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Straw contradice a Blair ante la comisión de Irak

El ministro deja clara la división interna de los laboristas

IÑIGO SÁENZ DE UGARTE

Las divisiones internas en el Gobierno de Tony Blair y el Partido Laborista quedaron ayer patentes en la declaración del ministro de Justicia, Jack Straw, ante la comisión de investigación de la guerra de Irak. La participación de Reino Unido en la invasión estuvo pendiente de un hilo que, según Straw, él mismo podría haber roto si se hubiera opuesto a apoyar a EEUU en la acción militar.

El hecho más llamativo de su declaración es que reconoció que nunca habría aceptado que el objetivo principal de la guerra fuera el derrocamiento del dictador iraquí Sadam Hussein: "El objetivo del cambio de régimen hubiera sido inapropiado y evidentemente ilegal. No tenía posibilidades de ser aceptado en Reino Unido y desde luego no habría tenido mi apoyo", explicó Straw, que era entonces ministro de Exteriores.

Straw nunca habría aceptado la invasión sólo para derrocar a Sadam

Sin embargo, Blair dijo en diciembre de 2009 que habría ordenado la invasión incluso si hubiera sabido que el régimen de Sadam Hussein no contaba con armas de destrucción masiva. Y el ex portavoz de Blair, Alastair Campbell, reveló en la comisión que en sus cartas a George Bush el primer ministro comprometió ya en el verano de 2002 el apoyo a una acción militar si Sadam no aceptaba el desarme.

Straw nunca lo tuvo tan claro, pero al final dio su aprobación, que resultó decisiva para que los diputados laboristas apoyaran la guerra. Sin su voto, "no habría habido mayoría ni en el Gobierno ni en la Cámara de los Comunes".

Asegura que si él no la hubiera apoyado el Gobierno habría rechazado la guerra

Sin embargo, y pese a la importancia que Straw dio al arsenal prohibido iraquí que luego resultó que no existía, el ministro admitió que la información de los servicios de inteligencia sobre Irak era "desigual y esporádica".

Eso no es lo que el Gobierno de Blair comunicó a los británicos al difundir su informe sobre lo que sabía del arsenal iraquí. En el prólogo, se decía que la existencia del programa iraquí de armas de destrucción masiva estaba probada "más allá de toda duda".

Straw no negó que tuvo que tomar la decisión más difícil de toda su carrera política y que no fue apoyada por muchos de sus compañeros de partido y sus votantes.

En su declaración, intentó defenderse con argumentos muy discutibles. Llegó a decir que una segunda resolución de la ONU, bloqueada por Francia en marzo de 2003, hubiera podido retrasar la opción militar, algo improbable con 200.000 soldados ya preparados para atacar.

Días antes del ataque, Straw propuso a Blair que se buscaran alternativas a la invasión. Ante la comisión, se negó a explicar cuál había sido la respuesta del primer ministro. Tendrán que preguntárselo a él, dijo. Dio la misma contestación a una pregunta sobre las opiniones del entonces ministro Robin Cook, a pesar de que este falleció en 2005.

El Gobierno de Gordon Brown asegura una y otra vez que la mayor amenaza contra la seguridad del país se encuentra en la zona fronteriza entre Afganistán y Pakistán, y que eso justifica la presencia de las tropas británicas. Sin embargo, a la hora de hacer números las prioridades no están claras.  Ayer se supo que el Foreign Office ha tenido que recortar en 126 millones de euros los programas antiterroristas que se llevan a cabo en Pakistán a causa de la depreciación de la libra esterlina. Para reducir costes, desde 2007 no está en vigor un mecanismo por el que esos programas recibían automáticamente más fondos cuando la libra veía bajar su cotización. Los conservadores acusan al Gobierno de negligencia por permitir que la lucha antiterrorista dependa de la evolución del mercado de divisas.

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