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Hip hop contra la violencia en San Pedro Sula

San Pedro Sula, segunda ciudad de Honduras, fue considerada la ciudad “más violenta del mundo” entre 2011 y 2014. Ha reducido el número de muertos a la mitad, pero al menos una persona muere de forma violenta cada día. En este contexto surge Warriors Zulu Nation Honduras, un colectivo de hip hop que trata de ofrecer a los jóvenes una alternativa a las pandillas que controlan el territorio.

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El grupo Warriors Zulu Nation Crew reunido.

"Empecé en la música por la necesidad de expresar mi forma de pensar, mi sentir, las necesidades de contar mis historias, lo que vivimos aquí". Kelvin Enamorado, de 28 años, es un tipo que engaña a primera vista. Tienes los ojos rasgados, estatura pequeña y transmite tranquilidad. Parece callado, discreto, de los que no sobresalen en el bulto. Hasta que lo ves en un escenario. Ahí es otra cosa. Ahí se convierte en Shino Rock. Ahí rapea y compite en peleas de gallos y ahí también baila Brraking ("break dance"). Ahí, en el escenario, Kelvin no es alguien que pase desapercibido. Es un tipo que brilla, que se multiplica, que se convierte en un gigante. Viene del sector Chamelecón, una de las barriadas del extrarradio de San Pedro Sula, la segunda ciudad de Honduras, la que durante años se ganó la triste fama de ser la más violenta del mundo. Este es el lugar en el que nace en 2011 Warriors Zulu Nation Honduras, una ONG que trata de ofrecer una alternativa desde la cultura a jóvenes que han nacido condicionados por la pobreza y la violencia.

No es fácil nacer en San Pedro Sula. En 2018 la ciudad estaba en el puesto 26 de las más violentas del mundo según la ONG mexicana Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal (CCSPJP). Diariamente una persona fue asesinada. El porcentaje de muertes violentas ha bajado a la mitad en los últimos cinco años. Aunque la ciudad, y todo el país, sigue enferma de violencia. La Organización Mundial de la Salud califica como "pandemia" si hay más de diez asesinatos por cada 100.000 habitantes. En Honduras, la tasa supera los 40 por cada 100.000. Y eso que ha bajado.

La otra cara de la moneda es la pobreza. Seis de cada diez hondureños son pobres. Esto explica que miles de ellos huyan cada año hacia Estados Unidos. San Pedro Sula se ha convertido también en el epicentro de las caravanas, el éxodo centroamericano que en octubre de 2018 puso en el mapa el drama migratorio de hondureños, guatemaltecos y salvadoreños.

"Nosotros con el break y con el rap y el grafiti queremos brindar otra oportunidad a la juventud. Las oportunidades que hay son las pandillas. Esa es la oportunidad que hay de sentirse importante. Nosotros les brindamos estas formas a través del arte, uno llega a ganarse el respeto", asegura el joven.

Caminamos por una de las calles principales de Chamelecón. Son casitas humildes a las que se accede por caminos de terracería. Esta zona está dominada por el Barrio 18. Se nota por los placazos, las pintadas con las que una de las dos principales pandillas de Centroamérica marca algunas casas vacías. La otra pandilla es la Mara Salvatrucha (MS-13). Ambas estructuras llevan matándose y matando a otros desde que se expandieron desde los Estados Unidos hacia Centroamérica en los años 90 del siglo pasado.

Honduras no se entiende sin estos dos elementos: pobreza y violencia

En Chamelecón, la mayor parte del territorio es de la MS, o las letras, como también se le conoce. No así la pequeña zona por la que caminamos. Aquí todavía mandan los números. Ellos son quienes vaciaron las viviendas abandonadas que dejamos a izquierda y derecha. Llegaron y dieron un ultimátum a sus habitantes: o se marchan o les matan. Ahora de esas casas apenas queda la estructura. Sectores como Chamelecón tienen fronteras perfectamente definidas. Aquí, por ejemplo, es una pequeña placita. Tiene unos columpios y una pequeña zona con hierba y un cartel con dos agujeros de bala. Ni Kelvin ni nadie que resida en esta zona puede atravesar sin permiso la barrera invisible que se levanta entre una pequeña escuelita y una casa abandonada. Si lo hacen, entran en territorio de la MS, los contrarios. Da igual que no sean parte del Barrio 18, que nunca lo hayan sido, incluso que hayan podido ser hostigados por esta estructura. A ojos de las letras, ellos son contrarios, posibles integrantes del ejército rival.

Diez años de violencia tras el golpe de Estado

"Si un pandillero se gana el supuesto respeto, el miedo, con un arma en la mano, nosotros nos ganamos el respeto bailando, rapeando, porque reconocen que tenemos habilidades, destrezas natas", dice Kelvin.

