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Acuerdo del siglo El presidente Mahmud Abás deja sin apoyos a Palestina

El "acuerdo del siglo" debería abrir los ojos al presidente palestino Mahmud Abás. Su política de apaciguamiento y sumisión respecto a Israel ha fracasado estrepitosamente durante quince años. Abandonado por los países árabes y europeos, el único paso honesto que Abás puede dar es dimitir, algo que debería haber hecho hace mucho tiempo.

El presidente palestino, Mahmud Abás. / Europa Press
El presidente palestino, Mahmud Abás. / Europa Press

eugenio garcía gascón

El presente de los palestinos atraviesa por el momento más decisivo y menos halagüeño desde los acuerdos de Oslo de 1993. En estos 27 años aquel histórico pacto ha servido a Israel de marco para incrementar casi exponencialmente la ocupación de las colonias judías en Cisjordania, incluida Jerusalén, y el futuro que se presenta a partir de ahora no puede ser más negro para los palestinos.

Mahmud Abás está más solo que nunca, una situación que se veía venir desde hace años y que el presidente palestino ha preferido ignorar pese a los continuados e inequívocos avisos de Israel. El llanto y las lamentaciones no servirán de nada una vez que puede confirmarse con total claridad que sus aliados árabes le han dado la espalda con el respaldo de Estados Unidos e Israel.

El viernes el Canal 12 hebreo reveló la existencia de una carta dirigida por Donald Trump a los líderes árabes. En la misiva, que no puede ser más diáfana, el presidente estadounidense exige a sus destinatarios que apoyen el "acuerdo del siglo" sin reticencias y que fuercen a los palestinos a iniciar unas negociaciones con Israel sobre la base de ese acuerdo y bajo el patrocinio de Washington.

Los líderes de países como Egipto y Arabia Saudí, Abdel Fattah al Sisi y Mohammad bin Salman, se sostienen gracias al visto bueno que reciben de la Casa Blanca, donde la influencia de Israel es enorme. De hecho, el mundo árabe vive una gran tragedia debido a la creciente dependencia de esos dos países árabes de la enorme influencia del estado judío. La política interna y externa de El Cairo y Riad son rehenes del primer ministro Benjamín Netanyahu.

Los periodistas egipcios han recibido instrucciones del servicio de inteligencia sobre cómo hablar del 'acuerdo del siglo'

No es extraño que el jueves por la noche, el editor de un importante diario digital cairota revelara que todos los editores egipcios han recibido esta semana una carta de los servicios de inteligencia egipcios en la que se les da instrucciones acerca de cómo deben informar sobre el acuerdo del siglo, qué pueden decir y de qué no se puede hablar.

En público, los comentarios que han salido de los gobiernos árabes se han medido al milímetro. Se han visto extremas piruetas puesto que los líderes saben que la inmensa mayoría de su población rechaza un acuerdo que de ninguna manera puede ser aceptado por los palestinos puesto que vulnera todos los derechos internacionales y consagra las políticas de apartheid que siempre ha aplicado Israel.

Medios hebreos han señalado que Netanyahu sabe que los palestinos nunca aceptarán el acuerdo del siglo, de modo que por esa razón él lo ha aprobado. Es un acuerdo que ha nacido muerto, que permitirá que el estado judío siga expandiendo su dominio colonial y que borra cualquier posibilidad de establecer unas fronteras. Los países árabes saben perfectamente, tan bien como los palestinos, que es un acuerdo inaceptable en cada uno de sus apartados.

En esta situación ¿qué puede hacer Abás? A sus 84 años, Abás ha estado al frente de la Autoridad Palestina desde la muerte de Yaser Arafat en noviembre de 2004, es decir desde hace más de tres lustros, y durante este prolongado lapso no ha hecho más que satisfacer las demandas de Israel, aunque él mismo, como todos los palestinos, veía que Israel no tenía la menor intención de abandonar los territorios ocupados.

El eje central de su política ha sido mantener la calma en Cisjordania a toda costa. Para ello ha colaborado estrechamente con el ejército israelí. Esta colaboración le ha permitido mantener a raya a Hamás, o mejor dicho, reprimir cualquier intento, por pequeño que fuera, de las facciones palestinas de resistir a la ocupación. Oficialmente Abás ha argumentado que la resistencia nunca da resultados.

Pero es una argumentación falaz, como lo demostró Hamás llevando a cabo una resistencia constante a la ocupación israelí hasta que echó al ejército de la Franja de Gaza. El hostigamiento de la resistencia fue decisivo entonces, algo que no ha ocurrido en Cisjordania, lo que explica que Israel año a año haya ido creciéndose hasta llegar a una situación que no tiene vuelta de hoja.

El resultado es que Abás ha fracasado. Pero ¿por qué se mantiene en el poder con tanto empeño? Es una pregunta difícil de responder, especialmente si se tiene en cuenta que todo lo que ha hecho ha favorecido a Israel y ha ido en detrimento de los intereses palestinos. Ahora, definitivamente abandonado por los países árabes y europeos, se encuentra ante la mayor disyuntiva de su historia y debería adoptar una decisión dramática, aunque no parece que esto congenie con su carácter.

A lo largo de tres lustros, Abás ha amenazado en varias ocasiones con dimitir y "entregar las llaves" a Israel para que el estado judío se hiciera cargo de la ocupación. La ley internacional dice que la potencia ocupante debe administrar el territorio ocupado y que existe un marco apropiado para hacerlo. Administrar comporta el respeto a unas obligaciones que Israel ha eludido para delegalas gustosamente en un Abás sin carácter.

Abás ha estado administrando Cisjordania en nombre de Israel al tiempo que atendía todos sus caprichos. ¿Va a continuar así? Lo más razonable sería que dimitiera, algo que debía haber hecho hace mucho tiempo, que entregara las llaves a Israel, pues la complacencia de los últimos quince años solo ha servido para agravar la situación de los palestinos. Su dimisión no puede demorarse más.

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