El dilema del peregrino: qué Camino de Santiago elegir y por qué
Existen muchas maneras de llegar a la plaza del Obradoiro, aunque no todas se ajustan a todo tipo de peregrino.

Madrid-
El Camino de Santiago es una experiencia que está en la lista de tareas pendientes de muchas personas. Ya sea por motivos espirituales o personales, la idea de atarse las zapatillas y comenzar a andar hasta Santiago de Compostela resulta muy atractiva por los matices que ello implica. Primero y más que nada, es un reto, en el sentido de que hay que tener cierta preparación física, además de voluntad, para poder completar varias etapas sucesivas a pie. Además, tiene mucho de comunitario, incluso cuando se decide hacer solo.
Es cierto que en los últimos años la turistificación ha golpeado la esencia del Camino. Aquello que lo convertía en algo más que una ruta senderista de las muchas que existen en España. Lo que era un acto de recogimiento se ha convertido en una suerte de parque de atracciones que afecta, sobre todo, a la capital gallega, lugar de confluencia de todos los peregrinos. Porque en realidad Caminos hay muchos, de los cuales ocho llegan hasta la plaza del Obradoiro.
Por ello, a la hora de hacer el Camino, lo primero que nos debemos preguntar es: ¿por qué lo hacemos? Pero, acto seguido, la siguiente cuestión es puramente logística: ¿qué Camino elegir? Estas son las opciones:
El Camino francés (salida desde Sain-Jean-Pied-de-Port)
El Camino francés, llamado así por tener su punto de partida en la localidad gala de Saint-Jean-Pied-de-Port (San Juan Pie de Puerto), es el más popular de todos. Por ello, también es el más masificado. Sobre todo en su tramo final, los últimos 100 kilómetros desde Sarria (Lugo). Esta gran afluencia también tiene una vertiente positiva, y es que se trata del trazado más acostumbrado y adaptado a recibir peregrinos. En ese sentido, la red de albergues con la que cuenta es muy extensa, y la posibilidad de cruzarte junto a otros peregrinos en busca de una experiencia similar .
En total, son 780 kilómetros que se suelen dividir en unas 31 o 32 etapas a pie, por lo que muchas personas optan por realizarlo en varios tramos diferentes. También los hay quienes prefieren comenzar en Roncesvalles (Navarra), y así realizar solo el segmento español. El Camino francés transcurre por las provincias de Navarra, La Rioja, Burgos, Palencia, León, Lugo y A Coruña; y en él se incluyen vistas icónicas como el paso por los Pirineos, las catedrales de Burgos, León y Astorga, el castillo de Ponferrada o el monasterio de San Juan de Samos, en Lugo.
Sin duda alguna, el Camino francés es la opción ideal para aquellas personas que deseen vivir la experiencia del Camino arquetípica. Con sus pros, pero también con todos sus contras. Sin duda alguna, su mezcla de paisaje, patrimonio y gastronomía es imbatible. Sin embargo, en los últimos años se ha convertido en una atracción turística sin alma.
El Camino del norte (salida desde Irún)
El Camino del norte recorre la cornisa cantábrica desde Euskadi hasta Santiago de Compostela, con todo lo que ello implica. Fundamentalmente, recorrer a pie algunos de los paisajes más bonitos de la Península Ibérica. También, una dureza que implica la necesidad de cierta preparación física para poder acometer la empresa. No en vano, el recorrido está repleto de subidas y bajadas, que pueden suponer un desnivel acumulado notable al final de cada etapa.
Concretamente, el Camino del norte pasa por las provincias de Gipuzkoa, Bizkaia, Cantabria, Asturias, Lugo y A Coruña, así hasta llegar a la localidad de Arzúa, donde converge con el Camino francés. En su recorrido, de unos 800 kilómetros, los cuales se suelen dividir en 34 o 35 etapas, se pasa por algunos puntos imperdibles como: la playa de la Concha, el puente de Bizkaia, la colegiata de Santa Juliana en Santillana del Mar, las localidades asturianas de Llanes y Ribadesella o la playa de las Catedrales coruñesa.
