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Coronavirus Italia Italia, el foco de la pandemia en Europa, un año después del primer caso

La pandemia por coronavirus en Italia empezó oficialmente el 21 de febrero de 2020, cuando Mattia Maestri, de 38 años, será para siempre, el primer paciente 1 fuera de China. Y así fue como el pueblo italiano de Codogno, en Lombardía, se convirtió en la Wuhan de Italia y de Europa.

Una cola de vacunación en Baggio (Italia) el pasado jueves.
Una cola de vacunación en Baggio (Italia) el pasado jueves. EFE/EPA/Matteo Corner / EFE/EPA/Matteo Corner

Había una época en la que era impensable confinar un pueblo, donde no había que guardar una distancia interpersonal, donde era apocalíptico pensar en una ciudad completamente desierta, donde era de ciencia ficción llevar mascarillas para no contagiarnos. Italia fue hace un año el epicentro del coronavirus en Europa, y más tarde el primer país del mundo en confinar todo su territorio debido a la covid-19.

¿Cómo está hoy la situación epidemiológica del país transalpino, un año después de la pandemia? Según los datos ofrecidos por las autoridades y la prensa del país, Italia contabiliza unos 2,800 millones de contagios por coronavirus desde el inicio de la epidemia y más de 95.000 fallecidos. Los positivos actuales son más de 382.000, lo cual implica una tasa de 636 contagiados por cada 100.000 habitantes. En lo que se refiere a las vacunas, se han entregado un total de 4.700.000 e inyectado unas 3.370.000 dosis.

Mientras uno de los virólogos más prestigiosos del país, Walter Ricciardi, propone un nuevo "confinamiento", breve y eficaz, para limitar los contagios en el país, Italia sigue dividida por colores, asignados a todas las regiones: el "rojo" significa confinamiento completo, el "naranja" es de tipo perimetral y el "amarillo" implica una convivencia con el coronavirus con la única restricción de no poder cruzar de una a otra región y las ya conocidas normas de comportamiento. A partir de este domingo, tres regiones -Campania, Umbría, Emilia Romaña y Molise- pasarán al confinamiento perimetral y el resto de territorios serán zonas amarillas. Se están decretando también nuevas zonas rojas, pero sólo de forma localizada. A diferencia de España, Italia sigue sin permitir la apertura de gimnasios, teatros y salas de cine. Por otra parte, el país con forma de bota sigue aplicando el confinamiento nocturno a partir de las 22.00 horas.

La pandemia por coronavirus en Italia y en Europa empezó oficialmente el 21 de febrero de 2020. El país ya había reconocido la existencia del problema; de hecho veinte días antes había declarado el estado de emergencia e incluso había tratado a dos turistas chinos en aislamiento en el hospital Spallanzani de Roma, el más importante del país en materia de enfermedades infecciosas. Por aquel entonces, la opinión pública italiana, al igual que en otros países, era consciente del coronavirus, pero como un fenómeno que estaba teniendo lugar en China. Muchos aeropuertos italianos, mientras tanto, empezaron a tomar la temperatura a los viajeros justo antes de las salidas.

Pero aquel viernes de la tercera semana de febrero lo cambiaría todo. Mattia Maestri, entonces de 38 años, quien había sido ingresado la noche anterior por una fuerte pulmonía, fue declarado el primer paciente italiano hospitalizado por coronavirus en el país: será, para siempre, el paciente 1 de Italia y del Viejo Continente. Y así fue como el pueblo norteño de Codogno (Lombardía) se convirtió en la Wuhan italiana y europea, hace exactamente un año. El personal médico del hospital lombardo no da crédito, sobre todo porque Maestri nunca estuvo en China. Su mujer embarazada y los médicos que lo atendieron también fueron positivos por coronavirus. En cuestión de pocas horas, el alcalde de Codogno decretó el cierre de los comercios del pueblo, que quedaría rodeado por las fuerzas armadas italianas: Codogno será la primera zona confinada de Italia y de Europa como consecuencia de la covid-19.

El descubrimiento del paciente 1 en Codogno, así pues, daría comienzo, progresivamente, a la escalada en Lombardía, en Italia y en Europa. A partir de aquel primer fin de semana, empieza la verdadera carrera contrarreloj para las autoridades italianas. El entonces primer ministro del país, Giuseppe Conte, decreta que Codogno y otra decena de localidades cercanas se conviertan en la primera zona roja de Italia, donde todo el mundo debe permanecer en sus casas por obligación, salvo para ir al supermercado o a la farmacia o por cualquier causa mayor.

