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Una celebración de aniversario marcada por el cambio

Jornada de bienvenidas, adioses y plantes en el 33º cumpleaños de la Carta Magna

JUANMA ROMERO / CAROLINA MARTÍN

Ni viejo ni nuevo, ni despedida ni bienvenida, ni chicha ni limoná. Total, un cóctel extraño de idas y venidas, de depresión colectiva de los que se van (PSOE) y de euforia exultante de los que entran (PP), muy bien almibarado por las alabanzas sin fin a una Constitución de ya 33 añitos y los encendidos llamamientos al consenso y la unidad de un José Bono decidido a proclamar el fin de las ideologías.

Era lo propio para un 6 de diciembre por primera vez en tránsito, a medio camino entre dos gobiernos. Y, por primera vez, con reforma traumática de la Carta Magna incorporada.

Para catar el ambiente de la jornada hacía falta, pues, probar varios salones. Primero, la carpa instalada en el patio del Congreso, un vestíbulo grande y calentito para recibir a los invitados. Entró pronto Cayo Lara, acompañado por otros dos diputados electos de IU, Joan Josep Nuet y Caridad García. Los tres cumplieron el guión marcado la tarde anterior por la dirección. O sea: llegada, parada ante los micrófonos para soltar el speech y abandono automático del Congreso. Operación acabada en menos de cinco minutos.

Lara fue a protestar, a quejarse por una Constitución que PSOE y PP han convertido en 'papel mojado'. 'Los que han roto el pacto de 1978 festejan lo que violan cada día', denunció. A saber: no se cumple el derecho al trabajo, a la vivienda, o al reparto equitativo de la riqueza. A cambio, 'han vendido' la 'soberanía militar' a EEUU y la 'económica' a los mercados y la banca.

IU fue al Congreso pero no se quedó al acto. CiU, directamente, ni fue. Las dos fuerzas que en 1978 forjaron el consenso dejaban ver sus resquemores y empañaban una fiesta que ya ha quedado casi para uso y disfrute de PSOE y PP.

Zapatero se prodigó relajado en las charlas informales con los asistentes

Bastaba mirar el panorama: asistieron los dos grandes, UPyD, Coalición Canaria, Foro Asturias y UPN. Punto final. Los tradicionales ausentes volvieron a faltar PNV, ERC, ICV, BNG y Geroa Bai –la marca heredera de Nafarroa Bai– y nuevos como Amaiur y Compromís también dieron plante.

La carpa también presenció la llegada con amplia sonrisa profident de los capitanes del PP: barones y baronesas regionales, ministrables, dirigentes, diputados. Y por fin Rajoy, que llegó con retraso y después de Zapatero, que para eso ya es el presidente in péctore.

Los socialistas vestían rostros más circunspectos. La expectación, en su caso, estaba asociada al 38º Congreso, tema de conversación prioritario en los corrillos.

Segundo ambiente: el Salón de Pasos Perdidos. Un lleno hasta la bandera para escuchar a Bono, anfitrión de su despedida. El presidente del Congreso dijo adiós 'con profundo cariño' a Zapatero, reivindicando su legado: 'Cuando la mar se calme, la tempestad amaine y con la perspectiva que da el tiempo, contemplaremos en toda su dimensión tu obra de gobernante. Presidente, has dado a España lo mejor de ti en un tiempo difícil y los españoles son generosos y han de saber apreciarlo como te mereces'.

A Rajoy Bono le deseó una 'navegación fecunda' en el Gobierno y le arreó una minibofetada por haberse opuesto a todo: 'Que tengas el apoyo que tan necesario es tener en momentos de adversidad'. El líder del PP le escuchaba cabizbajo. Serio. Grave.

Bono invocó la necesidad de 'arrimar el hombro', de 'estar a la altura'. Y entonces se acordó de los tondos que adornan las paredes del Congreso, los retratos circulares de Emilio Castelar, Juan Bravo Murillo, Estanislao Figueras... '¿Quién de ellos era de izquierdas? ¿Quién de derechas? ¿Quién liberal o conservador? ¿Qué nos importan hoy las diferencias ideológicas entre Maura y Sagasta o entre Argüelles y Alonso Martínez?', se preguntó. 'Si pudieran hablar los de los tondos, nos dirían lo que desde la calle: ¡Caminen juntos, pónganse de acuerdo!'. Un discurso tan contemporizador y tan equidistante que cosechó algunas críticas entre sus propias filas.

Bono: '¿Qué nos importan hoy las diferencias ideológicas?'

El presidente de la Cámara se despidió de sí mismo, atizando a los que le afean su fiebre patriótica. Se va 'queriendo a España'. 'Ni tengo, ni tuve, ni tendré complejos en confesarlo, frente a las críticas serenas o las chanzas de bajo calibre intelectual'.

Acabado Bono, siguió la proliferación de las charlas informales con la prensa, todo en un ambiente distendido, de consenso, de la proclamada unidad. Zapatero protagonizó una tras otra, relajado y entregado a la causa de los corrillos y hasta a las fotos con los periodistas. El presidente también alternó canapés con los diputados de UPyD, con Alfonso Guerra, con Elena Salgado, con Gregorio Peces-Barba, con José Montilla... Hasta el letrado que le pasó la primera nota se le acercó un instante para despedirse de él.

Los ministros salientes también se prodigaron en corrillos, entraron al trapo del congreso del PSOE (con cautelas), y contaron qué esperan hacer cuando arranque la legislatura –por ejemplo, la colaboración desinteresada de Salgado con la ONU en la lucha contra el sida, o la reclusión del propio Zapatero al Consejo de Estado–. De los entrantes, nada de nada. Porque ningún dirigente del PP soltó prenda ni avanzó qué pasa por la cabeza de Rajoy.

Él mismo no dijo nada de nada. Que para eso ayer era todavía día de tránsito.

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