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La presión migratoria en la frontera oriental de la UE amenaza con provocar una crisis geopolítica y una catástrofe humanitaria

Miles de personas procedentes de Iraq, Afganistán o Siria se acumulan en la frontera entre Polonia y Bielorrusia. Quieren cruzar dicha muga en búsqueda de una vida mejor en Alemania y otros destinos de la UE. Su aparición allí no es casual, pero las consecuencias son impredecibles.

Migrantes que se acercan a una valla reforzada con alambre de púas cerca de su campamento en la frontera entre Bielorrusia y Polonia en la región de Grodno, Bielorrusia, el 10 de noviembre de 2021 .
Migrantes que se acercan a una valla reforzada con alambre de púas cerca de su campamento en la frontera entre Bielorrusia y Polonia en la región de Grodno, Bielorrusia, el 10 de noviembre de 2021 . LEONID SCHEGLOV/BELTA HANDOUT / EFE

En la frontera de la Unión Europea se está desarrollando una crisis humanitaria otra vez. En esta ocasión el centro de operaciones es la frontera oriental, concretamente la que separa Polonia, estado miembro de la UE, y Bielorrusia, país que forma una cada vez más férrea alianza con Rusia. Miles de personas, procedentes según sus propio testimonios de Iraq, Afganistán o Siria, se agolpan en los bosques bielorrusos buscando la posibilidad de cruzar hacia Polonia. Mientras Varsovia ha desplazado a miles de efectivos a esa frontera para bloquear dicha entrada. Esta situación amenaza con escalar a una crisis mayor con unas consecuencias impredecibles.

Pocos dudan de que Lukashenko está intentando repetir la táctica de Erdogan para volver a ser un interlocutor aceptable. Tras el fraude en las elecciones presidenciales de 2020 y la dura represión posterior contra la sociedad bielorrusa, Lukashneko volvió a ser el "último dictador de Europa" como lo habían llamado a finales de los años noventa del siglo pasado. Ello ha empujado a Minsk a los brazos, u abrazo del oso, de Moscú. Sin embargo, Lukashneko sigue teniendo libertad para actuar a su antojo en ciertos temas. Por ello desde hace meses las autoridades bielorrusas facilitan visados a personas procedentes de Oriente Medio, y una vez en su territorio los animan, y según algunos testimonios obligan a dirigirse a la frontera con la UE para intentar cruzarla por los bosques

En total en los bosques cercanos a la frontera hay entre 1,5 mil personas, según los medios estatales bielorrusos, y 3-4 mil en la frontera y un total de 10 mil migrantes en toda Bielorrusia según el gobierno polaco. Son de diferentes nacionalidades, aunque predominantemente kurdos. Entre ellos hay mujeres, niños y adolescentes, aun que la mayoría son hombres jóvenes. Su objetivo, como declaran a cámara y publican en redes sociales, es llegar a Alemania, mientras que Polonia es solo un lugar de paso.

Empezaron a llegar a Bielorrusia e intentar cruzar en agosto, y desde entonce su número ha ido en aumento. Además mientras que hasta la llegada del frío podían pernoctar sin demasiados problemas en los bosques con material ligero para acampar, ahora la situación es mucho más difícil y suceden casos de hipotermia entre ellos. Dado que en las próximas semanas las temperaturas seguirán diminuyendo con posibilidades de bajar del 0 incluso de día, la vida de esas personas puede estar bajo amenaza directa.

Militarización de la crisis

Por su lado Polonia ha desplazado a la frontera ya a 15 mil militares y varios miles más de policías, servicios de emergencias y voluntarios de índole patriótica que deben entre todos impedir la entrada de migrantes en territorio polaco. Además desde hace meses lleva a cabo un esfuerzo técnico para fortalecer la frontera mediante la colocación de vallas, alambradas y el uso de cámaras, drones y patrullas constantes. Unas medidas legitimas, que por otro lado despiertan la preocupación por una posible escalada bélica en caso de que alguno de los lados utilice fuego real que alcance a militares en el otro lado de la frontera. Polonia es miembro de la OTAN, mientras que Bielorrusia forma parte de una alianza militar con Rusia.

Polonia ha desplazado a la frontera ya a 15 mil militares y varios miles más de policías para impedir la entrada de migrantes

La OTAN tiene una fuerte presencia militar en la región con varias brigadas multinacionales entre Polonia y los Países Bálticos, sin embargo dichas unidades parecen poco indicadas para actuar en una crisis migratoria. Lo mismo pasa con el otro bando. Rusia, que no tiene bases militares propias en suelo bielorruso, sí le ha mostrado apoyo. El 10 de noviembre bombarderos estratégicos rusos Tu-22M3 volaron demostrativamente cerca de la frontera occidental bielorrusa escoltados por cazas bielorrusos.

Desde Minsk se habla de que Polonia puede utilizar el pretexto de la crisis para organizar provocaciones con el uso de la fuerza para acusar de las posibles consecuencias al régimen de Lukashenko. Mientras que otras voces como la del opositor bielorruso Pavel Latushko, quien fuera embajador en Francia y Polonia y ministro de exteriores, propone posibilidades incluso más rebuscadas. Latushko habla, basándose en fuentes propias en las altas esferas bielorrusas, de que ex militares de Iraq y Afganistán han sido entrenados por los servicios secretos bielorrusos y rusos para penetrar en Polonia y así provocar una crisis que socave la unidad de a la UE frente a Minsk y Moscú.

Problemática para informar

Toda esta situación se junta con la problemática de informar sobre el terreno sobre lo que realmente sucede. Así el gobierno polaco ha declarado zona de militarizada la frontera e impide, o lo intenta, el acceso a este área. Dándose situaciones tan rocambolescamente como cuenta un local B.Z., quien ha pasado por la zona haciendo ciclismo sin problemas, mientras que la prensa no tiene acceso. Algo peor sucede en el lado bielorruso, dónde la libertad de prensa es a día de hoy inexistente y los reporteros extranjeros de países de la UE no pueden trabajar. Ello le da la posibilidad a ambas partes de crear un vacío de información de lo que realmente está sucediendo en el área. Algo que junto a la militarización de la crisis no augura nada bueno, especialmente para las personas atrapadas en los bosques a miles de kilómetros de sus casos como rehenes de juegos geopolíticos.

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