No es fácil vivir en Chamelecón. La última década ha sido especialmente complicada, según el joven. Primero, por el golpe de Estado de 2009. Una asonada que contó con el apoyo de Estados Unidos y que depuso al presidente José Manuel Zelaya. Este se había acercado demasiado al entonces presidente venezolano, Hugo Chávez, y Washington no quiso permitir que la idea bolivariana avanzase en Centroamérica, su patio trasero. A la inestabilidad y la violencia provocadas por los golpistas y las protestas se le sumó una consecuencia directa para gente como Kelvin Enamorado: se acabaron los fondos para el arte. "El golpe de Estado hizo que se cortase la ayuda internacional. Lo primero que hicieron fue eliminar fondos de arte y cultura, que según ellos es lo menos importante", dice.

El golpe de Estado marca también un punto de inflexión para que se disparen los asesinatos. En 2011 Honduras ya es considerado casi un Estado fallido en el que toda banda criminal tiene su acomodo y San Pedro Sula es la ciudad más violenta del mundo. Casi nada.

A Kelvin y sus amigos, que ya habían descubierto el rap, el hip hop, el grafiti y el break, la tragedia les golpea en 2011, cuando el municipio en el que residen comenzaba a ahogarse en sangre. Un chico al que llamaban Bboy NEW, de apenas 15 años y que acababa de empezar a ensayar con ellos, fue asesinado. Lo mató una de las dos pandillas que opera en Chamelecón. Los pandilleros, chicos igual de pobres y de la misma edad que la víctima, creían que ese grupo de jóvenes que se reunía para bailar y cantar podía organizar otra estructura diferente en su propio territorio. La otra pandilla, la que está enfrentada a esta, creía que los chavales eran integrantes de la estructura rival.

Un rapero del grupo.

Y eso que ellos solo querían hacer hip hop, pero las colonias controladas por las pandillas están llenas de reglas que uno debe conocer si quiere sobrevivir.

Nótese que no se dice qué pandilla hizo o pensó qué. Mejor dejar las cosas como están. Sobre pandillas uno escribe lo que puede porque un malentendido puede costar vidas.

"Fue un momento de quiebre, hubo un antes y un después", dice Enamorado. "Antes pensábamos mas en pasarla bien con amigos, disfrutar, nos llamaba la atención que fuese una cultura y que tuviera una filosofía, una forma de vida, pero después de eso nosotros hablamos seriamente. Teníamos dos opciones: desintegrar el grupo o seguir adelante", recuerda.

Ahí es cuando el grupo decide convertir el arte en una forma de vida. Y tratar de enganchar a otros jóvenes como ellos. Actualmente son 20 integrantes. Ofrecen conciertos, talleres, espectáculos. Son una alternativa a una violencia que sigue marcando el día a día en San Pedro Sula.

Para poder actuar, reunirse, ensayar, tuvieron que conseguir un permiso. El del tipo que en aquellos tiempos mandaba en la pandilla de su sector. Dice Kelvin que se reunieron con él y le explicaron que no eran una amenaza. El otro lo comprendió. Incluso les dijo que le gustaba su música. No habría problemas, aunque con una advertencia: "No traigan a gente extraña. De eso no respondo".

Definitivamente, es complicado nacer y vivir en Chamelecón y en San Pedro Sula.
Pregunto a Kelvin cuál fue el momento más feliz que ha vivido gracias a su arte. No fue un triunfo en una pelea de gallos, ni un show especialmente exitoso.

"El momento más bonito que he vivido es que gracias al break, al rap, al grafiti y a este trabajo en las comunidades tuve la oportunidad de ver a mi mama, que vive como ilegal en Estados Unidos desde hace 15 años", dice.

Un joven que pasa la mayor parte de su vida sin su madre, migrante en Estados Unidos, no es una anomalía en Centroamérica. Hay muchos Kelvins cuyas madres se ven obligadas a dejar la casa para buscar un futuro mejor. Hay Kelvins que no tienen tanta suerte de ser invitados a un evento al otro lado de la frontera y poder pasar un tiempo con su madre.

"Tenía 15 años de no verla. Gracias a esto salió un viaje de intercambio a Estados Unidos y tuve la oportunidad de estar un mes con mi mamá. Y todo eso gracias al hip hop. Es como uno de los mejores momentos de mi vida", afirma.

Por ese momento (y por aquella vez en la que conoció a su pareja, también en un evento de hip hop) todo había merecido la pena. "Antes de eso pasé muchos momentos bien duros, momentos en los que estuve a punto de perder de la vida. Pensaba, pucha, estos me van a matar y no voy a poder ver a mi mamá", dice.

Su objetivo ahora es seguir adelante con Warriors Zulu Nation Crew. Una tarea que no siempre es fácil por la falta de recursos. El joven, sin embargo, es optimista. "El hip hop puede ser muchas cosas para mucha gente, pero para mí, significa vida", resume.

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