo por cuenta propia o autónomo.

¿Por qué se produce y qué significa ese desajuste?

Esa son dos de las ‘preguntas del millón’ para comprender cómo está evolucionando el mercado laboral español, aunque sí hay algunas pistas. 

"Pasan cosas muy raras y que son difíciles de explicar", señala Antonio González, de Economistas Frente a la Crisis (EFC), que recuerda cómo en el últimos semestre del año pasado aumentó el empleo medido en personas y decreció en horas si bien en el pasado trimestre lo hizo en ambos indicadores (+7,3% en tiempo).

"Podría ser consecuencia de la parcialidad, aunque tampoco se entiende con una recuperación de la actividad tan potente como la que está habiendo", añade, al tiempo que apunta que "se confirma y consolida una tendencia al crecimiento del empleo igual, o incluso algo superior, a la del PIB".

¿Ha variado la calidad del empleo?

Ha ido, más que a mejor, un poco menos a mal, ya que la tasa de temporalidad ha caído menos de siete décimas (del 26,07% al 25,38%) en esos dos años mientras la de parcialidad lo hacía en casi 1,2 puntos (del 14,74% al 13,56%), entre otras causas por episodios como el aumento del 3% en el empleo parcial femenino en el último trimestre.

Esos datos indican que algo más de uno de cada cuatro asalariados trabaja con un contrato de carácter eventual y que casi uno de cada siete ocupados lo está en empleos que no abarcan la totalidad de la jornada, mientras el híbrido cuya potenciación se plantea la reforma laboral ( ), la figura del fijo discontinuo, pierde presencia: hay 12.300 menos y su peso entre los hijos ha caído por debajo del 3%.

Esos datos apuntan a la cronificación del modelo de relaciones laborales precarizadas que fue asentando en el mercado laboral español a partir de la crisis de 2008, y que se vio intensificado con la reforma laboral de 2012.

A eso se le suma una caída de la llamada "productividad", que es la relación entre la producción y las unidades de empleo invertidas en ella. "Tenemos una productividad menor que hace dos años, porque tenemos más empleo y menos PIB", apunta González, que anota que la magnitud de ese indicador "resulta, sin embargo, similar a la del cuarto trimestre de 2019" cuando se calcula por horas.

"Se mantienen los dos principales problemas del mercado laboral español, que son la inestabilidad del empleo y la baja productividad", explica el economista, que anota, en cuanto al, segundo de esos factores, que "las actividades que están tirando de la economía no tienen grandes niveles de productividad sino más bien al contrario".

Es decir, que, a falta de conocer los efectos de la reforma laboral y de los cambios que puedan introducir en el modelo productivo los fondos europeos y los procesos de digitalización y transición energética, España empieza a salir de la crisis pandémica con un perfil laboral muy similar al que llevaba a la entrada: empleo precario en actividades de poca creación de riqueza.

"Necesitamos ver si los fondos de la UE son capaces de incrementar las actividades de productividad elevada, que son las relacionadas con la industria y la tecnología. Hay que ver si hay un cambio de modelo productivo que colabora en la salida de la crisis", añade González.

A falta de conocer el resultado de esos procesos, sí se aprecian algunas ligeras mejoras en algunos aspectos de la temporalidad como es el descenso del número de trabajadores que lleva más de seis meses con contratos temporales, aunque ese registro convive con otro menos alentador como es el aumento de los que llevan menos de tres en su actual puesto de trabajo.

¿Revela algún nuevo desequilibrio el desempleo?

Los 3.103 millones de desempleados suponen el dato más bajo en trece años, desde el tercer trimestre de 2008, aunque esa mejora entraña un desequilibrio que se está manifestando en la expulsión de facto del mercado laboral de un millón y medio de trabajadores, básicamente mayores de 45 años, que se van viendo atrapados en el paro de larga duración: casi 600.000 llevan más de un año buscando empleo y más de 900.000 superan los dos ejercicios en esa situación, en la que hay 110.000 trabajadores más que hace dos años.

Al mismo tiempo, la tasa de desempleo de tres comunidades del norte como Aragón, Navarra y Euskadi está ya por debajo del 10% y no alcanza el 12% en otras siete, que son las locomotoras madrileña y catalana más Asturias, Cantabria, Castilla y León, Galicia y La Rioja, lo que apunta a un riesgo de ‘estrangulamiento’ del mercado laboral por las carencia de personal capacitado para determinados puestos de trabajo, como los de perfil tecnológico, cada vez más ofertados por las empresas.

"No hay parados adecuados y la demanda de empleo tira con fuerza, y eso puede provocar cuellos de botella", advierte el economista, que llama la atención sobre la existencia de "un desempleo cronificado que no puede cubrir la demanda" por falta de formación.

"Tenemos poco tiempo para sacar del paro de larga duración a gente por medio de acciones de formación que les acerquen al mercado de trabajo y al empleo", advierte.

¿Qué está ocurriendo con el empleo juvenil?

Sigue siendo uno de los sectores más necesitados de cambios, con una tasa de desempleo casi cuatro veces superior a la media del país entre los menores de veinte años, que la duplica entre los que no llegan a 25 y que la supera en más de cinco puntos entre los de esa edad y la treintena. En el primer grupo ese indicador ha pasado del 43,9% al 49,2% en dos años.

"La EPA ofrece datos cuantitativos, pero no cualitativos; y se trata de mejorar la calidad del empleo, no solo sus números", señala Adrián Mozas, adjunto a la Secretaría de Juventud de CCOO, para quien "el reto del país es generar empleo de calidad".

Mozas se muestra expectante sobre los efectos que la reforma laboral puede tener en el empleo juvenil, aunque destaca que "la solución al desempleo juvenil viene relacionada con un problema de carácter estructural que tiene que ver con el modelo productivo. Hay cuestiones que se escapan a la normativa laboral y que tienen más que ver con el tipo de economía".

¿Cómo evoluciona el empleo femenino?

Los principales indicadores sobre la ocupación de las mujeres se encuentran en niveles de récord histórico, algo que ocurre tanto en el número de empleadas, que supera los 9,3 millones, como en el de asalariadas, que pasa de los 8,2, mientras las autónomas (1,1) ya suponen algo más de un tercio del trabajo por cuenta propia.

A esos datos se les añade la caída del número de inactivas por encargarse de las labores del hogar al nivel más bajo de la historia, con menos de tres millones de amas de casa por vez primera, en una tendencia que llevaba años consolidándose pero que se vio interrumpida por la pandemia.

Aunque no todo son datos positivos: las paradas de larga duración, las que llevan más de un año buscando empleo, son más de la mitad de las desempleadas, 850.000 de 1,6 millones, y suponen, también, más de la mitad de los parados en esa situación.

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