Con todos estos factores encima de la mesa, el Camino del norte se plantea como la opción preferencial de todos los amantes del senderismo. Sin duda, se trata de una ruta que tiene varias recompensas a lo largo de su recorrido, pero que puede ser exigente desde un punto de vista físico. Está menos masificado que el Camino francés, por lo que es una buena opción para aquellas personas que busquen una experiencia más introspectiva, lejos del bullicio de otros albergues con una mayor afluencia juvenil.
Camino primitivo (salida desde Oviedo)
El Camino Primitivo es la ruta jacobea histórica original, trazada a través del corazón de la cordillera Cantábrica y los valles del interior astur-galaico. Por ello, supone una inmersión absoluta en una naturaleza agreste y aislada, pero exige una preparación física y mental considerable. Al fin y al cabo, el trazado está repleto de rampas, firmes inestables (generalmente de piedra y barro) y cuenta con varios pasos de alta montaña, no aptos para senderistas advenedizos.
La ruta arranca frente a la catedral de Oviedo y discurre íntegramente por el interior del Principado de Asturias hasta entrar en Galicia por la provincia de Lugo. Allí, conecta con el Camino francés en la localidad de Melida. En total, el Camino primitivo comprende unos 320 kilómetros, estructurados habitualmente en 13 o 14 etapas muy exigentes. Aquellos que opten por esta opción, no obstante, cuentan con recompensas como la legendaria Ruta de los Hospitales, el puerto del Palo a más de 1.100 metros de altitud, la presa de Grandas de Salime, la muralla romana de Lugo y los bosques milenarios del interior gallego.
Esta ruta es el destino por excelencia para los andarines más experimentados. Montañeros que deseen realizar el Camino en su forma más pura, lejos de cualquier masificación turística. Una experiencia introspectiva, pero profundamente reconfortante para todo amante de la naturaleza.
Camino portugués central (Salida desde Lisboa u Oporto)
El Camino Portugués Central recorre el eje interior que une Portugal con Galicia, ofreciendo una experiencia rica en patrimonio histórico, arquitectura tradicional y paisajes fluviales serenos. A diferencia de las rutas de montaña, presenta un perfil notablemente accesible y suave, con desniveles moderados que lo convierten en una travesía muy agradecida, ideal para quienes buscan avanzar a buen ritmo sin un castigo articular severo.
Concretamente, parte desde Lisboa, aunque muchos peregrinos inician la ruta ya en Oporto, cruzando las regiones del Centro y Norte de Portugal hasta cruzar la frontera por Tui (Pontevedra) y continuar por A Coruña hasta Santiago. En su recorrido completo desde Oporto, de unos 240 kilómetros divididos habitualmente en 10 u 11 etapas (o unos 115 km en 5 o 6 días desde Tui), se atraviesan enclaves destacados como el centro histórico de Oporto, la villa medieval de Ponte de Lima con su puente romano, la fortaleza fronteriza de Valença do Minho, la catedral de Tui, las aguas termales de Caldas de Reis y el legendario Padrón jacobeo.
Con estos elementos, el Camino portugés central se consolida como una alternativa mucho menos masificada y la opción ideal para visitar el país luso de camino a Santiago.
Camino portugués de la costa (Salida desde Oporto)
No obstante, no es la única opción portuguesa para llegar hasta la plaza del Obradoiro. El Camino portugués de la costa discurre por el litoral atlántico, lo que implica tener a favor unas vistas marítimas privilegiadas… y su refrescante brisa que se agradece especialmente para aquellas personas que realizan el recorrido en verano. En invierno, claro, esto es una contra, especialmente en aquellas jornadas en las que el viento va de cara.
Partiendo desde Oporto, esta ruta suma unos 280 kilómetros, que suelen repartirse en 12 o 13 etapas. La mayoría de los tramos son muy llanos, pues transcurren al nivel del mar. En su recorrido destacan paradas como el litoral de Póvoa de Varzim, la arquitectura marinera de Viana do Castelo, el castro celta de Santa Trega en A Guarda, la bahía fortificada de Baiona y las panorámicas a las Islas Cíes desde Vigo. No en vano, gran parte de su trazado discurre por las Rías Baixas.
