Opinión
'Si me queréis, irse': lo del PSOE y Sumar

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
-Actualizado a
Hay práctica coincidencia en el PSOE a la hora de admitir que, ante su debilidad parlamentaria, Pedro Sánchez lo está fiando casi todo al papel del Gobierno de España en el panorama internacional como ariete más explícito dentro de la inane UE contra Donald Trump y sus rémoras, esto es, los gobiernos y partidos de ultraderecha que se desparraman por Europa como el chapapote en las playas: arrasando con lo que tocan. El mensaje del presidente del Gobierno, por elevación, es el que parece: lo mismo que hace la Casa Blanca con la inmigración y la fuerza asesina del ICE en EE.UU., con Venezuela o con Groenlandia -ergo, Dinamarca; ergo, la UE; ergo, la OTAN, lo mismo da- lo hará una Moncloa ocupada por un Alberto Núñez Feijóo sometido al chico de los recados de Trump en España, Santiago Abascal: tanta bandera rojigualda en los calzoncillos para acabar trabajando por Estados Unidos en contra de los intereses de la misma España.
El apoyo a la democracia exige una oposición pública y rotunda a las políticas de la Casa Blanca, nada que objetar al respecto, salvo los agujeros negros de la política exterior española que resume perfectamente Miquel Ramos en este artículo en Público... sobre la vivienda y el definitivo suicidio socialdemócrata del PSOE: políticas redistributivas y beneficios fiscales a los propietarios de pisos en plena emergencia habitacional constituyen un oxímoron difícil de digerir, se anuncien ahora o hace un año, por cierto. Da igual que Sánchez justifique esta medida, precisamente, por la urgencia para que no sigan subiendo obscenamente los alquileres: ni las más legas en la materia compran un argumento de tamaña ingenuidad frente a la insaciabilidad ilimitada de este mercado.
Se entiende, por tanto, la impotencia de la otra pata (patita) de la coalición de Gobierno, Sumar, pero también la de los socios de investidura a la izquierda del PSOE, Bildu o ERC. El suicidio definitivo de la socialdemocracia española no se produce hoy por sus reverencias monárquico-parlamentarias o sus circunvalaciones llenas de baches para evitar el Estado laico, sino por la considerable bolsa de votos que suponen los propietarios de vivienda para el PSOE en época de sequía electoral, y no nos referimos a los fondos de inversión, al crimen organizado y/o a las grandes fortunas de las golden visa madrileñas, sobre todo.
¿Es un artículo en El País firmado por la vicepresidenta segunda y los/as ministras de Sumar una forma efectiva de presionar al Gobierno que integras para que cambie sus políticas de vivienda o es una muestra de desesperación palmaria? ¿Cómo es posible que el presidente Sánchez presentara por segundo año consecutivo unas políticas de vivienda sin informar, al menos, a su socio de Gobierno de lo que iba a hacer? Y ya puestas, ¿ha perdonado el jefe del Ejecutivo a su vicepresidenta Díaz que pidiera públicamente cambios en el Gobierno tras destaparse la inacción del PSOE con el caso Salazar de supuestos acosos sexuales y los que vinieron a continuación? ¿Y exigir la dimisión -reculando después- de la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, por anunciar un teléfono público de asesoramiento muy loable si funcionara? ¿Pero es coherente pertenecer a un Consejo de Ministros pidiendo la dimisión de parte de ese órgano colegiado o es un grito de auxilio en toda regla porque te quieres ir, pero no sabes adónde ni con quién? ¿Hay que retirar ya mismo las condecoraciones del Gobierno al presunto epstein patrio, Julio Iglesias, como busca Sumar (Cultura) o hay que esperar a cómo se desenvuelva judicialmente el caso, como predica el PSOE (Igualdad)? ¿Es mejor dar un puñetazo encima de la mesa del citado Consejo y largarse del Gobierno o es mejor quedarse sentada dando bandazos porque ahí fuera hace mucho frío y la desunión (re)mata a la izquierda en plena apertura de periodo electoral contra el monstruo global fascista? Nos dicen cuando puedan.
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