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Premio Nansen América 2019 La salvadoreña trans Bianka Rodríguez: "La comunidad LGTBI sufre violencia y rechazo"

La activista es la ganadora del Premio Nansen 2019 por América, entregado por la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) como reconocimiento a su defensa de los derechos de las personas LGBTI desplazadas. 

Fotografía de la activista salvadoreña Bianka Rodríguez durante la entrevista en San Salvador (El Salvador). / EFE (Rodrigo Sura)

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La activista trans salvadoreña Bianka Rodríguez, de 26 años, es la ganadora regional por las Américas del Premio Nansen 2019, entregado por la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) como un reconocimiento por su trabajo con personas LGTBI afectadas por el fenómeno del desplazamiento forzado a causa de la violencia y otros factores.

La activista, cuya madre fue víctima de violencia de género, es la directora de la Asociación Comunicando y Capacitando Trans (COMCAVIS-TRANS), entidad que brinda asistencia y apoyo a las personas que, como en su caso, huyeron de sus comunidades de origen por diversas razones, entre estas el maltrato familiar o la violencia generada por las pandillas. 

A los seis años, la salvadoreña quedó huérfana de papá y a los quince años huyó de su casa en busca de un mejor futuro, de superación y felicidad, pero tuvo que superar múltiples obstáculos, según comenta. 

La activista es la directora de COMCAVIS-TRANS, entidad que brinda apoyo a las personas que tienen que huir de sus comunidades 

Trabajó entonces en una panadería donde la explotaban laboralmente, sufrió discriminación en la universidad y en los lugares a donde fue a solicitar empleo, señala. 

Sin embargo, una puerta se abrió para la activista al llegar a COMCAVIS-TRANS donde la exdirectora de la ONG Karla Avelar, refugiada en Irlanda por amenazas de muerte, le brindó apoyo. 

¿Qué significa para usted el reconocimiento de ACNUR?

Quiero enfatizar en que este reconocimiento no es únicamente mío, sino que es para todo el equipo de trabajo que ha estado en constante apoyo conmigo y que hemos llevado esta labor de asistencia humanitaria y de ayuda a las personas más desprotegidas que se han visto obligadas a desplazarse forzosamente. 

El premio fortalece mi lucha en defensa de estas personas y es un reconocimiento a la labor que un defensor o defensora de derechos humanos realiza con el fin de generar un país más inclusivo, donde las desigualdades desaparezcan.  

Mi lucha como defensora de la población LGTBI es "visibilizar" la situación que enfrentan estas personas, en especial las mujeres y hombres trans que carecemos de una ley de identidad de género que permita que nuestro cambio de nombre, sexo y género se vea reflejado en el documento de identificación personal, ya que al no ser así se nos limita el acceso y goce de los derechos fundamentales que todo ser humano tiene. 

¿Cuál es la mayor preocupación que enfrenta?

Creo que para mí y para todas las personas trans en el país la mayor preocupación es que la Asamblea Legislativa aún no aprueba la ley de identidad de género, cuyo estudio lleva más de un año

¿Cuál es su principal reto?

Creo que es seguir exigiendo los derechos que nos pertenecen y que reclamamos bajo una legitimidad propia ya que históricamente se nos han vulnerado los derechos en El Salvador. La comunidad LGTBI sufre violencia, discriminación, rechazo y exclusión, y a eso se suma que no existe una protección jurídica de parte del Estado salvadoreño. 

¿Cómo ve el panorama en El Salvador?

A pesar de que ha habido diferencia con el nuevo Gobierno y retrocesos, esperamos entablar una comunicación más productiva (con el Ejecutivo) para seguir trabajando en pro de la defensa de los derechos humanos de las personas LGBTI. 

De aquí a unos años espero que ya exista una ley de identidad de género, una ley de no discriminación por motivos de orientación sexual o identidad de genero y que exista una ley que proteja la labor de los defensores de derechos humanos, una deuda que tiene el Estado salvadoreño. 

¿Es posible un cambio en El Salvador?

Sí, es posible. La sociedad, por ejemplo, sí está empapada del tema de la comunidad LGTBI porque día con día las personas LGTBI conviven con la sociedad. Lo que existe es desinterés político de los tomadores de decisiones, ya sean los diputados, el Ejecutivo o la Corte Suprema de Justicia. 

Nuestro objetivo es trabajar para que El Salvador sea laico, para que las luchas de las personas LGTBI no sean solamente del movimiento social, sino del nuevo Gobierno y de todo el Estado salvadoreño. Las luchas no solo deben de ser lideradas por la sociedad civil, deben de estar acompañadas de actores naciones, internacionales y figuras públicas que incidan en la verdadera garantía de derechos humanos.  

Hay mucha esperanza y el movimiento social no se va a quedar, no va a retroceder ni dará paso atrás. 

¿Cuáles son sus proyecciones?

Mis proyecciones como defensora de derechos humanos son proteger no solo a la comunidad LGTBI, sino a la población en general. Luchar por el reconocimiento de nuestros derechos y los de los demás, porque las luchas son interseccionales y el denominarme defensora de derechos humanos implica que tengo que defender todas las luchas en el país. 

Como defensora trato de transmitir la realidad que me tocó a mí. La exclusión de mi familia, el rechazo que sufrí de la sociedad, la discriminación y la dificultad de acceder a un trabajo digno aunque tenía la capacidades. 

El hecho de que una mujer trans gane un premio o reconocimiento causa molestia en algunos actores de la sociedad, pero deja marcado que la lucha de las personas LGTBI está en la palestra.