Se empieza, por primera vez, a hacer la cuenta de los nuevos positivos y de los fallecidos. En cuestión de una semana, todo el norte de Italia está contabilizando nuevos contagios por coronavirus. Entre los más destacados de esos momentos, la secretaria del mismísimo presidente de la región de Lombardía, Attilio Fontana. A nivel nacional, el líder de la izquierda, el secretario del Partido Democrático (PD) Nicola Zingaretti, también es positivo por covid-19.

El 5 de marzo, el Gobierno italiano de Giuseppe Conte decreta el cierre de todos los centros educativos: se sospecha que los estudiantes, de cualquier edad, puedan ser los principales vehículos de contagio. El 8 de marzo declara toda Lombardía y otras 14 provincias las nuevas grandes zonas rojas de Italia. Los hospitales empiezan a llenarse de pacientes en las terapias intensivas, hay quienes empiezan a escaparse de las zonas confinadas para marcharse a otras zonas del país, hasta llegar a la mismísima Pulla, el tacón del país con forma de bota. Se empieza a sospechar, antes, durante y después de dichas fugas que el coronavirus está circulando por todo el territorio transalpino.

El 9 de marzo Italia será el primer país del mundo que confinará todo su territorio debido al coronavirus. Por primera vez se mencionó, en un decreto ley, de la necesidad de respetar un metro de distancia interpersonal: hoy suena a normalidad anticontagio, pero en aquel entonces sonó extraño e incluso extravagante. Al principio, la preocupación de la población desembocó en grandes colas en los supermercados, pero sólo la insistencia del primer ministro de entonces, Giuseppe Conte, favoreció finalmente la tranquilidad entre la ciudadanía. Las largas colas en los supermercados, así pues, terminaron originándose más por las complicaciones logísticas relativas a una situación inédita, que por el miedo a no poder comprar. "Los supermercados, las farmacias y las fruterías permanecerán siempre abiertos"; recordaba regularmente Conte en sus discursos a la nación.

Los meses de marzo y abril, al igual que en España y en otros países, serán los más duros de la pandemia. Fueron semanas en los que Europa miraba con atención a Italia, como adelanto de lo que iba a ocurrir en otros países. Los balcones empezaron a ser el escenario de una nueva vida en confinamiento: los aplausos, el himno del país a todo volumen y los bailes a golpe del clásico Ma Il Cielo È Sempre Piú Blu del cantautor transalpino Rino Gaetano. Pero si hay una imagen que resume a la perfección el dolor de Italia en la primavera de 2020 fue la que recoge a los camiones del Ejército transportando decenas y decenas de ataúdes del hospital de Bérgamo (Lombardía), una de las ciudades más golpeadas por el coronavirus en Italia.

El lunes 4 de mayo implicó, para Italia, el principio de la desescalada. Las cifras progresivamente empezaron a bajar, tanto en términos de contagio como de fallecidos. Pero se empezaron a hacer los primeros balances económicos, desastrosos para sectores como la hotelería y la hostelería, que en Italia dependen mucho del turismo de corte cultural. Hubo dudas acerca del verano, del peligro de la cercanía interpersonal y se mantuvieron las prohibiciones de generar aglomeraciones y de no llevar mascarillas, tanto en lugares públicos cerrados, como al aire libre.

La vuelta a los colegios en septiembre fue más problemática en términos escolares que epidemiológicos, ya que todavía hoy, un año después, muchos estudiantes de secundaria, en Italia, siguen realizando sus cursos de forma telemática. El repunte de contagios y fallecidos, el pasado otoño, evidenció la consolidación de la segunda ola pandémica. Por esta razón, el Ejecutivo de Conte apostó las pasadas Navidades por un nuevo confinamiento, matizado según los días en cuestión, a lo largo de todas las Navidades. Esto no ha impedido, desgraciadamente, que hoy en día el país transalpino siga todavía contabilizando una media de 12.000 nuevos positivos al día.

El desgaste político en el seno de su mayoría parlamentaria empujó a Giuseppe Conte, el pasado enero, a presentar su dimisión como primer ministro con la esperanza de lograr un tercer mandato convenciendo a otros socios de minoría. Tras semanas de incertidumbre, el jefe del Estado, el presidente de la República italiana, Sergio Mattarella, nombró hace unas semanas al expresidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, el nuevo primer ministro del país. Su nuevo Ejecutivo de unidad nacional, que tomó posesión hace una semana, ha nacido con el objetivo de afrontar los desafíos de Italia vinculados a la crisis sanitaria y económica relativa al coronavirus. Se trata de un Gobierno del presidente, porque ha sido el propio Mattarella quien ha instado a todos los partidos a apoyarlo. Para el jefe del Estado, habría sido impensable obligar a los ciudadanos volver a las urnas de forma anticipada en medio de una pandemia.

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