Sin duda alguna, esta es la opción predilecta para los amantes del mar y los climas templados en la época estival. También, claro, aquellos que quieran regar la experiencia con la mejor gastronomía marinera.
Camino de invierno (salida desde Ponferrada)
El Camino de invierno surge históricamente como la vía natural que utilizaban los peregrinos para evitar el temido paso invernal por las nieves de O Cebreiro, adentrándose a lo largo de la cuenca horadada por el río Sil. Su trazado ofrece un espectáculo visual dominado por cañones escarpados, viñedos en bancales verticales y bosques autóctonos, manteniendo un perfil quebrado con subidas cortas pero intensas entre valles fluviales.
Inicia su recorrido en la fortaleza de Ponferrada, en el Bierzo, y atraviesa las cuatro provincias gallegas (Ourense, Lugo, Pontevedra y A Coruña) hasta llegar al Obradoiro sin confluir con el Camino Francés. Son aproximadamente 260 kilómetros organizados en 9 o 10 etapas, donde destacan el sobrecogedor paisaje minero romano de Las Médulas, el castillo de Cornatel, los meandros y viñedos de la Ribeira Sacra en Quiroga y Chantada, y el emblemático puente de Ponte Ulla.
Se presenta como la joya escondida para aquellos caminantes que huyen de cualquier vestigio de aglomeración y aprecian el ecoturismo, la enología y la naturaleza virgen.
Camino inglés (salida desde Ferrol o A Coruña)
El Camino inglés discurre íntegramente por el norte de Galicia. Se llama así porque recupera las antiguas sendas por las que transitaban los marineros y peregrinos procedentes de las islas británicas y el norte de Europa, después de desembarcar en los puertos gallegos. Por ello, posee dos puntos de partida, Ferrol (con unos 120 kilómetros divididos en 5 o 6 etapas) o la propia ciudad de A Coruña (unos 75 kilómetros en 3 etapas).
Con un trazado corto pero ondulado, requiere de cierta preparación física. En su recorrido se atraviesan lugares con gran encanto como el puerto histórico de Ferrol, los paseos fluviales de Neda y Pontedeume, el casco histórico medieval de Betanzos con su afamada gastronomía, y los parajes rurales de Mesón do Vento y Sigüeiro.
Debido a que se trata de un trazado corto, se ha convertido en la opción ideal para aquellas personas que apenas disponen de una semana de vacaciones. Es, todavía, una ruta recogida y poco masificada, que permite sumergirse por la Galicia rural y experimentar toda su esencia.
Vía de la Plata (salida desde Sevilla)
La Vía de la Plata, y su prolongación por el Camino sanabrés, constituyen la gran travesía longitudinal de la Península. No en vano, parte desde Sevilla y, tras cruzar las provincias de Badajoz, Cáceres, Salamanca y Zamora, se desvía por el ramal sanabrés para entrar a Galicia por las provincias de Ourense, Pontevedra y A Coruña. En total, unos 1.000 kilómetros de longitud que pueden dividirse en unas 38 etapas (aproximadamente).
En ese sentido, se trata del Camino más completo pues, al cruzar la Península Ibérica de manera literal, la variedad de paisajes y patrimonio es abrumadora. Los contrastes son incontables, ya que se pasa de las llanuras infinitas y las dehesas solitarias del sur y la meseta a los valles montañosos gallegos, muchos de ellos con un desnivel acumulado que no es apto para todas las piernas. Todo ello trufado de joyas como las ruinas romanas de Mérida y Caparra, la Plaza Mayor de Salamanca, el Monasterio de Oseira y las termas de Ourense.
Sin duda alguna, este Camino solo está reservado para los peregrinos más exigentes. Requiere de mucho tiempo para completar el recorrido, además de una preparación física acorde. A cambio, la Vía de la Plata ofrece el contexto ideal para conectar con uno mismo. Un retiro prolongado, de esos que son capaz de cambiar cualquier perspectiva





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