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Guerra Rusia-Ucrania La artillería rusa golpea Kiev en uno de sus barrios más humildes

El distrito de Obolon, al norte de la capital, amaneció el lunes con el impacto de un proyectil contra un edificio de viviendas en el que murió al menos una persona.

Un militar ucraniano junto al edificio bombardeado este lunes en Obolon, al noreste de la ciudad de Kiev.
Un militar ucraniano junto al edificio bombardeado este lunes en Obolon, al noreste de la ciudad de Kiev. Jairo Vargas

Viktoria llora en silencio, sin moverse ni un centímetro y sin apartar la vista de lo que queda de su casa. Dice que es afortunada, aunque los muebles de su cocina, ya desvencijados, se vean a través del boquete que ha abierto el obús en su fachada. "Mi familia y yo estamos bien. Pero mira esto. Una sola foto no es suficiente para describir el dolor de tantas familias afectadas", asegura.

Los vecinos de este bloque de viviendas de nueve plantas del distrito de Obolon, a escasos diez kilómetros del centro de Kiev, amanecieron con el sobresalto de las bombas rusas cayendo sobre sus hogares. No es la primera vez que la artillería de Putin golpea edificios civiles de la capital, aunque esta ha sido por el momento la única ocasión en la que no había ningún objetivo militar o estratégico alrededor. De hecho, a menos de cien metros a la redonda del impacto solo hay bloques de pisos idénticos al afectado, un instituto y el campo de fútbol adyacente.

Inicialmente se informó de dos víctimas mortales, aunque las autoridades redujeron la cifra a un fallecido al final de la tarde del lunes. Tiene razón Viktoria cuando dice que son afortunados, porque el misil no dio de lleno en ninguna casa; cayó justo en el centro del bloque, en el hueco de la escalera. Viktoria vivía en el primer piso y pudo escapar de las llamas a través de la ventana.

Ahora, como todos los vecinos, se afana en recoger lo poco que han podido salvar. Mete en una maleta ropa y comida hallada entre los escombros, busca su ordenador portátil y piensa a dónde pueden trasladarse en medio de un país en guerra. "Yo nací en esta casa y tengo 40 años", asegura encogiéndose de hombros y llevándose el pañuelo a la nariz, enrojecida por el frío y por el llanto.

Viktoria, de 40 años, llora mientras observa el estado de su vivienda, en un bloque de pisos bombardeado por la artillería rusa en el distrito de Obolon, en las afueras de Kiev.
Viktoria, de 40 años, llora mientras observa el estado de su vivienda, en un bloque de pisos bombardeado por la artillería rusa en el distrito de Obolon, en las afueras de Kiev. Jairo Vargas

No fue el único misil que cayó sobre instalaciones civiles del distrito este lunes. A pocos kilómetros, varios fragmentos de otro proyectil cayeron sobre un edificio después de que fuera interceptado por la defensa antiaérea ucraniana. Las autoridades han confirmado un fallecido y al menos tres personas hospitalizadas.

Según el último balance de la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos, hasta el 13 de marzo han muerto 636 civiles, entre ellos, 46 niños, según las cifras más conservadoras. Solo en la sitiada ciudad de Mariúpol, al sureste del país, han muerto más de 1.300 civiles, según el Gobierno ucraniano.

Parece que la tensa calma que el domingo envolvía la capital solo era un espejismo. El lunes empezó demasiado temprano para los residentes de Kiev, que escucharon a las cuatro de la madrugada las sirenas que indican que hay que ponerse a cubierto. Durante todo el día ha acompañado el rumor lejano de las bombas y la incertidumbre ante la noche se apodera de los ánimos locales.

Pero de momento solo son murmullos, "lejanos", dice Olena, que ha sentido las bombas demasiado cerca. Ella vivía en un piso de la séptima planta y tuvo que ser rescatada por los bomberos. "Estaba en la cama, dormida. De repente noté un gran temblor y vi cómo se iluminaba todo por el fuego. Cuando intenté escapar, las escaleras ya estaban destruidas, no podía salir", asegura.

Pasó momentos de angustia esperando mientras el humo y las llamas le impedían ponerse a salvo. A ella y a los seis perros que le dan compañía y que los equipos de emergencia también han puesto a salvo. "El que no sé dónde está es el gato", dice mientras carga en un camión los tres transportines con sus mascotas hacinadas.

Se irá a la vieja casa de sus padres, en Tetiiv, a 170 kilómetros al sur de Kiev. "Esa zona está tranquila ahora", confía, aunque sus cuatro hijos se quedan en la ciudad. Son parte de las Unidades de Defensa Territorial, voluntarios para combatir, "pero tienen mucha experiencia militar. Todos han pasado varios años en el Ejército", puntualiza.

Un bombero de Kiev durante su intervención en un edificio de viviendas bombardeado este lunes a las afueras de la capital ucraniana.
Un bombero de Kiev durante su intervención en un edificio de viviendas bombardeado este lunes a las afueras de la capital ucraniana. Jairo Vargas

Hoy, al enterarse del bombardeo a la casa de su madre, dos de ellos se han tomado un descanso para cargar el horno y la nevera, todavía intactos, en el camión con el que pondrán a su madre todo lo a salvo que se pueda. Quizás, reconoce la mujer, aún no se había marchado porque sus hijos defendían su ciudad. Ya no tiene alternativa. "Mezquindad", escribe en el traductor del teléfono para resumir su opinión sobre la invasión y los numerosos ataques rusos contra la población civil.

Tras 19 días de guerra, las negociaciones entre Rusia y Ucrania siguen muy lejos de llegar a un alto el fuego temporal. Tan lejos que la última reunión ha sido telemática. Ni siquiera se respetan del todo los corredores humanitarios y los ataques rusos se acercaron el domingo a tan solo 25 kilómetros de la frontera con Polonia, miembro de OTAN.

Fuentes de la Alianza Atlántica temen que un "error de cálculo" por parte de Rusia pueda ocasionar un "incidente" en territorio aliado, según informa El País. Jake Sulliovan, el asesor de seguridad del presidente estadounidense, Joe Biden, aseguró el domingo que responderían "con toda su fuerza" a un ataque ruso a un miembro de la OTAN. Este lunes, el Pentágono rebajaba la tensión al considerar que el ataque a la base militar de Polonia del domingo no supone un punto de inflexión en el conflicto.

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