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EEUU consolida la "otanización" de Europa en la primera jornada de la cumbre de Madrid

La guerra en Ucrania ha tenido como efecto inmediato el aumento de la presencia militar norteamericana en el Viejo Continente por "tierra, mar y aire".

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, conversa con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, durante la primera jornada de la cumbre de la OTAN en Madrid, a 29 de junio de 2022.
El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, conversa con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, durante la primera jornada de la cumbre de la OTAN en Madrid, a 29 de junio de 2022. Kiko Huesca / EFE

"Putin estaba buscando la finlandización de Europa. Y lo que ha obtenido es la otanización de Europa, que es justamente lo que no quería, pero es lo necesario para garantizar la seguridad de Europa". Así llegaba el presidente estadounidense Joe Biden a las instalaciones de Ifema, el recinto que acoge durante este miércoles y jueves la cumbre de la Alianza Atlántica. Una cita que ha sido descrita como "histórica" y "transformadora".

El acercamiento de Ucrania a la Alianza Atlántica desató los recelos del Kremlin. Los tambores de guerra llevaban sonando en Europa semanas antes del inicio del conflicto bélico, en febrero. Una de las iniciativas que se barajó como medida para evitar el choque armado fue "finlandizar Ucrania", es decir, dotarla con un estatus de no alineamiento y neutralidad como venía abanderando Helsinki desde la Segunda Guerra Mundial.

Fuentes aliadas insisten, sin embargo, en que la entrada de Ucrania en la Alianza nunca fue una opción. Pero los acontecimientos de los últimos cuatro meses hablan por sí solos: Finlandia ha roto con esa política neutral y la OTAN ha consolidado su mayor militarización en el Este. Pero hay una derivada que se mantiene: nadie contempla una adhesión de Kiev al foro de defensa.

Con este escenario de alta tensión de fondo se ha celebrado la cumbre de la OTAN en la capital española. Y una de las decisiones inmediatas que deja es el incremento de presencia militar estadounidense en el Viejo Continente por "tierra, mar y aire". El gigante norteamericano establecerá un cuartel general permanente en Polonia, un paso que Varsovia anhelaba desde hacía años y que pidió de forma más intensa tras la anexión de Crimea en 2014.

Los de Biden enviarán dos cazas F-35 al Reino Unido y material defensivo aéreo a Alemania e Italia; aumentarán en miles la presencia de tropas rotatorias en el Báltico e incrementarán el número de sus destructores en la base gaditana de Rota, pasando de cuatro a seis.

Desde el 24 de febrero, día que marcó el comienzo de la invasión rusa a Ucrania, el número de soldados estadounidenses en Europa ha pasado de unos 65.000 a los 100.000 de hoy. Todo ello va en línea con una militarización imparable en las fronteras de la Alianza con Rusia, que se multiplicarán por dos una vez que se consume el proceso de entrada de Finlandia.

El país nórdico y su vecino sueco han allanado este miércoles su camino al foro de defensa, tras obtener la invitación oficial. Se espera que tan pronto como el próximo martes, los 30 embajadores firmen en Bruselas el protocolo de adhesión. La entrada debe ser ratificada por los 30 Parlamentos nacionales, pero no se esperan sorpresas después de que el veto de Turquía, el principal escollo, haya sido sorteado tras ceder a las peticiones de Recep Tayyip Erdogan para estrechar el cerco contra los kurdos.

Aumento militar sin parangón

El otro resultado que deja la cumbre de Madrid es el de más gasto militar, más armas y más soldados como escuadrón en el flanco oriental. En definitiva, más OTAN. La Alianza tendrá por primera vez desde la Guerra Fría armas preposicionadas en estado de alerta. Sus tropas de despliegue rápido –unidades altamente formadas y con material de precisión de alta tecnología– pasarán de contar con 40.000 efectivos a 300.000 y podrán estar listas durante el próximo año. "Es la mayor revisión de la defensa colectiva desde el final de la Guerra Fría", ha resumido Jens Stoltenberg, secretario general.

La paz caliente que se respiraba en Europa durante los últimos años ha dado lugar a unos vientos de Guerra Fría que se están materializando en la mayor militarización europea y global de las últimas décadas. La OTAN insiste en que todo ello tiene como único objetivo fortalecer su defensa colectiva ante Rusia, a la que define como la "mayor amenaza a su estabilidad, paz y seguridad".

Mientras, Moscú alega que este incremento del músculo belicista ahoga la posibilidad de alcanzar una solución por la vía diplomática y es una provocación. "La expansión de la Alianza Atlántica es un factor puramente desestabilizador en la arena internacional. No proporciona seguridad a ellos que la claman ni al resto de países que ven a la OTAN como una amenaza", ha reaccionado Sergei Ryabkov, viceministro de Asuntos Exteriores ruso.

EEUU mantiene la custodia de la seguridad europea

"Estados Unidos fortalecerá su postura en Europa para responder al contexto desafiante de seguridad y para fortalecer nuestra seguridad colectiva", ha asegurado el inquilino de la Casa Blanca a su paso por la capital madrileña. La mayor presencia estadounidense en suelo europeo contrasta con el anhelo de los últimos años en los que Europa se decía dispuesta a soltar la tutela de su hermano mayor para fortalecer su propia seguridad y defensa.

El huracán Trump puso patas arriba la relación transatlántica. El republicano cuestionó a la OTAN –a la que definió como obsoleta y puso en tela de juicio el Artículo 5, la cláusula de defensa mutua colectiva–. Y decretó la retirada de 12.000 soldados estacionados en Alemania. "Los europeos debemos tomar el destino en nuestras propias manos", aseguró la canciller Angela Merkel. La desconfianza transatlántica no concluyó con la marcha del ex mandatario. El acuerdo de submarinos AUKUS, la caótica retirada de Afganistán o la fijación de EEUU con poner a China en la lupa de sus prioridades estratégicas dejaron en Bruselas la reconfirmación de que la UE debía comenzar a ser más independiente de Washington a la hora de mirar y actuar fuera de sus fronteras.

Pero la guerra en Ucrania ha supuesto la reivindicación de que Estados Unidos no ha cedido su sillón como guardián de la seguridad en el Viejo Continente. Es cierto que el bloque comunitario ha dado pequeños pasos sin precedentes en términos de seguridad y defensa, como muestra la financiación y envío de material bélico a un país en guerra por primera vez en su historia. Pero todos esos pasos van en línea con las prioridades estadounidenses, que pasan por priorizar el suministro de material bélico a Kiev para hacer frente a la agresión rusa y debilitar a Vladimir Putin.

La contienda pone a la UE frente al espejo habitual de sus contradicciones y divisiones. Las sanciones contra Rusia son mucho más dañinas para los europeos que para los estadounidenses. El stock de equipamiento militar tampoco tiene comparación. Mientras en el otro lado del Atlántico cuentan con una de las mayores reservas del mundo, Ejércitos como el belga o el alemán advierten de que su capacidad de acción es muy limitada. Además, el anhelo de reducir la dependencia estadounidense no es generalizado. El Este y los Bálticos, que sienten el aliento ruso en su vecindad, siguen apostando por que sea Estados Unidos y no por la UE su gran protector.

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