Opinión
Fernando Reinlein: militar y periodista

Por Fidel Gómez Rosa
Autor de Capitanes de la Democracia
Hoy despedimos a Fernando Reinlein, nuestro presidente de la Asociación-Foro Milicia y Democracia (FMD), pero sobre todo nuestro amigo y compañero. En atención a sus méritos, sin riesgo de afectación, ni de ampulosidad alguna, podemos decir que, con su desaparición, se marcha otro protagonista vivo de una página de la Historia de España, escrita por un pequeño colectivo de militares que, cuando se presentó la ocasión, acreditaron notoriamente su valor en sus Hojas de Servicios.
La Unión Militar Democrática (UMD) se ha había fundado en Barcelona, en una reunión de doce oficiales del Ejército de Tierra, celebrada el 1 de septiembre de 1974 en casa del comandante de Artillería Guillermo Reinlein, y unos meses después convocaba su primera asamblea en Madrid, en una parroquia de San Blas con apoyo de su cura obrero. El capitán Fernando Reinlein, entonces destinado como profesor en la Academia de Infantería de Toledo, fue a recibir a su hermano Guillermo a la estación de Chamartín, que junto con el capitán Enrique López-Amor, venían como delegados a la asamblea.
En la conversación sobre la situación política, aunque supuestamente ambos oficiales venían a Madrid por estrictas razones oficiales, Fernando coligió de lo que se trataba y le preguntó escuetamente a su hermano: ¿Es contra Franco? Me apunto. Así pasó el joven capitán Reinlein del ardor guerrero —paracaidista y caballero legionario, algo que siempre ha tenido en muy alta estima— a la militancia antifranquista. Luego vinieron siete meses de intensa actividad de captación de otros compañeros para la UMD, aunque primero tuvo que captarse a sí mismo y “aprender si democracia se escribía con h o sin h”. El 29 de julio de 1975, a las seis de la mañana, se presentó en su domicilio una comisión militar con una orden de registro y detención. Al despedirse de su esposa Antonia, le dijo: “lo he hecho por España”.
El capitán Reinlein, el más joven de los 9 arrestados, comenzó junto a sus compañeros un peregrinaje por prisiones provisionales, atrás quedaban las familias desasistidas e intimidadas en los bloques de viviendas militares: Escuela de Estado Mayor (actual CESEDEN), distribuidos en acuartelamientos del área de Madrid (a él le tocó Getafe), concentrados en la Escuela de Sanidad de Carabanchel (donde se tomó en un descuido la histórica foto en las escaleras), concentrados en la Academia de Ingenieros en Hoyo de Manzanares, trasladados de nuevo a diferentes penales militares en prisión preventiva (a él le tocó el castillo de La Palma en El Ferrol), reunidos de nuevo en Hoyo para afrontar el juicio oral del Consejo de Guerra (donde los miembros de las comisiones militares pedían a gritos que les quitaran allí mismo las estrellas de su empleo por traidores) y, tras la condena, enviado ya sin uniforme, por aplicación de la pena de separación del servicio, a la prisión militar del castillo de San Julián en Cartagena.
Aplicados los beneficios del indulto de la proclamación del rey, el día 22 de julio de 1976 recobra la libertad tras extinguir la pena de cuatro años de prisión. Durante su estancia en la cárcel, en previsión de cualquier eventualidad que pudiera acontecerle, porque el riesgo por su vida siempre estuvo presente, escribe una larga carta a su hijo Fernando, entonces de seis años de edad, en la que relata, con admirable templanza y firmeza, la circunstancia vital por la que está pasando. La carta queda en custodia del padrino de su hijo primogénito con instrucción de entregársela cuando alcanzara la mayoría de edad, a fin de que pudiera tener un testimonio directo de sus razones y sentimientos, con los que formarse una opinión sobre los hechos.
La carta relata la tradición militar de la familia en la que ha sido educado, su dura escuela de vida en el colegio de huérfanos y el ingreso en la Academia General Militar, percibida como una simple continuación del régimen disciplinario de su infancia. Reflexiona sobre la evolución de su pensamiento, que está marcada por el contraste entre los elevados valores inculcados en la Academia y la realidad prosaica de las unidades, y cómo la lectura del ideario de la UMD le devuelve el sentido recto de vestir el uniforme. Consciente de su obligación de apoyar el cambio político mediante la concienciación democrática de sus compañeros, recabó el apoyo de su mujer Antonia para comprometerse en una situación delicada y peligrosa para la familia.
En la carta se reivindica la dignidad y limpieza de intenciones del grupo de condenados por sus ideas democráticas. Es firme la convicción de resistir con entereza la represión y la farsa de un juicio plagado de irregularidades y sin defensa jurídica. También la de rechazar las proposiciones despreciables que recibieron para desdecirse de sus ideas y pedir la baja voluntaria en el Ejército para quedar en libertad antes del juicio. Así entendían los mandos de la época el honor y el patriotismo. No era fácil distinguirse en aquella masa acrítica e indiferente a los problemas del país que conformaban sus compañeros, pero los oficiales de la UMD lo lograron, resueltos a afrontar con sacrificio y responsabilidad las consecuencias.
Fernando Reinlein se encontró de pronto sin poder ejercer su profesión, aquello para lo que se había preparado y lo único que creía que sabía hacer. Sin embargo, con un coraje y talento considerable, en poco tiempo se convirtió en un profesional destacado del grupo Cambio16. Centrado en la información militar, su labor fue decisiva para denunciar y desactivar los movimientos involucionistas. Cuando fue rehabilitado en su empleo militar en 1986, diez años después de la expulsión del Ejército y sin posibilidad real de retomar la carrera militar, el comandante Reinlein pasó “voluntariamente” a la reserva, y continuó su desempeño profesional hasta llegar a la dirección del periódico. En 2003, junto con el coronel Luis Otero y el teniente coronel Rafael Tejero, también ya desaparecidos, fundaron el FMD para reivindicar la memoria de los militares demócratas y seguir defendiendo los valores constitucionales en las fuerzas armadas.
La labor de memoria y reivindicación de los militares demócratas llevada a cabo por Fernando Reinlein fue decisiva para conseguir el reconocimiento oficial de la UMD. Pasaron más de treinta años, en los que hubo algunos intentos fallidos, hasta que el Gobierno, cumpliendo un mandato parlamentario, aprobó el 4 de diciembre de 2009 una Declaración Institucional de reconocimiento a los militares de la UMD en el proceso democrático. El 10 de febrero de 2010, el teniente coronel Reinlein, vestido de uniforme por encontrarse todavía en situación de reserva, tuvo el honor de contestar a las palabras de la ministra Carme Chacón, en presencia del jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), General del Aire Julio Rodríguez: “pertenecer a la UMD ya no es un baldón, ahora es un mérito”. Mucho tuvo que ver Fernando con que fuera posible este homenaje debido. En 2022, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, le entregó un diploma que le acredita como víctima de la dictadura franquista.
Querido amigo Fernando con quién voy yo a debatir ahora sobre las cosas de la vida, del presente y del pasado. Que te sea leve el tránsito y aquí te recordaremos siempre.
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